Isabel Ibáñez. Foto: Cristian Soto

Entrevista Isabel Ibáñez: “Sin participación ciudadana no se puede hablar de un festival de la ciudad”

Isabel Ibáñez es una reconocida gestora cultural, ex directora del Festival de las Artes de Valparaíso (FAV),  y actualmente es co-directora de Plano ACT. En el marco de su participación en el Encuentro Nacional de Innovación, Emprendimiento y Gestión Cultural de Caja Cerebro en Chillán, quisimos saber más sobre su experiencia en la gestión cultural desde la institucionalidad y sobre sus futuros proyectos.

¿Cómo fue la experiencia FAV y de qué forma se da ese tránsito desde lo artístico y cultural hacia la participación ciudadana como eje central?

Ese proceso se da a partir del primer festival que empiezo a gestionar, en el año 2012. Mayoritariamente lo que se hacía eran actividades artístico culturales, pero entonces realizamos dos intervenciones, una en la Plaza Cívica y otra en la Sotomayor. En la Plaza Cívica hicimos el experimento de tener un micrófono abierto al público, a cargo de distintos colectivos artísticos. En la Plaza Sotomayor, por otro lado, la actividad estaba focalizada en los niños y la temática central era la ecología y reciclaje, donde se hizo hasta una campaña previa. Con todos esos procesos, empecé a ver que la respuesta era muy positiva; se ampliaban los públicos y se generaba mucho más intercambio que con el sólo hecho de ir, recibir un espectáculo e irte.

Y eso los llevó a repetir la experiencia…

Claro, porque con el tema del reciclaje se hicieron varios malones urbanos en distintos barrios de la ciudad, y eso fue súper interesante. Al año siguiente se hizo directamente una convocatoria para intervención del espacio público, que hablara en específico sobre el hacer colectivo. Entonces cambió la dinámica, se empezaron a crear dispositivos que apuntaban a la interacción con la gente, como el mobiliario urbano para el encuentro, los paraderos de micro, etc.

Isabel Ibáñez. Foto: Cristian Soto

Isabel Ibáñez. Foto: Cristian Soto

En el FAV 2015 la apertura fue un espectáculo realizado en conjunto con la ciudadanía, ¿cómo se articula ese proceso?

El año 2014 fue el gran incendio, un espectáculo macabro de la propia ciudad. Luego del suceso, pensamos en cómo el festival podía no hacer oídos sordos frente a lo que había ocurrido, porque no podíamos hacer un festival como “aquí no ha pasado nada”. Entonces, vemos que a partir de la tragedia se generaron dinámicas de asociatividad muy interesantes, que probablemente sin el incendio nunca se hubiesen dado. En base a ese nuevo escenario, llevamos adelante la idea de hacer una inauguración ciudadana, que era algo que yo quería hacer desde el día uno, pero no me atrevía. Se invitó a tres cerros distintos a participar en esta creación colectiva: Las Cañas, Barón y Cordillera. No teníamos mucha idea de cómo iba a resultar, pero al final hicimos un acto cívico en la Plaza Sotomayor -con el apoyo artístico y toda la parafernalia para darle atractivo-, donde fueron los propios vecinos los que crearon el texto, co-crearon la música, el vestuario, todo. Eso completaba el proceso de participación en el sentido que yo lo entendía.

Entonces para ti la gestión del FAV tenía que ir de la mano de la ciudadanía…

Totalmente, sin participación ciudadana no se puede hablar de un festival de la ciudad, sino que sólo es una programación que se les regala y ellos la reciben. Cuando los propios vecinos pueden crear y expresarse, es cuando empiezan a incidir en lo que se está haciendo.

¿Cuáles son las ventajas y/o desventajas de trabajar desde la institucionalidad?

Yo creo que es un terreno bien equilibrado, porque la gestión tiene dos grandes patas: una siempre es el financiamiento y la otra es la capacidad de acción y de ejecutar, que tienes. Entonces, con el Estado tienes más o menos asegurado el financiamiento, pero el aparato es súper complejo para mover las cosas, para hacer coincidir las voluntades, y además existe una vigilancia constante a lo que haces, porque lo estás haciendo con fondos públicos y eso juega en contra. Yo me moría de ganas de contratar a emprendedores locales, pero muchas veces ellos no podían participar de las licitaciones porque no tenían lo que se requería. Igual siento que en mi gestión se avanzó mucho en ese sentido. En el primer festival que participé haciendo la inauguración, toda la producción estaba a cargo de una gran productora de Santiago, entonces fui separando las cosas por ítems, para que dejara de ser atractivo para las megas productoras y fuera más accesible para las más pequeñas, con la idea de que los recursos se quedaran en la región. Por un lado, cuando eres independiente tienes todas las libertades del mundo, pero tienes que estar en una batalla constante de conseguir recursos, versus esa estabilidad que te da el Estado, entonces hay una cuestión bastante equitativa.

¿Qué nos puedes adelantar sobre tu nuevo proyecto, Plano ACT?

Es un proyecto muy lindo que estamos trabajando con la arquitecta Daniela Gutiérrez y para el que nos acabamos de ganar los fondos, por lo que estamos muy contentas. A grandes rasgos, plano ACT será un centro cultural móvil, donde se equiparán conteiners para que tengan la capacidad de adaptarse y convertirse en distintas salas. En el fondo, la idea es llevar una infraestructura cultural de súper calidad a lugares que no la tienen. Por ejemplo, queremos poder llevar una obra de teatro, y que la gente tenga la experiencia de entrar a una caja oscura, con las butacas y todo. También habrá una cocina, espacio súper convocante donde queremos hacer un recetario con distintos platos hechos por ciudadanos.

Eso por una parte, por otro lado,es un gran llamado a vincular ciencia, arte y tecnología como el quehacer productivo simbólico del hombre en un diálogo constante, no separando las cosas. Lo otro interesante es que se mueve sobre las vías del tren, en eso también hay como un gesto ahí, la intención política de demostrar cómo el proyecto ferroviario de Chile, con toda esta geografía como distribución que tenemos, debería ser más que sólo transporte de carga. Es una ironía en el fondo, la idea de “carga cultural” que queremos llevar sobre las vías para potenciar un lugar, versus la carga que transportan, que es mineral y madera, que alimentan al país, pero que son fruto de la devastación del mismo.

 

Escrito por Jannel Lobos para Caja Cerebro

Artículos relacionados

Encuentro Caja Cerebro
Chillán recibe a expertos en innovación en arte y cultura