El paraíso oculto de Peñalolén

 Quebrada de Macul: Lo que te estás perdiendo

 

Mirador Altas Cumbres, Quebrada de Macul

La vista desde el Mirador Altas Cumbres. Foto: AIREStgo

Hay lugares que permiten huir del caos capitalino sin salir de la ciudad. La Quebrada de Macul es uno de ellos. Puedes hacer trekking en familia y andar en bicicleta en medio de los cerros, descansar frente a las cascadas, alcanzar vistas panorámicas e incluso llegar a la nieve, sin tener que alejarte mucho de tu casa ni pagar por ello. AIREStgo lo vivió para contarte.

Por María José Dittborn A.

 

 

A sólo media hora del centro de Santiago, en plena pre cordillera andina, en la comuna de Peñalolén, se encuentra el Parque Natural Quebrada de Macul. Al final de Avenida Diagonal Las Torres, ahí donde parece no haber nada más que una calle pavimentada rodeada de montañas, está el ingreso.

La Quebrada tiene una ruta única, pero varios destinos. La mayoría de los visitantes se dirigen al hito más conocido y también el más fácil: la cascada de San Juan, que tiene casi diez metros de altura. Es una ruta de baja dificultad física, apta para principiantes y niños, que se puede realizar en medio día. Llevar zapatillas de trekking te aliviará el trayecto.

La entrada es liberada, pero antes de comenzar hay que registrarse con los guardaparques, como medida de precaución. No se permiten mascotas, no se puede prender fuego ni acampar. Debes llevar tu propia agua y alimento. En la entrada encontrarás un pequeño kiosco que vende solo bebidas y helados. Más arriba no hay nada.

Zona de segundo control: si inicia el sendero cerro arriba

Segundo control: se inicia el sendero cerro arriba. Foto: AIREStgo.

Comenzamos el recorrido junto a una joven pareja y un grupo de scout: cuatro adultos y diez niños de segundo básico. Se camina un kilómetro y medio por un sendero vehicular de tierra, más plano que inclinado, hasta llegar a una segunda entrada: un alto portal con el nombre del parque. Encontrarás una caseta de control, con un baño ecológico —una fosa— y un sector de reciclaje. Ahí empieza el cerro, empieza la aventura.

El camino se vuelve más angosto y se avanza en torno al sonido galopante de las aguas del río y del viento. Es un domingo soleado de octubre, pero la brisa es helada, aún quedan atisbos del invierno.

Reliquia Natural

El sendero está rodeado de árboles: colliguay, peumos, bollenes, litres y quillayes, entre otras especies propias de un bosque esclerófilo. Éste es uno de los atractivos más famosos del parque porque es una vegetación propia de la zona central de Chile, que casi ya no existe. Unos son altos, otros bajos, pero todos tienen las hojas duras y verdosas, que les permiten capturar humedad desde el ambiente y perder menos agua en las estaciones secas. Son árboles propios de un clima mediterráneo: están adaptados a las dificultades climáticas de inviernos fríos y lluviosos y veranos cálidos y secos. En Santiago han disminuido producto de la urbanización y por eso, el parque es una reliquia natural, según nos contó Furlan.

Río Quebrada de Macul

El río camino a la Cascada de San Juan. Foto: Facebook.com/parquequebradademacul.

Luego de veinte minutos caminando por el bosque esclerófilo, te toparás con muchos desvíos, que te guiarán hacia abajo, a la orilla del río. Sigue alguno de ellos, el lugar es amplio y perfecto para tomar un descanso en la sombra, entre los árboles y las piedras. Estando ahí, junto a nosotros, había una familia con tres niños pequeños y un bebé de seis meses, su madre lo llevaba colgando en una mochila especial de montaña. Los niños se mojaban los pies en el río y los padres preparaban sándwiches: se quedarían ahí a pasar el día.

Al retomar la ruta, el camino se pone más inclinado, requiere más esfuerzo. La sombra abunda, el sendero es cerrado, rodeado de árboles y más húmedo, hasta llegar al Mirador de la U, desde donde se ve todo el valle. El lugar tiene la forma de la letra que le da su nombre y es la última parada antes de las cascadas. Desde sus barandas verdes se ve la cordillera, lejana, despejada y recién nevada. Los cerros aún se miran desde abajo, parecen venirse encima. Uno se siente una hormiga en medio de ellos. La ciudad ya quedó atrás y sólo se escucha la fuerza del torrente de las aguas.

En el lugar nos topamos con un grupo de ciclistas, dos hombres adultos y tres niños de no más de 13 años. No son los únicos pedaleros que hemos encontrado, ya que el sendero hasta las cascadas es de fácil acceso para quienes gustan de la bicicleta. Si se quiere realizar un paseo más complejo y más largo, se puede seguir la ruta que llega, a través de los cerros, desde la quebrada hasta el parque Mahuida, ubicado en La Reina. Pero esto es recomendable sólo para aficionados al ciclismo.

Dejamos el mirador y continuamos cerro arriba. Hay que estar atento: empiezan a aparecer algunos senderos alternativos en la ruta. Siempre se deben tomar los caminos que suben, siguiendo las piedras pintadas. Hay algunos desvíos a la izquierda, que llegan a la Universidad Adolfo Ibáñez. Los caminos de la derecha, te llevarán por el acantilado que rodea el río. Por este, llegarás también a las cascadas, pero es más riesgoso. No es apto para niños o inexpertos.

Si eliges bordear el acantilado, verás numerosas flores silvestres, pequeñas y rosadas, producto de la cercanía a las aguas. Solo elige este camino si tienes las capacidades físicas y técnicas para ello. Se consciente.

Los fines de semana muchas familias eligen el río como el lugar ideal para descansar juntos. Foto: AIREStgo.

Luego de dos horas, con el sudor y el sol haciendo efectos en nuestras caras y espaldas, llegamos al cartel que une dos cerros, pero divide los rumbos. Hacia arriba, una flecha indica el camino a Aguas de Maqui, en dirección a la cumbre. Hacia abajo, el cartel indica la ruta a las cascadas. Elegimos este último.

Luego de dos minutos llegamos a una roca grande, a la que puedes subirte y observar la gran vista del valle. A su lado, hay un verde sauce. Detrás de él, caminando por el costado izquierdo, se llega a la esperada cascada de San Juan. Eso sí, tristemente, las rocas junto a ella están cubiertas de grafitis y rayones, no artísticos precisamente. La gente está reunida en torno a ella, haciendo fila para sacarse una foto, como si se tratara de una estrella de Hollywood en su mejor momento.

A pesar de los daños, la cascada igual brilla por sí misma. A los niños del grupo de scout se les escapa la sonrisa de solo mirarla. Pero, aún así, no es el mejor lugar para instalarse a descansar. Si se retrocede y se camina bordeando el río, alejándose del tumulto, se encontrarán otras cascadas más pequeñas, rodeadas de arbustos y flores silvestres, libres de grafitis, con suficiente espacio para reposar, perfecto para disfrutar de una buena y merecida comida.

La Cascada de San Juan. Foto: AIREStgo.

La Cascada de San Juan. Foto: AIREStgo.

 Más allá de la cascada

Lo más impactante está después, más arriba de la cascada. Regresamos al cartel divisorio y emprendimos rumbo a Aguas de Maqui. El sendero se empina y se asciende montaña arriba, en una caminata donde la Cordillera de Los Andes —completamente nevada en esta oportunidad— es, todo el tiempo, el telón de fondo.

Mientras más se avanza el camino se vuelve más exigente. La dificultad es media alta y, por eso, pocos se animan a subir. Sin embargo, es lo que más vale la pena: hay menos gente y reina el silencio. El sendero es más estrecho, la altura aumenta y el entorno es seco, no hay más agua. Se ven pocos árboles, sólo algunos litres y peumos.

Luego de cuarenta minutos de ascenso se llega al Mirador Altas Cumbres. Se han recorrido 5,8 kilómetros desde la entrada del parque. Junto a un grupo de jóvenes suizos nos dispusimos a descansar. La vista es panorámica, casi no hay arbusto que cubra sus alrededores. Al lado izquierdo se eleva, con el ímpetu de un volcán en erupción, una nevada, brillante, cercana, Cordillera de Los Andes. Al frente, atrás y al derecho, se observa el cordón montañoso propio de la pre cordillera santiaguina, un valle de cerros interminable.

La siguiente parada, a menos de un kilómetro, es Aguas de Maqui, el destino final de esta expedición. No hay cartel que indique que has llegado, es fácil perderse y seguir de largo. Si quieres parar aquí debes estar atento. Se trata de un túnel vegetal con una pequeña vertiente de agua fresca donde es posible hidratarse. Pero, si quieres descansar contemplando el paisaje, es más recomendable el mirador anterior.

La cumbre

En esta oportunidad no nos fue posible alcanzar la cumbre: el Cerro La Cruz, debido a que el paso estaba cubierto de nieve blanda, lo que hace peligroso caminar por ahí. Estará bloqueado por unos días, hasta próximo aviso. Es recomendable ir entre los meses de octubre y marzo, siempre que no haya llovido muy recientemente.

Para alcanzar la cima, el guardaparque recomienda comenzar a las 8:30 de la mañana, ya que el tiempo estimado de ascenso son seis horas. Hay quienes lo realizan en dos jornadas, acampando en Aguas de Maqui o un poco más arriba, en un sector conocido como Casa Piedra. Solo para estos casos, se autoriza dormir en el parque.

Desde ahí, siguiendo por el sendero, se inicia la caminata por el llamado Cajón del Muerto. Por el costado norte, en pendiente, se caminan 2,5 km. hasta llegar a la cumbre. Este es el tramo más duro de la ruta, pero el esfuerzo se ve recompensado por la vista inigualable del Valle de Santiago y de los cerros de Ramón, Provincia, Punta de Damas y El Plomo.

Cumbre Cerro La Cruz

La vista desde el punto más alto: Cerro La Cruz. Foto: Facebook.com/parquequebradademacul.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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