Los agujeros negros de Alto Hospicio

La mayoría de las viviendas se construyeron sin tomar en cuenta las características del suelo salino que cubre toda la comuna. El resultado es que al entrar en contacto con el agua se han generado hoyos de varios metros de profundidad capaces de partir en dos a una vivienda. Hoy, sus habitantes viven rogando no ser las próximas víctimas.  


 

Nancy Hernández se encontró con un hoyo de 12 metros de profundidad en su casa.
Nancy Hernández se encontró con un hoyo de 12 metros de profundidad en su casa.

En 2011 Nancy Hernández no podía creer que en el antejardín de su casa había un socavón, un hoyo de 12 metros de profundidad y un metro y medio de ancho, formado por el contacto del suelo salino con el agua. Tres años después, en septiembre de 2014, tuvo que desalojar la vivienda junto a su familia por ser declarada inhabitable por la Dirección de Obras de la Municipalidad de Alto Hospicio.

Su hogar no puede ser habitado debido a que la casa se partió en dos por la aparición de este socavón en el piso de su vivienda, que provocó el hundimiento del inmueble y que las murallas se agrietaran. Una pared quedó colgando. “Me dijeron que un fuerte sismo podría derrumbarla o asentarla más y esto ponía en riesgo nuestras vidas”, recordó.

Hoy viven en la casa del vecino, quien les arrienda su domicilio, donde también apareció un socavón, pero no fue declarada inhabitable. Se quedarán allí hasta que el Servicio de Vivienda y Urbanización (Serviu) reconstruya su hogar.

Una década antes de la aparición del socavón, en 2001, Nancy, su esposo Cristián y sus dos hijos recibieron la llave de esta vivienda, su primer hogar. Fueron una de las 450 familias —unas 1.800 personas en total— que obtuvieron una casa en la población Santa Teresa.

De esos 450 hogares, 185 han presentado daños por socavones. Pero no son las únicas viviendas de la ciudad que están damnificadas. Según la directora del Serviu, Mariana Toledo, son 2.807 casas, ubicadas sobre todo en los sectores de La Pampa, el Centro y El Boro, las que han sido afectadas por la presencia de estos hoyos. En la población Santa Teresa uno llegó a medir 30 metros de profundidad y 216 metros de ancho.

“Estos socavones aparecen cuando el suelo salino entra en contacto con el agua. Cualquier filtración en la red de agua potable o en el alcantarillado provoca que el suelo pierda fuerza, se hunda y aparezca un hoyo”, explicó Daniel Gajardo, director de Obras de la municipalidad.

El problema es que el 100% del suelo de la comuna es salino y el mínimo porcentaje de sal que posee es de 4%. En algunos sectores alcanza hasta 70% de salinidad.

Según un estudio del Servicio Nacional de Geología y Minería publicado en agosto de 2014, el suelo de cualquier sector de la ciudad que posea más de 2% de sal será considerado como un terreno que puede colapsar y hundirse, en caso de contacto con el agua.

 El crecimiento de Alto Hospicio

En la década de los ‘80 en Alto Hospicio vivían menos de dos mil personas, gran parte de ellas aimaras que se dedicaban a la horticultura. En los primeros años de los ‘90 la población empezó a aumentar de manera explosiva con la toma ilegal de terrenos por personas, en su mayoría iquiqueños y provenientes del sur, que buscaban cumplir su anhelo de tener una casa propia que de otro modo no lograrían.

Según el censo de 2002, En 10 años la población de Alto Hospicio creció de 5.520 a 50.190 habitantes.

En 1993, José Álvarez Mancilla tenía 10 años cuando llegó a vivir a la toma “San Lorenzo” en el sector de El Boro, junto a sus padres y dos hermanos. Estuvieron siete años en el campamento hasta que el Serviu les entregó una casa en la población La Tortuga.

En 2008 ya tenía 25. Después de seis años postulando al Plan Especial del Trabajador (PET) del Serviu, recibió una vivienda social en el sector de La Pampa, donde vive hoy con su esposa y sus tres hijos.

Su hogar no había presentado problemas hasta agosto de este año, cuando José se dio cuenta de que en el antejardín de su casa había un hoyo de tres metros de profundidad y dos metros de ancho, y que se había expandido al patio de su vecina. El responsable había sido una fuga en una cañería.

Lo primero que hizo fue pedirle una explicación y solución a la empresa sanitaria Aguas del Altiplano, encargada de mantener la red de agua potable y el alcantarillado. La respuesta fue que no podían reparar la fuga porque son responsables de las tuberías de la red pública y no de las cañerías ubicadas desde el medidor de agua hasta el interior de las casas, ya que fueron instaladas por empresas privadas.

José se acercó a la oficina del Serviu y también les respondieron que no podían hacerse cargo de los daños, debido a que solucionan los problemas de construcción que ocurren dentro del terreno entregado.

Como el antejardín era una ampliación que construyó al margen de la ley General de Urbanismo y Construcción, ningún daño en un perímetro no regularizado puede ser reparado por el servicio público.

Después de cuatro meses sin solución, las paredes de su casa comenzaron a agrietarse y el suelo empezó a desnivelarse por el hundimiento del suelo. Su hogar empezaba a partirse de manera evidente, así que José decidió contratar a un técnico que trabaja en la sanitaria para que arreglara la fuga.

Sin mayores conocimientos, tapó el socavón con cemento, pero antes sacó la mayor cantidad de sal para que el hoyo no apareciera de nuevo.

Según el seremi de Vivienda de Tarapacá, Ricardo Carvajal, uno de los responsables de la aparición de los socavones son los propietarios, porque construyen sin el asesoramiento de profesionales competentes, lo que puede provocar daños en la cámara o tuberías del alcantarillado o en la red de agua potable.

“Alto Hospicio creció de manera informal. Hubo mucha autoconstrucción sin permiso, sin el asesoramiento de profesionales y sin los parámetros que exige la norma general de vivienda y construcción”, dijo el seremi.

El boom de los socavones
Alberto Terrazas se cayó a un socavón de 5 metros de profundidad.
Alberto Terrazas se cayó a un socavón de 5 metros de profundidad.

En 2008 los hoyos comenzaron a proliferar en calles y casas. Antes de ese año se había detectado la presencia de algunos, pero fueron vistos como casos aislados por las autoridades, quienes no se alarmaron.

Ahora son vistos como un problema para la municipalidad y el Gobierno por el impacto que están teniendo en la calidad de vida de las familias hospicianas. Ya son miles las viviendas y un centenar las calles que presentan daños por socavones.

Después del boom de hoyos en casas y calles, Aguas del Altiplano y el Serviu comenzaron a realizar estudios para conocer las condiciones del suelo salino que cubre toda la ciudad y a futuro realizar acciones que dieran término a este problema.

La información recopilada sirvió para que el Serviu creara un itemizado técnico regional que comenzó a operar en 2012, con la finalidad de que las nuevas viviendas se construyeran sin la amenaza de este problema.

Serviu levantó 16.665 viviendas entre los años 2000 y 2012, antes del itemizado técnico regional. Se construyeron en base a lo señalado en la Ley General de Urbanismo y Construcción y en el itemizado nacional, que no incluyen indicaciones para la edificación en suelo salino.

“El Serviu construyó casas con el mismo estándar de levantamiento de viviendas en Santiago o en cualquier parte del país donde no hay suelo salino”, aseguró el gerente regional de Aguas del Altiplano, Sergio Fuentes.

Esta nueva manera de construir exige que el material de las tuberías sea acorde a las condiciones del suelo salino; que se utilice termo fusión en las uniones de las cañerías y que cada vivienda cuente con su propia cámara de alcantarillado.

En caso de una edificación en altura, se debe realizar un zócalo para inspeccionar bajo el subsuelo las instalaciones de manera periódica. Además, debe desarrollarse un estudio de mecánica de suelo y aspectos sanitarios respecto a las cañerías de la red de agua potable y del alcantarillado.

Desde 2012 hasta la fecha, 274 casas, de las 25 mil viviendas que existen en Alto Hospicio, se han edificado con estas exigencias. Otras 812 construcciones se entregarán entre junio de 2016 y marzo de 2017.

El conjunto habitacional La Tortuga I es uno de los condominios sociales que no fue construido en base al itemizado técnico regional. Las consecuencias las comenzó a sufrir en mayo pasado. En la tarde del 17 de ese mes, Alberto Terrazas, de 70 años y guardia del condominio, cayó a un hoyo de 5 metros de profundidad, ubicado en el block cuatro. Mientras caía pudo sostenerse de una tubería, lo que impidió que resultara herido.

El conjunto habitacional fue declarado inhabitable. En octubre, la constructora que realiza trabajos de reparación en el condominio le informó al Serviu que el block tiene graves riesgos de estabilidad, lo que significa un peligro inminente para las personas que siguen en sus departamentos.

El 45% de las familias que vivían en el block 4 decidieron irse a otro lugar. El resto se quedó en su hogar. Muchos, porque simplemente no tienen a dónde ir. “El block tiene siete pisos con cuatro departamentos cada uno. Antes de la aparición del socavón, habitaban un total de 112 personas”, dice Terrazas, quien es enfermero y oficial retirado del Ejército.

Él no vive en la Tortuga I. Sube todas las mañanas desde Iquique, entre las 6 y 6:30 horas, para llegar a las 7. Trabaja hasta las 19 horas. “Me he comprometido tanto con estas personas que seguiré luchando para que sean reacomodados en otro lugar mientras sus casas son reparadas”, comenta.

Como si fuera un regalo de Navidad, las familias que siguen alojando en el block afectado recibieron la noticia de que obtendrán un subsidio de $350 mil máximo para que arrienden un departamento. Tienen que encontrar un lugar antes de año nuevo.

En la población Norte Grande, ubicada en el sector de La Pampa, las 400 casas sociales edificadas en esta zona tampoco fueron construidas en base a las indicaciones del itemizado técnico regional.

Es el caso de la vivienda de Maricel Garrido Figueroa, de 37 años. Su casa fue entregada por el Serviu en 2006. Llegó desde Iquique junto a sus cuatro hijos, todos menores de edad, con la idea de tener su casa propia: “Y que nadie me dijera, ‘ándate de acá’”. Un socavón que recorre toda la casa se encargó de terminar con ese sueño.

La Dirección de Obras la declaró inhabitable y tuvieron que abandonarla hasta que la reconstruyan de nuevo. “Me dijeron que el Serviu debe intervenir lo antes posible, porque si la dejamos así y tiembla fuerte, podría derrumbarse”, cuenta la mujer.

Hoy viven en el living de la casa de la pareja de su madre, que murió. “La casa quedó para él y su hija”, dijo Maricel. Mientras ella duerme en el suelo junto a sus hijas, Johan (17) lo hace en el sillón. Su hija Nayeri (14) sí duerme en una cama, debido a que tiene mielitis transversa, un trastorno neurológico que daña el sistema nervioso e impide el funcionamiento normal de ciertas partes del cuerpo. En este caso no puede mover sus piernas.

“Me da rabia y pena que de un día para otro no puedas vivir en tu casa. Me frustra saber que todo el esfuerzo y dinero invertido en 9 años se va a perder. Y lo que más me enfurece es que el Serviu solo reconstruiría la parte que nos entregaron, si es que lo hacen”, dice.

Como se cansó de esperar que el Serviu comience la reconstrucción de su vivienda, Maricela quiere volver a su casa para que sus hijos duerman en sus camas y no en el suelo de otros domicilios. Está decidida a tapar ella misma el socavón y reparar los daños que produjo.

El Serviu ofreció este año un subsidio de entre 100 y 400 UF para efectuar los arreglos, dependiendo de la gravedad de cada caso. El plazo para postular vence el 30 de diciembre. Ella aún no lo hace.

¿Los responsables?

“Nos encontramos con que no existía una norma que se hiciera cargo de la construcción de viviendas y de una red sanitaria en este tipo de suelo”, admite el gerente regional de Aguas del Altiplano, Sergio Fuentes. Según la sanitaria y el Serviu se sintieron, antes de 2012, atados de manos por las normativas vigentes de urbanismo y construcción debido a que no consideraban las especiales condiciones de la zona.

Este es el motivo de por qué la directora del Serviu, Mariana Toledo, cree que no pueden hacerse responsables 100% de la aparición de los socavones en las viviendas que ellos construyeron sin el itemizado técnico regional.

“Se permitía construir todas las instalaciones con PVC, instalar una cámara de aguas servidas para dos viviendas por un tema de costo económico. Tampoco se realizaba una mecánica de suelo. Antes se exigía poco en la edificación de una vivienda”, dijo la directora.

En el Serviu, el gobierno regional y en Aguas del Altiplano están conscientes de que los socavones seguirán apareciendo si no construyen de nuevo toda la red de agua potable y el alcantarillado. Un proyecto que evitaría la presencia de agujeros en los domicilios, pero a un costo de 125 mil millones de pesos, y que estaría listo recién en 25 años, cuando se cumpla la última de sus siete etapas, una por sector.

La población Santa Teresa será la primera zona beneficiada. Serviu ya comenzó con la reparación de las cañerías que pasan por debajo de las 450 viviendas del lugar. Después será el turno de Aguas del Altiplano, que se hará cargo de la red pública.

Las familias de los otros seis sectores, que suman 24.500 viviendas, de las cuales 2.357 presentan daños por socavones, deberán esperar su turno. Son los casos de Maricel, José y el conjunto habitacional que cuida Alberto seis días a la semana.

A este proyecto se suman otras dos soluciones que están en ejecución. Una es el desarrollo, por parte del Instituto Nacional de Normalización, de la primera normativa chilena que considerará las condiciones del suelo salino en la construcción de viviendas y redes sanitarias.

La otra medida corresponde a un estudio sobre el estado del suelo en todo Alto Hospicio, realizado por una consultora contratada por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo de Tarapacá.

Según el seremi del Vivienda, Ricardo Carvajal, el estudio va en la primera etapa, que comprende la recopilación de antecedentes. Le faltan otras cinco y debería estar terminado en mayo próximo.

Como los tres proyectos están en ejecución y solo uno tiene una fecha de término definida, los afectados deberán optar mientras tanto por otra solución.

El subsidio de hasta 400 UF, que entrega el Serviu para reparar los daños de la casa producto de los socavones, evitaría que las viviendas sigan quebrándose. Pero solo 200 de las 2807 familias damnificadas obtendrán el beneficio en 2016.

La familia de Jessica Mostacero, de 37 años, es una de las que no recibirán un subsidio en 2016 y seguirá viviendo en su casa declarada no habitable. Según la mujer, el Serviu ha ido tres veces a ver cómo quedó el inmueble por el socavón que apareció en su patio, pero no han vuelto para reparar los daños que están a la vista hace nueve meses.

Como muchas familias hospicianas afectadas por este problema, ha decidido reparar ella misma algunos de los daños, pero tiene claro que es una solución temporal y no la  adecuada, por lo que vive con el miedo de que su casa se desplome junto a sus tres hijos, uno de ellos discapacitado por una parálisis cerebral.

Declaraciones del alcalde Ramón Galleguillos