La tierra de los hombres verdes

Tras décadas de trabajo en la Fundición Nueva Ventanas Enami –hoy Codelco–, ex empleados de la termoeléctrica en la bahía de Quintero comenzaron a expulsar químicos desde el cuerpo y a desarrollar enfermedades.

En 51 años han muerto, dicen los registros, 240 personas al poco de jubilar. Mientras los sobrevivientes batallan para lograr indemnizaciones para ellos y sus familias, en ese mundo de chimeneas y vertidos tóxicos, la comuna más pobre a nivel nacional, ha sido declarado “zona saturada” por el Ministerio del Medio Ambiente en 1993 y nuevamente en 2015. En rigor, no está apta para desarrollar vida ahí.

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Martes 1 de diciembre, 6 de la tarde. Al comedor del Liceo Politécnico de Quintero comienzan a llegar de a uno los miembros de la asamblea de la Asociación Gremial de ex Funcionarios de Enami-Codelco, también conocidos como “los Hombres Verdes”. En la lista hay alrededor de 120 personas, la mayoría hombres de edad ya jubilados. Pero a las reuniones también asisten mujeres: las viudas de los miembros que murieron. Las viudas verdes.

Mientras que unos se saludan como viejos amigos y conversan a la espera de que llegue el presidente de la organización, Luis Eduardo Pino, otros entran a paso lento y se instalan en silencio. Un anciano de 80 años usa bastón; se sienta solo, sus manos se mueven involuntariamente y no articula una palabra. Tiene párkinson avanzado, a causa de los remedios que toma para el cáncer. Su sangre, explica el dirigente, reacciona con los químicos que tiene dentro del cuerpo. “Por lo menos él se puede mover, y no está en cama como otros”, dice Pino sobre ese octogenario de apellidos Hernández Bustamante, que ingresó a la Fundición Nueva Ventanas Enami en 1963 y salió de ella en 1978. Durante esa década y media trabajó como picador de la fundición.

Luis Eduardo Pino tiene 69 años. Usa unos lentes gruesos y tiene canas. Saluda a cada una de las casi 60 personas que están en esa sesión, la última del año. Debajo del brazo lleva un maletín que contiene una lista de defunciones: la de los ex funcionarios de la central termoeléctrica Fundición Nueva Ventanas de Enami (actual División Codelco Ventanas) que fallecieron entre los años 1964 y 1990.

En los exámenes toxicológicos que se les han hecho a los ex empleados que continúan vivos se lee que bajo su piel hay altas cantidades de plomo, arsénico, mercurio, cobre y cadmio. Todo está sobre el rango normal. De plomo, por ejemplo, una persona debiera tener entre 0,52 y 0,643 microgramos por decilitros. Fernando Venegas, de 76 años, tiene 8,57. El Servicio Médico Legal dice que esa cifra cae en el rango de “severamente anormal”. En el maletín de Pino también están las fotos de Eduardo Castillo Castro (71), el símbolo de “los Hombres Verdes”.

Las imágenes muestran el cuerpo y la cara de Castillo Castro con llagas de entre 10 y 20 centímetros. Algunas ya están secas, otras parecen escamas y se ven viscosas. De ellas emana un líquido de color verde mohoso. Castillo no sale de su casa, vive el drama de liberar exceso de plomo y arsénico por los poros escondido. Trabajaba recolectando muestras de químicos de la termoeléctrica.

Antes de comenzar la última sesión del año en el comedor del Liceo Politécnico de Quintero, Luis Eduardo Pino se saca los lentes y se refriega los ojos; en el marco de sus anteojos gruesos se ve una capa verdosa. Él, como todos los hombres que hay en la sala, está contaminado.

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Luis Eduardo Pino, presidente de “los Hombres Verdes”, demanda una indemnización por parte de Codelco Ventanas para los ex funcionarios enfermos debido a la exposición a químicos en las termoeléctricas.

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En el año 1960 se estableció la primera termoeléctrica –la Fundición Nueva Ventanas de Enami– en el pueblo de Ventanas, ubicado al interior de la comuna de Puchuncaví. En 1995 esa empresa fue comprada por Codelco, y hoy la fundición se suma a las 15 termoeléctricas que existen en la zona. Allí también están las empresas Aes Gener, Puerto Ventanas, Cemento Melón y Gasmar.

Codelco Ventanas y Aes Gener son las industrias más grandes en el complejo. Codelco Ventanas, que queda en el puerto, en Ventanas Bajo, tiene cuatro centrales y –dice su información corporativa– cuenta con activos por US$ 35.257 millones y un patrimonio que, a fines de 2014, ascendía a US$ 11.526 millones. Su chimenea más grande se divisa desde cualquiera de los hogares de la comuna de Puchuncaví, desde el pueblo de La Greda hasta Ventanas Alto.

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El agua que devuelve la termoeléctrica al mar con arsénico, mercurio y plomo, es liberada con una diferencia de entre 7 y 10 grados Celsius.

Los problemas de contaminación industrial en la comuna de Quintero-Puchuncaví no son nuevos. Ya en 1993 fue nombrada zona saturada de material particulado grueso (MP10) y dióxido de azufre (SO2) en el aire. El MP10 es originado en los procesos de combustión de bencina, carbón o gas y se genera a través de fuentes fijas, como hornos o calderas, o de fuentes móviles, como vehículos; también por el levantamiento de polvo a causa del viento o por el tránsito de vehículos, emisiones volcánicas y partículas biológicas –como polen o esporas– que se incorporan a la atmósfera.

El Registro de Emisiones y Transferencias de Contaminantes considera que en Chile hay cinco áreas bajo la condición de zona saturada: el campamento de la División Chuquicamata de Codelco, la zona circundante a la Fundición Potrerillos en Atacama, el área circundante a la Fundición Caletones en la Región de O’Higgins, el área circundante a la Fundición Hernán Videla Lira en Atacama y las zonas de La Greda, Campiche y Ventanas. Las cinco son áreas de desarrollo industrial.

En 1993, dos años antes del traspaso a Codelco, Enami propuso un plan de descontaminación para toda la zona. La idea era disminuir la emisión de mercurio, plomo y arsénico, entre otros contaminantes. Teóricamente iba a estar finiquitado exitosamente en 1999, pero doce años después, el 23 de marzo de 2011, hubo un episodio crítico: 23 niños y 7 profesores de la escuela de La Greda sufrieron desmayos y mareos, a partir de una nube tóxica liberada por la propia División Codelco Ventanas.

En 2013 fueron encontradas dos toneladas de sardinas muertas en la bahía en las afueras de la  empresa Aes Gener. Ese mismo año, la División Codelco Ventanas tuvo multas por 500 UTM, a raíz de la contaminación de aguas con metales pesados. En junio de 2015, la Superintendencia de Medio Ambiente se declaró incompetente para conocer y sancionar los hechos de contaminación por parte de la empresa de Codelco. Hoy, los medios locales llaman a Quintero-Puchuncaví “zona de sacrificio”, debido a que el área contiene altos niveles de químicos en el agua, el aire y el suelo. En rigor, es una “zona de saturada” declarada por el Ministerio del Medio Ambiente: no está apta para desarrollar vida ahí.

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El cuerpo de Eduardo Castillo Castro (71), es el símbolo de los verdes. Debido a los índices de mercurio, cobre y arsénico en su cuerpo está cubierto en costras y llagas que emanan un líquido verde. (vía La Estrella de Valparaíso)

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Luis Eduardo Pino ya no vive en Quintero. Llegó ahí en 1979, luego de ser trasladado desde Quillota para trabajar en la Fundición Nueva Ventanas de Enami, junto a otros 120 funcionarios. Pero, después de jubilar en 1988 y tras un matrimonio fallido, fracaso atribuido por él a su estado de salud, se fue. Hoy reside con su señora y sus dos hijos de este segundo matrimonio, Luis Eduardo (13) y Catalina (12), en Talagante. El dictamen de invalidez entregado por la Comisión de Medicina Preventiva e Invalidez (Compin) en el año 1998 dice que Pino fue jubilado por “incapacidad laboral de 2/3 por contaminación de metales pesados”.

Pese a sus malestares físicos, y en su papel de cabeza de la organización de “los Hombres Verdes”, Pino viaja en su auto a Quintero una vez al mes para reunirse con el resto de los casi 500 miembros que hoy tiene la organización. Según el registro que lleva su secretario, Osmán Pérez, a la fecha han muerto 240 ex empleados, principalmente por cánceres, por infarto al miocardio y paros cardíacos asociados a insuficiencia sanguínea.

El cáncer a los pulmones es la causa de defunción más común entre estos ex empleados. El estudio “Bahía de Quintero: Puerto Industrial y Energético de Origen Granelero”, de la Universidad de Chile, informa que, del total de muertos por cáncer en la zona, 51% corresponde a trabajadores que cumplieron funciones en la Fundición Nueva Ventanas Enami.  El promedio de edad de esos empleados es de 55 años.

La Asociación Gremial de ex Funcionarios de Enami-Codelco fue fundada el 9 de agosto de 2006, luego de 14 años de sesiones de análisis de la situación de salud de los ex trabajadores. A partir de ese trabajo se diseñó un petitorio basado en el contrato colectivo que hicieron los mismos trabajadores en el periodo 1985-1987 y que exigía indemnizaciones en caso de daños y enfermedad asociados al trabajo en la empresa.

Pocos meses después de haberse jubilado, Pino comenzó a sentir dolor de huesos: “Cuando salí [de Enami] pasé de médico en médico, y uno de ellos me dijo que yo no viviría más de un par de años”. Tomó entonces la decisión de partir al sur de Chile a curarse con un machi. Estuvo dos años tomando hierbas para eliminar los tóxicos de su cuerpo. Dice que los niveles de plomo en la sangre comenzaron a afectar su estructura ósea y su memoria: “No podía retener una oración, no podía mantenerme concentrado”.

Pero se recuperó. Y al volver a la zona central retomó las reuniones que tenía con amigos y ex empleados de su sección en la termoeléctrica: los funcionarios de Enami tienen a disposición un centro recreativo con piscina y canchas de fútbol y tenis en Mantagua. En esas instancias, Pino se fue dando cuenta de que cada vez quedaban menos. Sus amigos y ex compañeros se morían. Precisamente el fallecimiento de un trabajador, justo al día siguiente de su jubilación, en 2010, fue la gota que rebasó el vaso de Luis Eduardo Pino.

El primer fallecido que registra la Asociación Gremial de ex Funcionarios de Enami-Codelco data de 1984. Se llamaba Ricardo Aliro Basales Morales. En la actualidad, Pino y un grupo de la agrupación, porque no todos están de acuerdo con que se continúe el proceso, esperan los resultados de la exhumación de cinco cuerpos que se suman a los 29 que se han exhumado desde el año 2010.  Pino y la organización han acusado al Fiscal Regional de Quintero, Mauricio Dünner, de no entregar los resultados de las exhumaciones en las que el mismo Servicio Médico Legal (SML) que, en un informe de 2014, aseguró que los hombres contenían altos niveles de plomo, arsénico y cobre. Pese a que  en el medio regional Crónica Costera la Fiscalía corroboró lo informado por el SML, Pino en su poder tiene documentos, entregados por la entidad regional, sin timbres ni firmas.

En su casa, Pino revisa una portada de la revista de Enami del año 1987. Dice que esos trabajadores de la foto, sin el uniforme, no tienen las herramientas apropiadas para trabajar cerca de hornos que operan a 1.200 grados Celsius y desde de donde, explica, emanaban los químicos que se adherían a sus sistemas respiratorios.

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Luis Pino guarda una foto de sus compañeros en los años 80. Salen almorzando, sin equipo, a pasos de los hornos de 1.200 grados Celsius. El de la esquina, Ricardo Basales, murió quemado el año 1984. 

El primer acuerdo colectivo de los trabajadores con la empresa Enami es de 1985. El segundo, que se basa en el primero –solo que esta vez se diseñó junto con la División Codelco Ventanas–, consigna que se espera el pago de accidentes laborales reconocidos por la Compin que establece la Ley 16.744 y que dice: “para los efectos de esta ley se entiende por accidente del trabajo toda lesión que una persona sufra a causa o con ocasión del trabajo, y que le produzca incapacidad o muerte”.

El petitorio colectivo también habla, entre otras, de cuatro demandas. Finiquitos pendientes “de los destituidos políticos y laborales que estén de acuerdo al cargo” que desempeñaban al término de sus contratos por el trabajo pesado o por la exposición a altas temperaturas. Que “se haga efectivo el seguro por enfermedades asociadas a la exposición”. Que “se den bonos de compensación a las viudas por causales a las enfermedades profesionales”. Y “que se pague un bono compensatorio por secuelas crónicas”.

Uno de los obstáculos más grandes que enfrenta la Asociación Gremial de ex Funcionarios de Enami-Codelco para tener una respuesta concreta a su situación es la primera demanda: que se acredite que sus lesiones fueron causadas por sus años de servicio en la ex Enami. Codelco, que adquirió esa faena hace 10 años, declinó a hacer referencia a esta situación (ver recuadro).

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El último censo establece que Quintero-Puchuncaví es la comuna más pobre a nivel nacional. “La industria cuenta con trabajadores que no son de la zona, que ni siquiera pagan patentes aquí, por eso no se equivocan cuando dicen que es la comuna más pobre”, dice Miguel Inzunza, de 71 años, presidente del Consejo Ecológico Quintero Punchuncaví.

De acuerdo con el último “estudio demográfico de la municipalidad”, en Puchuncaví un 19,3% de la población está bajo la línea de pobreza, y en Quintero la cifra es de 11,3%. En Ventanas sólo un 46,8% de las viviendas posee electricidad; un 33,3%, agua potable y un 31,4%, alcantarillado. En Puchuncaví, en tanto, el 83% de las viviendas posee electricidad; el 72,4%, agua potable y sólo un 44%, alcantarillado.  Ese informe establece que la defunción más común entre los habitantes de la zona es a causa de cáncer. De esa gente, el 51% son trabajadores de Enami. En la actualidad, “los Hombres Verdes” viven la mayoría en la bahía de Quintero: “He vivido toda mi vida aquí, con todo lo que ha pasado igual no me quiero ir de mi hogar”, dice Luis Acuña Cofré, uno de los miembros de la asociación.

Inzunza, que vive en el centro de Ventanas Alto, a sólo 2 kilómetros del complejo industrial, trabaja junto a su esposa con menores de edad, porque ambos son católicos devotos. Y, aunque en su casa hace calor, las ventanas están cerradas: el aire de Ventanas Bajo no entra a su mundo. Tampoco toma agua de la llave; su agua para beber llega en bidones. Dice que la vida en Quintero, antes de la llegada de las termoeléctricas en los años 60, era distinta; la gente trabajaba la tierra y la pescadería era la principal fuente de trabajo.

El Consejo Ecológico Quintero Punchuncaví, que Inzunza preside, sostiene que existen alrededor de 22 depósitos de cenizas clandestinos en la comuna. Uno de ellos está frente al humedal de la desembocadura de Ventanas, uno de los nueve de “importancia internacional”, según establece el estudio “Bahía de Quintero: Puerto Industrial y Energético de Origen Granelero” de la Universidad de Chile. El humedal no sólo aportaba al abastecimiento de agua, al saneamiento ambiental y al control de inundaciones. También era fuente de alimento. Al menos lo era, ya que Inzunza asegura que han matado toda la vida animal y vegetal en esa área.

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En los años 60, Quintero era una zona agrícola. Hoy, el suelo está contaminado debido al material particulado (MP10) y al dióxido de azufre (SO2) 

En Codelco se estima que estos depósitos de cenizas son inocuos. Pero Inzunza asegura que “son tóxicos y cancerígenos”, ya que surgen a partir del proceso de combustión del mercurio, plomo, cadmio, cromo, níquel, manganeso y otros. “Cada termoeléctrica de 350 megas desecha 70 toneladas diarias de cenizas y aquí tenemos cuatro plantas. El gobierno anterior aprobó 7 proyectos de termoeléctricas más, y nadie se hace cargo de hacer un estudio serio”.

Pino, frente a sus ex compañeros y las mujeres en el comedor del Politécnico de Quintero, se para firme y mira directamente a su audiencia: “La señora Bachelet el último día de su primer mandato firmó un documento para aceptar la construcción de 42 termoeléctricas nuevas a nivel nacional. Una persona que dice ser doctora, que es más educada que nosotros, y ¿que no tenga una visión futurista? ¿De qué estamos hablando?”. La sala se mantiene en silencio.

El jueves 3 de diciembre, Inzunza fue a una reunión de trabajo para un nuevo plan de descontaminación en la zona, a la que se ha sumado Concón. Dice que el fracaso del plan anterior se debió a que se quedó corto: “Se diseñó para dos empresas, Enami y Chilectra, para poder controlar el material particulado MP10 y el SO2. Pero no se tuvo la previsión de que se construirían 20 empresas más”.

El Plan de Descontaminación explicado por el presidente del Consejo Ecológico de Quintero-Puchuncaví:

En la misma asamblea de “los Hombres Verdes”, Pino recita en voz alta el exceso de contaminantes que han sido liberados al mar: “Según la norma se puede vaciar el equivalente de 1,5 miligramos por litros, Codelco tiró 93 miligramos por litro; selenio, la norma establece 0,01, ellos lanzaron 0,1. Cloruro: 1,5, ellos lanzaron 113. Mercurio: 0,005, ellos lanzaron 0,02”. Y la lista suma y sigue.

En la prensa se ha utilizado el término “zona de sacrificio” para describir a Quintero, un término que acuñó el periodista de Chris Hedges, ganador del premio Pulitzer, debido al deterioro ambiental causado a partir de la inversión industrial en Estados Unidos. Quintero es una “zona de sacrificio” porque la contaminación en el área no la hace propicia para que seres vivos coexistan.

“La gente dice que esto es una zona de sacrificio, pero no, es una zona saturada, ya que se puede mejorar, sólo pedimos que emitan menos contaminantes. Sino, ¿qué? Si no es una zona donde vivir, entonces la gente se tendría que ir o derechamente se tendría que cerrar la actividad industrial”, estima Inzunza.

Tras una jornada de dos horas, Pino se despide de las hijas, viudas y hombres verdes que asistieron a la última sesión del año. Se verán nuevamente el 2016, cuando cumplan nueve años siendo asociación. Todavía no es de noche, pero el sol se está poniendo, mientras Pino maneja en su auto a su hogar en Talagante. Al salir, Pino gira su cabeza hacia el cementerio.

“Están echando abajo la parte alta del cementerio, porque no hay terreno donde dejar a nuestros seres queridos, es posible que usted no lo note. Porque esto es, para nosotros como ciudadanos, un mal sueño”, dice mientras deja atrás las chimeneas, el suelo seco y a los hombres verdes, por ahora.


La respuesta de Codelco

Tras la adquisición de la Fundición Nueva Ventanas Enami por parte de Codelco en 1995, desde la empresa aseguran que “los trabajadores de División Ventanas se rigen bajo los más estrictos controles de seguridad y salud ocupacional de la industria” y que respecto a la evaluación de agentes químicos establecen que “el 100% de los resultados se encuentran dentro de los rangos permisibles”.

Desde la División Ventanas aseguran que las emisiones han bajado sostenidamente desde la compra hace diez años de Enamiy que “han construido un moderno centro de acopio de concentrado, donde se han realizado la limpieza de varios pasivos ambientales acopiados desde hace décadas”. Además aseguran que han suspendido de forma definitiva las operaciones que generaban altas emisiones y que tiene un kilómetro de cierres perimetrales que los ayuda a disminuir el material particulado.

Miguel Inzunza, presidente del Consejo Ecológico de Puchuncaví afirma que la limpieza ha sido “superficial” y que sólo considera la basura que se ve y no así, la saturación de químicos en el agua.

Por parte de Codelco, pese a que no especificaron en cuáles serían, dice que se están creando proyectos ambientales de 160 millones de dólares para disminuir las emisiones.

Respecto al Plan de Descontaminación vigente del año 1993, desde la División afirman que “ha sido cumplido en su cabalidad por Codelco Ventanas” y que en este minuto está siendo reformulado por el Ministerio del Medio Ambiente para incorporar nuevas industrias. Además afirman que debido a “la naturaleza de las operaciones, no generan depósitos de cenizas”.

En 2013, Codelco fue multado con 500 UTM a raíz de la contaminación de aguas con metales pesados.  Hoy, afirman que aquella multa tuvo origen en 2011 y la principal fuente de emisión controlada en aquella época correspondía a la Planta de Metales Nobles, por lo que la empresa decidió darle fin a esa instalación en febrero de 2013.

“La decisión implicó el cese en un 100% de sus emisiones y de paso, dejar de producir oro y plata en sus instalaciones”.


 

El daño a la salud

El Dr. Enrique Paris, presidente del Colegio Médico,  frente a los contaminantes de la zona explica: “las consecuencias con el arsénico son desgraciadamente fatales, ya que puede producir problemas pulmonares como la bronquiectasia; en dónde se dilatan los bronquis y se infectan con facilidad. Además se puede producir inflamación interna en las arterias que causa infartos”.

El plomo en la sangre puede producir anemia y alteraciones neurológicas; la pérdida de memoria del presidente de “los Hombres Verdes”, Luis Eduardo Pino, se asocia a este compuesto.

Pino y la mayoría de los casi 500 ex funcionarios presentan dolores en los huesos: “los pacientes con intoxicación crónica tienen hipocalcemia que se relaciona a la osteoporosis. También tienen fracturas patológicas a causa de la debilidad de los huesos”, dice el doctor.

En el largo plazo, Paris señala que “si ya hubo daño neurológico es difícil mejorarlo” y que el mayor daño está en los niños que van a nacer si es que sus madres están expuestos. “El plomo pasa por la placenta, se acumula en el niño y puede nacer con problemas neurológicos debido a que éstos tienen ‘ventanas de vulnerabilidad’”.

Aquí la entrevista completa al Dr. Paris sobre el efecto de los químicos en los habitantes de Quintero-Puchuncaví: