Cómo el circo se equilibra en la cuerda floja

En Septiembre de 2010 se instalaron más de 60 circos en Santiago. En 2015, la cifra bajó a 30. La escasez de terrenos y la falta de protección y fomento del patrimonio cultural por parte de los municipios, hace que el circo esté siendo paulatinamente marginado de la capital. La venta del simbólico terreno de Alameda con General Velazquez es un reflejo de esta situación.  

En 2015 la última esquina que quedaba para el arriendo de los circos, fue vendida a la inmobiliaria SuKsa que pagó US$11,2 millones. El circo “Los Tachuelas” quiso despedir el simbólico lugar. Foto: NICA.

El “Tachuela Grande” observa detrás del telón, con su metro ochenta de estatura cómo se llenan las graderías de su circo “Los Tachuelas” antes de empezar el show. “Vamos, que empiece la última función”, dice Joaquín Gastón Maluenda, antes de desaparecer al fondo de la carpa.

Diez minutos después, el hombre corpulento ahora se encuentra iluminado por dos focos que intervienen en la oscuridad del lugar. Luce un traje negro y pechera de hilos plateados.

“Sean todos bienvenidos a la magia inmortal del circo más popular de Chile. Ustedes son un público muy privilegiado: van a presenciar la última función del circo Los Tachuelas en Alameda con General Velázquez. Cuéntenles a sus familias que estuvieron en este terreno tan simbólico para el circo chileno que próximamente se llenará de edificios”.

Es 1 de noviembre y aunque el “Tachuela Grande” sabe que no volverá a presentar una función en ese lugar, con una sonrisa anuncia a cada uno de los artistas nacionales e internacionales de atuendos cargados de lentejuelas, plumas, pelucas, brillos y colores que se pasean por la pista circular.

En el escenario hay miembros de la quinta, sexta y séptima generación de la familia Maluenda y el público aplaude enérgicamente a niños acróbatas y payasos que, entre cuatro y cuarenta años, se disponen para comenzar la función.

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"Los Tachuelas" es considerado como el circo más famoso de Chile. Su dueño Joaquín Gastón Maluenda forma parte de la quinta generación de cirqueros. En la foto figuran todos los artistas que conforman el circo.
“Los Tachuelas” es considerado como el circo más famoso de Chile. Su dueño Joaquín Gastón Maluenda forma parte de la quinta generación de cirqueros. En la foto figuran todos los artistas que conforman el circo. Foto: circo.cl

Después de ocupar 35 años ese enorme espacio catalogado como el “Óscar circense” y que para el circo significaba “alcanzar la gloria y status”, ya no podrán instalarse más.

A partir de 1982 los circos se instalaron en las cuatro esquinas de Alameda con General Velázquez. Carpas extranjeras y chilenas presentaron sus shows a más de 100.000 visitantes que llenaban las tres funciones del día, todo el mes de septiembre.

Desde entonces pasó a ser el barrio de la entretención Dieciochera por excelencia con cinco a seis compañías diferentes.

 

En la década de los ochenta, hasta seis circos se instalaban en las cuatro esquinas de Alameda con General Velázquez. En la actualidad, la última esquina fue vendida para desarrollar un proyecto inmobiliario.
En la década de los ochenta, hasta seis circos se instalaban en las cuatro esquinas de Alameda con General Velázquez. En la actualidad, la última esquina fue vendida para desarrollar un proyecto inmobiliario. Foto: archivo.

Pero en 2015 el terreno de 6.192 metros cuadrados que pertenecía a Inversiones La Construcción (ILC, un brazo de la Cámara Chilena de la Construcción), fue licitado y vendido a la Inmobiliaria SuKsa en agosto. Pagó un valor inédito para la comuna: 50 UF por metro cuadrado (hace dos años se pagó 30 UF por metro cuadrado por un terreno similar en la comuna).

Allí caben áreas de esparcimiento y además sectores comerciales y edificios residenciales. Forma parte del boom inmobiliario que vive la comuna, pero que afecta no solo a los circos sino también a los vecinos que viven en casas de uno a dos pisos (ver recuadro).

El 5 de Septiembre de 2015 llegaron al paño circense 15 camiones, 25 casas rodantes y 120 trabajadores. El Circo “Los Tachuelas”, considerado el más famoso de Chile, quiso marcar presencia en la temporada final de ese lugar.

Cuando termina la función, Maluenda se quita la pechera del  “Tachuela Grande” y pasa a ser el empresario que usa camisas estilo guayaberas floreadas y cuatro anillos de oro heredados de su padre. “En 1987 estuvimos aquí por primera vez compitiendo con ‘Los Delfines de Miami’. Ahí se empezó a transformar el lugar en el símbolo del circo de Chile”, relata sobre la historia del terreno.

Tan cierto es que la investigadora y autora del libro “Años de Circo”, Pilar Ducci, cuenta que una compañía llegó a pagar por el terreno 52 millones de pesos de arriendo, solo por el mes de septiembre de 2014. El mismo en que, hasta noviembre de 2015, estuvo la enorme carpa amarilla con fucsia, luces de colores y pantallas LED promocionando al King Kong gigante y al hombre bala del circo de “Los Tachuelas”.

“Nos va a pasar como en Perú que los circos fueron empujados lejos de la ciudad porque en el centro no hay espacio”, lamenta el payaso Chasquillita quien, a los 71 años, sigue trabajando en “Los Tachuelas”.

En la actualidad los circos tienen menos opciones para poder arrendar un lugar. De los treinta y un municipios que conforman la provincia de Santiago, potencialmente, logran instalarse solo en cinco. “Podemos trabajar principalmente en los malls de Huechuraba, La Florida, Peñalolén, Maipú y San Bernardo”, dice el dueño del circo “Golden” Mario Aguirre.

Joaquín Maluenda no está dispuesto a jubilar. Asegura que el circo va a continuar existiendo porque “se cierre aquí o se cierren los malls tenemos que seguir viviendo. En ningún momento sentimos que hasta aquí llegó el circo”, dice.

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Cuando una función termina se apagan las luces, la pista queda vacía y ya no se escuchan los aplausos y las risas de niños que disfrutaron dos horas y media de show. Detrás de la carpa, la vida del circense sigue: armar, desarmar, viajar, volver a armar y desarmar, entre Arica y Punta Arenas.

Conseguir un terreno particular o municipal por la escasez que ya existe en las ciudades es difícil para los cirqueros que tramitan el arriendo con un año de anticipación. Luego viene la parte engorrosa como manifiestan los empresarios del rubro. Con por lo menos tres meses de anticipación, se inicia una procesión de trámites y lobby con las entidades comunales.

Los requisitos varían de una alcaldía a otra. Todo depende de las ordenanzas y voluntad de las autoridades. Cuando arriendan un terreno privado deben ir a la Oficina de Partes del municipio para presentar como mínimo cinco documentos: contrato de arriendo, seguro de terceros, firma de un arquitecto que avale la seguridad, certificado de prevención de riesgo, de Chilectra y de los extintores y baños.

Si los documentos son aprobados, pasan al Departamento de Obras que, según los circenses, define el proceso:

“Algunas comunas no tienen dentro de sus ordenanzas el funcionamiento de un circo, eso nos complica, porque queda al criterio del Director de Obras si podemos instalarnos”, dice el dueño del circo “Golden”.

Aguirre alega que en La Florida incluso se le cobró un permiso de construcción. “Clasificaron al circo como si se tratara de un edifico. Tuvimos que pagar permiso de edificación, el arriendo del terreno a CENCOSUD (diez millones de pesos al mes) y la municipalidad nos cobró por el uso de suelo a pesar de que se trataba de un terreno privado ($8.000 pesos aproximadamente por metro cuadrado)”, cuenta.

En el intertanto que la solicitud para funcionar se aprueba, el circo ya se fue, explican los cirqueros. “Yo una vez presenté los documentos en marzo  para trabajar en julio y la mitad de agosto. Nunca obtuve la autorización, trabajé y me fui. En enero me llamaron para decirme que estaba lista la patente”, relata con ironía Mario Aguirre.

En invierno trabajaron 30 circos en Santiago. Ninguno tuvo permiso municipal y la mitad trabajó con recurso de protección ante los tribunales, asevera Maluenda, quien además es el presidente de la Asociación de Empresarios del rubro.

“Los alcaldes nos exponen a trabajar al borde del precipicio. Si se nos cae una señora de la gradería, vendría el alcalde y diría que estamos funcionando ilegalmente”, alega.

Los circos recurren a la Corte Suprema para solicitar un recurso de protección y así poder funcionar sin la intervención del municipio. “La Corte da la orden de no innovar porque se está atentando contra los derechos humanos de los artistas que dependen económicamente de esta actividad”, explica Aguirre.

El alcalde de Estación Central, Rodrigo Delgado, afirma que el circo “Los Tachuelas” sí tuvo autorización para funcionar en General Velázquez. “Aprobamos el permiso porque cumplía con los requisitos. Somos bastante rigurosos en eso porque hay que prevenir accidentes”, dice. Además señala que “los circos que arrendaban terrenos en Estación Central siempre contaron con el apoyo del municipio”.

El dueño del circo “Los Tachuelas” asegura que el alcalde no le dio ningún documento que acreditara que podía funcionar. “El único papel que tengo del municipio dice que presentamos la solicitud y el permiso está en trámite”, argumenta.

Aunque el circo sea considerado un aporte a la cultura, el concejal de Estación Central, Felipe Muñoz, aclara que generaba muchas externalidades negativas en la comuna.

“A muchos les gusta el circo, pero no a muchos les gusta tenerlo cerca de su casa. El ruido, el tráfico, las personas que venían molestaba los vecinos del circo”.

Los representantes de la actividad buscan crear un protocolo para divulgar la ley del circo en todos los municipios ya que muchos alcaldes “irresponsablemente desconocen la Ley”, afirman los empresarios.

El presidente de la Asociación de Municipalidades, Sergio Puyol, considera que el problema de los circos no es por mala disposición de los alcaldes. “Yo no creo que sea producto de la voluntad de un alcalde o por una aversión al circo. Todos reconocemos al circo como especial. Esto pasa porque la ciudad crece y no tiene consideración con los espacios que permiten la instalación de este tipo de espectáculos”, opina.

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El 27 de agosto de 2007 se publicó en el Diario Oficial la Ley 20.216 que establece normas para el fomento y protección del circo tradicional en cuanto a manifestación de la cultura chilena. La ley busca definir, regular y establecer deberes y beneficios a la actividad. (Para más información de la Ley pincha aquí).

“Éramos un oficio, ser payaso era simpático. Con la ley logramos ser reconocidos por la sociedad como un ente profesional. Le dio dignidad al circo”, dice Joaquín Maluenda.

Los empresarios y artistas del rubro vieron con esperanza la proclamación de la ley para solucionar la “engorrosa” relación con los municipios. Sin embargo, aseguran molestos que esto no cambió.

“En Chile ni se protege ni se fomenta el circo. Hoy somos patrimonio de la cultura. Suena bonito, pero en la práctica no se respeta”, sentencia el “Tachuela Grande”.

La secretaria de la Asociación de Empresarios de Circo, María Elena Andrich, explica que las ordenanzas municipales debieran estar en consonancia a la legislación. “La ley no nos favorece porque los alcaldes no saben que existe. Incluso es más grave porque los funcionarios municipales con 20 o 30 años de carrera, tampoco”, dice.

El artículo cuatro de la Ley establece que si los municipios disponen de un terreno, debe cumplir con los requisitos básicos de agua y luz. “Las municipalidades que tienen terreno no los dan y los que sí, no garantizan que haya luz y agua”, afirman los empresarios.

Distinta es la situación del circo en el extranjero. Los nietos del famoso “Tony Caluga” e hijos del presidente sindical circense, Abraham Lillo, cuentan desde España que en Europa los terrenos sí están preparados para recibir a un circo. Tienen luz, agua, desagüe, ambulancias y bomberos.

Todo se encuentra incluido en el precio de arriendo del lugar, similar a lo que pagan los circenses en Chile, pero se trata de terrenos baldíos en pleno centro de la ciudad. “Los espacios que te pasan no son basurales como los de Chile y están ubicados, por decirte como ejemplo, en Alameda con General Velázquez, pero son tres punto cero”, cuentan.

El Sindicato, junto a la Asociación de Empresarios circenses, abogan por un nuevo reglamento que “les raye la cancha”, dice Andrich. “Lo que pedimos es que de Arica a Punta Arenas pidan los mismos documentos y que sirvan para todo el país”, dice el líder sindical, Abraham Lillo.

El presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, Roberto Poblete, explica que la elaboración del reglamento es algo que se está trabajando: “el Ministerio de Interior con el de Cultura están reuniéndose hace dos semanas. Lo que yo no supe es que no habían invitado a la gente del circo. Me parece pésimo. No se puede hacer un reglamento sin preguntarle a la gente que corresponde”, aclara.

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En 1981, el circo “Los Tachuelas” nació en plena Plaza Italia, en el terreno donde se levantó después el edificio de Telefónica. Desde ahí, recuerda Maluenda, tuvieron que partir a Alameda con Lira:

“Estuvimos frente al cerro Santa Lucía donde hoy existe una plaza. Partimos después a la Alameda con Santa Rosa, frente a la Biblioteca Nacional, donde se instaló un centro comercial. De ahí a la plaza Almagro, frente a la Iglesia los Sacramentinos, terreno que se usó para un edificio. Luego nos instalamos en Nataniel con Santa Isabel, donde hay un supermercado. Nos trasladamos al paradero 1 de Gran Avenida que se transformó en una estación de Metro”.

"Los Tachuelas" instalados en Plaza Almagro en la década del 80.
“Los Tachuelas” instalados en Plaza Almagro en la década del 80.

Las mudanzas de los Maluenda terminaron en 1987 cuando se instalaron en el terreno considerado como el “Óscar de los Circos” hasta 2015, en Alameda con General Velázquez.

Para levantar un circo de similar tamaño que “Los Tachuelas”, con capacidad para 2.500 personas, se necesitan entre cinco y nueve mil metros cuadrados, espacio parecido a una cancha de fútbol. Por esto muchos empresarios circenses se ven en la obligación de migrar a los estacionamientos de malls y supermercados.

Pero el dueño de “Los Tachuelas” estima que esos establecimientos exigen requisitos inalcanzables. “Además de pagar el arriendo, piden seguros de entre cinco y diez mil UTM. Algunos incluso me han pedido mi certificado de matrimonio, no sé para qué. Otros, como cierran a la una de la mañana, dejan a los artistas “presos” en la noche”, dice.

La investigadora del circo, Pilar Ducci, agrega que se les exige contar con garantía de sesenta millones de pesos, ambulancia permanente, no romper el pavimento, contar con extintores, guardias, planos y vías de escape.

Con este panorama solo un circo de la envergadura de “Los Tachuelas” o “Golden” se puede instalar en esos lugares, cuando solo el plástico de su carpa cuesta más de 77 millones de pesos y en total pesa 200 toneladas (entre carpa, pilares, pista y tribunas). Otros empresarios del rubro tienen menor poder económico por lo que no pueden optar a estos espacios.

“A lo mejor nos vamos a tener que agrandar y comprar un terreno. O, por el contrario, vamos a vernos en la obligación de achicarnos para ocupar espacios pequeños. Pero de lo que estamos seguros, es que ¡vamos a seguir existiendo”, indica María Elena Andrich.

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Un King Kong de veinte metros de altura que se movía en la carpa,  triples saltos mortales de trapecistas, el hombre bala volando a 120 kilómetros por hora y acrobacias de los nietos del “Tachuela Grande” en la cama elástica son algunas de las rutinas que se vieron en la temporada de “Los Tachuelas” en General Velázquez.

El eco de las últimas palabras del maestro de ceremonias resuena en la carpa y quedan grabadas en los niños y adultos que ahora están aplaudiendo de pie el fin del espectáculo. Y así como se extinguen los aplausos del público, la historia del lugar se va con ellos.

“Al circo no lo intimida nadie y tampoco se rinde. Se cierra el terreno simbólico, pero el circo chileno no muere. En cualquier lugar de la ciudad se estarán elevando estas hermosas carpas porque: mientras en el mundo exista un niño, el circo va a ser eterno.”

Después de dos horas y media de función "Los Tachuelas" despidieron con aplausos del público el terreno simbólico circense.
Después de dos horas y media de función “Los Tachuelas” despidieron con aplausos del público el terreno simbólico circense. Foto: María Pía Viollier.


El desarrollo inmobiliario que devoró al circo

Era habitual para los vecinos de Estación Central ver carpas instaladas en terrenos cercanos a la Alameda. Ya no se verán más.

“Si no vienen más circos, se pierde la identidad del barrio”, afirma el presidente de la Asociación de Defensa de los Barrios de Estación Central, Alejandro Verdugo tras la venta del último paño de los circos.

El interés inmobiliario se ha concentrado en Estación Central principalmente porque no existe un plan regulador local. Se rige por el plan regulador metropolitano “muy permisivo en altura y densidad”, explica el concejal Felipe Muñoz (PS).

Un informe de la Dirección de Obras del municipio da cuenta que hasta julio del 2015 había 10 proyectos aprobados en construcción y 30 anteproyectos. “Hay edificaciones, una al lado de la otra. No queremos quedarnos encerrados en bloques de edificios”, aclara Verdugo.

La investigadora del circo local, Pilar Ducci, con respecto al crecimiento de la comuna dice:

El auge inmobiliario empezó cerca de 2010. Las inmobiliarias se dieron cuenta de que la comuna es atractiva por su conectividad, cercanía al centro, equipamiento y servicios, explica el asesor urbanista del municipio, Juan Carlos Mazzarello.

Según un estudio de la auditoría BDO, realizado entre julio 2014 y junio 2015, se entregaron permisos para construir 8.000 viviendas, de las cuales un 90%, corresponden a edificaciones en altura. Se trata de proyectos que van de 25 a 42 pisos y cuentan entre 200 y 1057 departamentos, en su mayoría de un dormitorio.

“Desde 2013 se le ha planteado a Rodrigo Delgado impulsar el plan regulador, pero lo ha postergado”, dice el concejal Muñoz.

Hace dos meses el alcalde inició, junto a la Seremi de Vivienda, una mesa de trabajo para estudiar si el plan regulador iniciado hace 8 años atrás, el cual no se aprobó, pueda seguir su curso y ser aceptado, o de lo contrario, iniciar un plan regulador nuevo.

Rodrigo Delgado explica que si se retoma el instrumento de regulación antiguo se seguirán aprobando las aspiraciones inmobiliarias. “Antes de fin de año vamos a saber el resultado”, dice.

Los artículos clave de la Ley del circo.

La Ley 20.216, más conocida como la “Ley del Circo”, fue proclamada en 2007. Ocho años han pasado desde su publicación y el rubro circense exige que se cree un reglamento porque las autoridades desconocen su existencia. Aquí, los artículos claves que los cirqueros desean que se respete.

El Artículo 2 de la Ley define el circo como un espectáculo artístico orientado a niños realizado bajo una carpa en donde hay ejercicios físicos de acrobacia, actuación de payasos, malabarista, ilusionistas, músicos, animales amaestrados, entre otros.

El Artículo 3 dicta que las autoridades nacionales, regionales y comunales deberán otorgar las medidas necesarias correspondientes para promover las actividades del circo chileno en su calidad de instrumento de entretención, recreación y formación cultural básica.

El artículo 4 dice que el derecho de funcionamiento de un circo será regulado mediante una ordenanza municipal que lo podrá eximir de pago, ya que, contribuye al desarrollo de la cultura popular. Asimismo, la ordenanza podrá determinar el uso de un sitio municipal, dotado de los servicios indispensables para los circenses.

Una “raza especial”

La magia del circo está en que aparece y desaparece como el conejo de un mago en su sombrero. Todos los años 120 carpas y 5.000 cirqueros recorren el país entregando un espectáculo diferente al del cine, la televisión y los videojuegos para los niños, afirman los artistas del rubro.

La vida itinerante del circo ha permanecido así por más de 200 años, pero su infraestructura ha evolucionado. De carpas de género a carpas plásticas de última generación, de moverse en carretas a manejar camiones con acoplado, de dormir en carpa a tener casas rodantes, de utilizar banda del circo a obtener equipos de audio modernos.

El orgullo de ser circense se hereda y se mantiene “dentro de la carpa”.

“La gente del circo es una raza especial donde existe un hermetismo como método de supervivencia”, cuenta la famosa guaripola del ya desaparecido circo “Munich” y descendiente del Clan Neira, María Elena Andrich.

Existen clanes familiares de hasta 10 generaciones que han vivido y hecho circo hasta la actualidad. Las familias más tradicionales son los Neira, los Cárdenas, los Ventura, los Maluenda, los Aguirre y los Lillo. “Las clases socioeconómicas no existen, lo que define son los méritos que se tienen en la pista y la trayectoria”, explica Andrich.

Así como la tradición circense se hereda, en el caso de la familia Lillo los nombres de payaso también. Al respecto Abraham Lillo dice:

En un catastro de Arte Circense Chileno realizado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), publicado en septiembre de 2014, el 48% de los encuestados aseguró tener al menos cinco familiares en el circo.

Hay otros cirqueros que no nacen en la pista. Es el caso del “Tony Chasquillita” que trabaja en “Los Tachuelas”.

“Entré al rubro cuando tenía 10 años, soy de Concepción y de allá me arranqué en un circo porque quería viajar. Gracias al arte de ser payaso he conocido todo el país y el extranjero”, relata el tony.

El payaso Chasquillita se escapó a los 10 años con un circo. Hoy lleva once años trabajando con “Los Tachuelas”.

El artista profesional circense se forma a partir del ensayo y error mediante la imitación a los mayores, la intuición y los consejos de los experimentados para ir perfeccionándose. Los niños “juegan” a ser trapecistas, payasos, contorsionistas y acróbatas. “Pican de todos lados”, dice Abraham Lillo, más conocido como “Caluga Junior”.

“Desde que abrí los ojos, lo primero que soñé fue querer ser igual que mi papá: ser payaso. Así empecé a hacer tonteras, a jugar al tony”, rememora.

El niño, entre trapecios y payasadas, también hace las tareas que le exige el colegio del pueblo o ciudad en que esté. Por un decreto del Ministerio de Educación todos los colegios municipales están obligados a recibir a los niños itinerantes, pero no todos terminan la educación media, explica Lillo. “Con el cambio, desarme, arme, las funciones y el colegio, el tiempo no te da. Al final dan exámenes libres”, dice.

El 23,5% de los niños circenses termina la educación básica y el 50% de los jóvenes termina la educación media, según datos del CNCA.

Los sueldos en el circo también son variables. El 65,8% de los artistas recibiría entre $200.000 y $300.000 pesos, según el catastro del CNCA. “El que hace más, gana más”, revela el payaso “Chasquillita”, que hace solo un número en la pista. Un empleado recibe sueldo semanal y éste varía según cuántas entradas y confites se vendieron y del mérito que se tenga en la pista. A esto la descendiente de los Neira explica: “la niña que baila una vez no puede ganar lo mismo que el trapecista que da tres vueltas en el aire”.

(Si quieres saber más del estilo de vida de los circenses, Canal 13 hizo un seguimiento al circo de “Los Tachuelas”. En el programa aparece cómo viven en el circo y el proceso de arme y desarme de la carpa. Pincha aquí

De Chile para el mundo

La profesionalización del artista circense ha hecho que se convierta en un producto de exportación, dicen los empresarios del rubro.

Más de 300 artistas circenses chilenos se encuentran trabajando en el extranjero, dice la investigadora, Pilar Ducci.

“El mejor trapecista del mundo está en el Cirque du Soleil, en Orlando, mientras que un reconocido domador chileno, está en el circo Ringling Brothers”, cuenta Joaquín Maluenda.

El Clan de los Tony Caluga compuesto por Sebastián, Guillermo y Benjamín Lillo pero más conocidos como Microbio, Cototito y Filito Caluga, trabaja en el quinto circo más importante de Europa, llamado “Wonderland”, en España.

En españa se encuentran Microbio, Cototito y Filito Caluga. El Clan Caluga está trabajando por tercera vez en Europa. Foto: Web.

“Los Caluga” fueron los primeros payasos chilenos invitados al reconocido festival circense internacional de Figueres, en España, el 2013. Con su rutina humorística se ganaron el reconocimiento de empresarios circenses europeos. “Es la tercera vez que trabajamos en Europa”, dicen los tony.

Su éxito no termina ahí. “En enero debutamos en Texas para partir la gira de un año por Estados Unidos en uno de los mejores circos norteamericanos, “Los Hermanos Vázquez”.

 

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