Pasar a primero medio

A pesar de que Chile tiene educación media obligatoria desde 2003, aún se mantiene una tasa de deserción que alcanza el 11% en educación media. Si bien los informes oficiales no especifican, gran parte de esos niños que abandonan sus estudios proviene de sectores rurales. La distancia a los establecimientos, el costo económico y el desgaste emocional que causa el estar alejado de la familia, aún son factores que provocan que niños a lo largo de todo el país abandonen el sistema educativo.

Ana María Álvarez

Uno de los sueños de la comunidad educativa de Ensenada es tener acceso a la enseñanza media en la escuela de la localidad. El proyecto de remodelación de la escuela Epson Ensenada incluía el espacio para cuatro salas y un laboratorio, lo necesario para establecer los cursos entre primero y cuarto medio. Lamentablemente, la erupción del volcán Calbuco retrasó el proyecto, por lo que la apertura del primero medio que la comunidad esperaba se ha retrasado hasta 2017, cuando el proyecto inicial especificaba que las clases comenzarían en 2016.

Para Gladys Uribe, presidenta del Centro de Apoderados de la escuela, la implementación del ciclo es una preocupación constante. Aunque su hijo menor aún no llega a octavo básico, Gladys también piensa en los niños para quienes la escuela está muy lejos. La escuela Epson Ensenada acoge a niños de diversos sectores rurales, por lo que hay estudiantes que tienen que levantarse a las cinco de la mañana para asistir a clases en el colegio. Cuando esos mismos niños pasen a la enseñanza media, tendrán que desplazarse aún más para llegar a su lugar de estudios, en Puerto Varas o Frutillar, que tienen los liceos más cercanos.

“Hace muchos años que estamos con el sueño de la Enseñanza Media en Ensenada”, dice Gladys, refiriéndose al proyecto. Originalmente se hablaba de una sala, pero con las últimas conversaciones del grupo con las autoridades, se llegó a cuatro salas y un laboratINFOGRAFÍA1orio. Sin embargo, debido a los problemas derivados de la erupción del volcán Calbuco, el sueño se ha pospuesto, aunque ampliado. Gladys, por otra parte, señala que los apoderados han mostrado desconfianza ante el retraso del proyecto, una vez más.

“La gente se desanimó y logramos que los niños se matricularan en otros colegios. Nos ofrecieron la posibilidad de que los niños de primero a octavo asistieran a media jornada hasta junio del 2016 y hacer clases para media en la tarde, pero no podíamos aceptar eso, porque si en julio no pasa nada con la enseñanza media, esos niños pueden perder el año completo”, cuenta Gladys explicando la situación de la escuela.

Gladys explica que la escuela Epson en la única en el sector que tiene hasta octavo básico; las demás escuelas cercanas son unidocentes, las cuales tienen niños de hasta sexto básico, después del cual los envían a estudiar a la escuela Epson, de donde pasan a realizar su enseñanza media en otros establecimientos. Ensenada, según Gladys, es un lugar estratégico, ya que puede concentrar a los distintos sectores y a los niños de la zona y permitirles reducir los traslados que algunos realizan para llegar al Colegio por las mañanas y tarde. Actualmente, la escuela en Ensenada dispone de un bus que lleva a los niños de los sectores más alejados a sus casa, pero en algunos casos, los alumnos que viven en los faldeos de las montañas de la zona tienen que tomar otros transportes para llegar al colegio.

Los obstáculos

Además, en esos sectores existe el temor de que los niños dejen de ir al colegio cuando las adversidades se vuelvan mayores. Actualmente, en Puerto Varas no existe un internado masculino, sólo uno de niñas. Los niños que busquen estudiar en esa ciudad, tienen que acogerse al programa de familias de acogida que tiene Junaeb, o arrendar una pieza en alguna parte de la ciudad. El problema para muchos de ellos es que los ingresos familiares no les permiten esos gastos, por lo que tienen que buscar becas que les permitan mantenerse estudiando.

“Hay familias que no envían a sus niños al colegio, porque es oneroso enviarlos a Puerto Varas”, dice Ernesto Bustamante, el director de la Escuela Epson. “El departamento de educación sí les tiene un albergue, que se tiene que priorizar según las necesidades de los niños más vulnerables. Y como llegan desde todas partes de la comuna, no les garantiza el tener cupo ahí,” explica. Actualmente, el internado masculino de Puerto Varas está cerrado, y solo funciona el de niñas. Los alumnos pueden ir de internos al internado del Liceo A-30 en la ciudad de Puerto Mont, lo que suma otra media hora de distancia de sus familias.

La alternativa para los apoderados de niños es ingresar al programa de Residencia Familiar Estudiantil de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb). En este sistema, los niños alojan de lunes a viernes en las casas de familias tutoras, quienes se encargan de su alimentación y de darles apoyo afectivo para sostener su desarrollo integral durante los estudios. Los requisitos para ingresar a este servicio son vivir en sectores aislados o rurales en donde la oferta escolar sea limitada, mantener calidad de alumno regular y ser parte de una familia registrada en el Programa de Protección Social Chile Solidario. La idea detrás de este sistema es reducir el impacto emocional que tiene para los niños el tener que estar lejos de sus familias. Además, es posible renovarlo para estudiantes de enseñanza media y educación superior, hasta el final de la carrera profesional o técnica.

A pesar que desde 2003, durante el gobierno de Ricardo Lagos, se aprobó la ley que establece la educación media obligatoria, aún falta para lograr que todos los niños tengan acceso a ella de forma fácil y expedita. Las distancias que tienen que viajar estos estudiantes, el acceso a alojamiento (ya que no todas las ciudades cuentan con internados para los niños que viajan para sus estudios) y el estrés que genera la separación con sus familias, se transforman en obstáculos que los estudiantes tienen que superar para continuar con sus estudios.

“El desarraigar a un niño de su familia, cuando están acostumbrados a llegar todos los días a hablar con sus papás, es duro,” explica Bustamante, refiriéndose a lo que sucede con los alumnos que dejan sus hogares para seguir con sus estudios de forma más permanente. “El gobierno no los deja solos, pero el problema es que al alumno lo sacan del seno familiar”, dice, refiriéndose a la situación de los niños que se sienten desvalidos emocionalmente al dejar a sus familias, lo que puede transformarse en una de las causas de deserción para estos niños. La edad mínima para postular al programa de Residencia Familiar es de doce años, al pasar a séptimo básico, ya que la mayoría de las escuelas rurales unidocentes solo acogen a niños hasta sexto básico. La presencia de la escuela en Ensenada ayuda a distanciar la eventual separación de las familias, reduciendo las posibilidades de depresión y otras enfermedades mentales derivadas de la separación de las familia.

Para los padres que no pueden conseguir alojamiento para sus hijos en las ciudades de las escuelas, el pagar el pasaje de sus hijos todos los días (Foto 2entre Ensenada y Puerto Varas, el pasaje para estudiantes cuesta $700, cifra considerablemente superior al precio del transporte público en Santiago para el mismo segmento etario), termina por volverse una carga económica importante. Un nuevo obstáculo para hogares cuyo ingreso promedio es de alrededor de $476.857, en oposición a los $798.835 del ingreso promedio en los sectores urbanos. Actualmente, un 25,4% de los hogares rurales vive bajo la línea de la pobreza ($48.613 en 2011, de acuerdo al Ministerio de Desarrollo Social. En zonas urbanas, la línea de pobreza se encuentra en $72.098).

“Primero, porque les va mal afuera. Van a otro mundo distinto. Nuestros niños son más sanos, más dóciles, y afuera son más complicados los chicos. Y a veces los niños se van más por las cosas más negativas, no por lo positivo,” dice respecto a las razones por las que algunos niños dejan los estudios al pasar a Enseñanza Media y dejar a sus familias para asistir a internados o residencias familiares como las que ofrece Junaeb. Sin embargo, recalca que se trata de un número pequeño, ya que hay consciencia entre los mismos niños sobre la importancia de la educación que reciben. Sin embargo, Bustamante también señala que los alumnos que dejan el sistema escolar lo hacen por los obstáculos que tienen que enfrentar para seguir estudiando, lo que marca una diferencia con las razones que tienen los estudiantes de sectores urbanos para abandonar sus estudios (ver recuadro).

Hoy, en Chile, hay 3.720 establecimientos rurales, de los cuales 2.849 son municipales. Del total de instituciones rurales, solo 203 colegios tienen enseñanza media, incluyendo liceos técnicos y agrícolas. Esto significa que 29.003 estudiantes pueden cursar sus estudios de enseñanza media en los sectores rurales, de un total de 270.956 estudiantes de zonas rurales (Cifras extraídas de la base de datos del Ministerio de Educación, de acuerdo al informe de Estadísticas de Educación de 2014). La población rural llega 1.890.656 (de acuerdo a la información entregada por el Banco Mundial), y ha disminuido de forma constante en los últimos años, pero sigue habiendo niños que estudian en esos sectores y que se ven limitados en su elección de ofertas educativas.

Para los alumnos de la escuela de Ensenada, las opciones para continuar sus estudios implican trasladarse a algunas de las ciudades más cercanas, donde se encuentran los liceos que les permitirán completar sus estudios. Administrativamente, la escuela depende de la Municipalidad de Puerto Varas, pero Gladys señala que muchos alumnos prefieren asistir al liceo Industrial de Frutillar, donde pueden cursar una carrera técnica que les permitirá en un futuro tener un título profesional. Sin embargo, esto implica sumar horas de traslado en la mañana y en la tarde. Puerto Varas, la ciudad más cercana, no cuenta con un liceo industrial y solo tiene un liceo científico-humanista, el Pedro Aguirre Cerda, que cuenta con espacio para 900 alumnos. Aunque no se trata de un liceo técnico, sí ofrece la posibilidad de obtener títulos medios en Contabilidad, Ventas y Turismo. Si los alumnos deciden no matricularse en ese colegio, tienen que recurrir a los colegios privados y subvencionados de la zona, los cuales no siempre cuentan con becas para estudiantes.

El director de la escuela Epson Ensenada, Ernesto Bustamente, ha insistido en que el establecimiento de la enseñanza media en la escuela Epson Ensenada debe ser una prioridad para las autoridades educativas de la zona, quienes deben velar por la educación de todo estos niños. Gladys Uribe explica que los asistentes sociales del Departamento de Asistencia Económica de la Municipalidad les han presentado becas y ayudas a los niños, pero que muchas veces los padres no tienen consciencia de quiénes pueden acceder a estos beneficios. Actualmente, la empresa Epson, que apadrina la escuela, otorga una beca para que el mejor estudiante de la generación pueda cursar su enseñanza media en el colegio de su preferencia.

La reforma educacional

La reforma educacional impulsada por el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet ha hecho hincapié en la importancia de rescatar los colegios municipales, cambios en la institucionalidad, cambios en la preparación de los docentes y fortalecimiento de la educación superior. Sin embargo, los problemas específicos de la educación rural no son parte del proyecto. En los documentos entregados por el Ministerio, las palabras “rural” y “ruralidad” brillan por su ausencia. Tampoco se toma en cuenta que poco más de la mitad de los colegios municipales son efectivamente colegios rurales, principalmente escuelas unidocentes, que contienen a pocos niños en zonas aisladas. En el proyecto de carrera docente se menciona la mantención de la bonificación que reciben los profesores encargados de escuelas rurales.

Asimismo, las dificultades propias de enseñar en zona rurales no están consideradas en la mayoría de los programas de formación de profesores del país. Actualmente, la preparación de educadores rurales se realiza sólo en la Universidad de Playa Ancha (como Pedagogía en Educación Básica con Mención en Educación Rural y Desarrollo) y en la Pontificia Universidad Católica (como Postítulo de profesor especialista en educación rural), la cual lo ofrece en su sede de Villarrica, en la novena región. La rotación de profesores en esas zonas es alta, de acuerdo al Ministerio de Educación: en 2013 salieron 1.516 profesores y entraron 2.153 nuevos docentes al sistema rural.

En la presentación realizada por el entonces ministro Nicolás Eyzaguirre para la comisión de educación de la Cámara de Diputados, el único punto que directamente trata la situación de los colegios rurales se refiere a la compra de equipamiento tecnológico para las aulas. Se apunta a entregar materiales a 2.100 escuelas rurales, 1.732 de ellas públicas. Esto dejaría fuera del programa a 1.117 escuelas rurales municipales, un 39,2% del total de las escuelas municipales rurales del país.

El proyecto tampoco menciona la implementación de liceos agrícolas o industriales en sectores rurales, al igual que otras problemáticas exclusivas de la educación rural, como lo son el acceso y los cursos multigrado.

El último proyecto estatal realizado dedicado a las escuelas rurales fue “Integrando la RuFoto3ralidad” en 2014, a través del programa “Enlaces”. El proyecto se basó en la entrega de material computacional y tecnológico para la educación rural. Se trató del primer programa que buscó efectivamente ayudar a los liceos en sectores aislados a integrarse digitalmente.

Ejemplos exitosos

Sin embargo, existen alternativas que buscan ayudar a los niños a mantenerse en el colegio.

Paola Maffei, directora del Colegio San Vicente de Paul de Puerto Octay, explica que los fondos SEP (Subvención Escolar Preferencial) que asigna el estado a escuelas municipales y subvencionadas que educan a niños vulnerables, se asignan a administración y gestión de elementos no básicos para las escuelas, como lo son materiales didácticos o el transporte escolar. El San Vicente de Paul es particular subvencionado (depende de la Sociedad San Vicente de Paul), pero está considerado como particularmente vulnerable, y de su población escolar, alrededor del 80% proviene de sectores rurales, siendo estudiantes que tienen que trasladarse hasta una hora para llegar al establecimiento. Los fondos SEP asignados a estos colegios deben ser usados en proyectos para mejorar las condiciones de los estudiantes. En la institución que ella administra, alrededor del 80% de los estudiantes proviene de los campos de los alrededores, por lo que uno de los gastos es el transporte para los que provienen de sectores más lejanos.

Además del transporte, hay otros factores que influencian la deserción escolar, por lo que en el Colegio San Vicente de Paul se incluyen programas que refuerzan a los estudiantes que tienen dificultades de aprendizaje. Este colegio cuenta con fonoaudiólogo, psicopedagogos y educadores diferenciales para asegurarse de que los niños tengan acceso a lo que necesitan para proseguir sus estudios. Asimismo, hay una asistente social, Andrea González, que se encarga de velar por los niños y su situación familiar.

A diferencia de la escuela Epson, el colegio San Vicente de Paul cuenta con enseñanza media. Esto contribuye a que la deserción sea mínima. Sin embargo, Paola Maffei señala que también existe consciencia por parte de los apoderados. “Para los papás ahora es importante que sus hijos tengan cuarto medio, porque saben que en cualquier trabajo se los van a pedir”, dice Maffei.

“Está penado por la ley cuando un padre deja de enviar a sus hijos al colegio”, indica la directora, antes de explicar que se mantiene vigilancia sobre la asistencia de los alumnos. En caso de que alguno falte a clases por un período prolongado, se comunica inmediatamente a las autoridades que se encargan de proteger a los menores y su derecho a la educación.

Desde la implementación de la ley de Educación Media Obligatoria, el colegio San Vicente de Paul ha logrado disminuir notoriamente la deserción de sus estudiantes del sistema educativo. La asistente social Andrea González, quien trabaja en el establecimiento indica que el tener educación continua les permite tener un mejor seguimiento de los estudiantes. Si bien señala que de vez en cuando se acercan estudiantes para decirle que están considerando retirarse de los estudios.

“Normalmente es porque tienen problemas de rendimiento y se desmotivan”, explica. Muchos de estos estudiantes tienen que viajar por horas para llegar a Puerto Octay. González señala que para estos casos, es muy importante que el colegio cuente con la ayuda de los padres. Si los padres son conscientes de la importancia que tiene la educación para el futuro de sus hijos, ellos son quienes pueden convencerlos de mantenerse al interior del sistema. A ellos les presentan las diversas alternativas que existen para la educación superior, que no se restringen a las universidades.

“A veces tenemos padres que son reacios a participar en el colegio. Algunos de ellos tienen baja escolaridad y no entienden por qué es importante que sus hijos sigan estudiando”, cuenta la asistente social.

A través de los años desde el cambio de la ley, sin embargo, Andrea González señala que hay un cambio en la actitud de los padres, quienes prefieren el establecimiento porque les entrega mejores oportunidades a sus hijos que los colegios municipales.

“Hoy tenemos papás analfabetos cuyos hijos han ganado el premio de mejor lector en el colegio, y para ellos es algo muy importante”, cuenta González. Para ella, la participación de los padres de los estudiantes es algo esencial para que los jóvenes se mantengan en el colegio y terminen sus estudios, o incluso puedan continuar dentro de la educación superior. También indica que la actitud de los profesores es importante.

“También ha habido un cambio con respecto a eso,” indica la asistente social. “No se puede hacer nada con profesores que creen que sus alumnos no van a llegar a nada”.

Tanto Maffei como González creen que la oportunidad de estudiar en un colegio que incluye enseñanza media es un punto a favor de los estudiantes, ya que tienen la continuidad de los estudios asegurada en el mismo centro.

Gladys Uribe, del centro de padres de la escuela Epson Ensenada, cree que el trabajo con los apoderados es muy importante para ayudar a los niños a mantenerse en el colegio. “La única herencia que uno le puede dejar a los hijos es el estudio, porque ahora como estamos, ellos tienen que saber.”

La situación del Colegio San Vicente de Paul es muy diferente a la que tiene la escuela Epson Ensenada, pero sin embargo es un ejemplo de lo que la comunidad ensenadina busca: tener acceso a educación de calidad y poder acompañar a sus niños en el proceso educativo. Una enseñanza media en el sector les haría más fácil a esos niños y sus familias el asistir a clases, ahorrándoles los traslados largos y el gasto excesivo en transporte y alojamiento.

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El panorama nacional

En 2006, la encuesta CASEN arrojó que las cifras de abandono escolar para jóvenes entre 14 y 17 años llegaban al 12%, en alto contraste con lo que sucedía en centros urbanos, donde la no asistencia en el mismo tramo etario llegaba solo al 7%. Esto se traduce como 18.854 jóvenes que habían abandonado sus estudios.

Las razones que se entregan para el abandono de los estudios incluyen el embarazo o paternidad, las dificultades económicas y la desmotivación ante los bajos resultados académicos. También se incluyó la búsqueda de trabajo o el trabajo como tal, a pesar de que el estudio arrojó que un porcentaje importante de los estudiantes que abandonaban sus estudios no estudiaban. En un informe elaborado por el Centro de Políticas Comparadas en Educación de la Universidad Diego Portales (2009), se llegó a la conclusión de que la residencia en sectores rurales era un factor considerable de deserción escolar. En ese entonces, a solo tres años de la implementación de la ley de Enseñanza Media Obligatoria, la deserción escolar en zonas rurales alcanzaba el 21,7%, lo que indicaba una probabilidad 2.15 veces mayor de desertar el sistema educativo para jóvenes de zona rural, versus sus coétaneos en sectores urbanos. Tanto para sectores urbanos como rurales, el punto de inflexión era el paso a la enseñanza media. El estudio también concluyó que en el caso de los estudiantes rurales, la deserción incluso podía empezar a edades más tempranas que para los niños de sectores urbanos.

Actualmente, las cifras de deserción escolar (tanto para sectores urbanos como rurales) llegan a un 11% en la educación media, y a un 7% en la educación básica (de acuerdo al Informe del Observatorio Niñez y Adolescencia, realizado en 2014). Esto suma un total de 101.248 niños y jóvenes que no asisten a ningún establecimiento educativo. Las regiones que muestran mayores tasas de abandono (Aysén, Tarapacá, Arica y Parinacota, Los Ríos, Los Lagos, La Araucanía y Antofagasta) combinan los factores de ser lugares extremos, población indígena, ruralidad y pobreza. El Observatorio señala que en estas regiones se tiene una mayor vulnerabilidad, especialmente para niños en sectores rurales, lo que incrementa la deserción escolar para todos los niveles.

En los últimos años se ha implementado el Sistema de Alerta Temprana (SAT) que busca detectar tempranamente a los estudiantes en riesgo de deserción y poder solucionar esos problemas antes del abandono. Hoy, el sistema se encuentra en modo de prueba en colegios municipales de la comuna de Peñalolén desde 2010, y ha beneficiado a más de 7.000 estudiantes, disminuyendo en un 37% la deserción escolar y aumentando la asistencia de los niños involucrados en el programa.

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