Chug Chug y El Médano: el arte rupestre olvidado del Desierto de Atacama

Por Carla Toledo y Cristian Ascencio

Un lugar donde raramente llueve, las temperaturas son extremas y la vida parece escasa. El desierto chileno evoca soledad. Sin embargo, el lugar más árido del planeta nos ofrece testimonios únicos de quienes lo han ha-bitado. Mientras en las cercanías de Calama se concentran alrededor de 500 geoglifos dibujados por los caravaneros prehispánicos que viajaban entre el altiplano y la costa, en las proximidades de Taltal se esconde la Quebrada El Médano, en que pescadores de hace más de un milenio retrataron la caza de ballenas y tortugas.

Ambos sitios evidencian la disyuntiva presente en el patrimonio arqueológico: hasta qué punto difundir su existencia y hasta dónde ocultarla para protegerla.

Gonzalo Pimentel, arqueólogo y director de la Fundación Patrimonio Desierto de Atacama, ha dedicado gran parte de su carrera a la puesta en valor de aquel patrimonio. Justamente esto lo motivó a montar en la última Feria Puerto de Ideas de Antofagasta la exposición “4 mil años de arte rupestre en el desierto de Atacama”, en que explica la diversidad de dibujos de pueblos originarios que se pueden descubrir en la zona. “Tanto un político como un ciudadano común quedan sorprendidos: son maravillas que tienen a mano y cuya existencia desconocían”, relata.

Pimentel apuesta por la difusión de estos sitios que explican la cosmovisión de los pueblos nortinos. “Antiguamente se pensaba que era mejor no mostrar porque así la gente no sabía dónde estaba la arqueología y no se dañaba. Hoy no existe lugar al que no se llegue. Lo mejor que podemos hacer es mostrarlo y hacerle ver a la gente la importancia que tiene”, explica.

Según la Fundación Desierto de Atacama, algunos geoglifos de Chug Chug han sido dañados por vehículos.
Según la Fundación Desierto de Atacama, algunos geoglifos de Chug Chug han sido dañados por vehículos (crédito foto: Fundación Desierto de Atacama).

El caso de Chug Chug, cuyos geoglifos más antiguos datan de hace 4 mil años, es un buen ejemplo de desconocimiento y desprotección. Varios arqueólogos, entre ellos el mismo Pimentel, han denunciado que el Rally Dakar provocó serios daños a algunas figuras en su paso por Chile. Pero lejos de llamar a un cierre del sitio, el investigador apela a un turismo responsable y en que se inserte a las comunidades locales. “Habría que pensar en esto como una fórmula que puede contribuir al desarrollo de las regiones”, dice Pimentel.

“No se ama lo que no se conoce”, recalca Paula Ugalde, arqueóloga ariqueña. Ugalde se dedica a la investigación de los primeros habitantes del desierto y además escribió un cuento para niños sobre el mundo prehispánico, en un intento por unir arte y ciencia. “Falta que los mismos científicos tomen parte de su tiempo para hacer la difusión”, dice.

Sobre como difundir el patrimonio sin poner en peligro los lugares, la arqueóloga sostiene que hay que partir por la educación para generar apego emocional: “Mientras la gente no entienda el pasado, los sitios van a estar en peligro”.

Verónica Díaz, encargada de colecciones del Museo de Antofagasta, coincide en que la educación es fundamental para la puesta en valor de la arqueología de la zona, aunque recalca que sitios como El Médano han logrado preservarse justamente por su aislamiento “lo que impide que el turismo informal llegue hasta ahí”.

La quebrada El Médano se ubica en la comuna de Taltal y ahí se encuentran pictografías de los primeros pueblos costeros en que se retrata la caza de ballenas y otras especies.
La quebrada El Médano se ubica en la comuna de Taltal y ahí se encuentran pictografías de los primeros pueblos costeros en que se retrata la caza de ballenas y otras especies (crédito foto: Caminantes del Desierto).

El Médano es una quebrada al norte de la comuna de Taltal en que se han descubierto pictografías datadas entre el 500 y 1.600 d.C. Los antiguos habitantes costeros retrataron la caza de auquénidos y la pesca de grandes ballenas, peces espada y tortugas, utilizando pigmentos de óxido mineral. “Falta difundir El Médano, pero si estos sitios son alterados, menos información vamos a poder obtener de ellos”, dice Díaz.

Agustín Llagostera es uno de los mayores investigadores de la Quebrada El Médano y la arqueología costera de Antofagasta. Para Llagostera, una de las misiones de la ciencia es la difusión, pero explica que se debe poner hincapié en la protección, sobre todo tomando en cuenta el enorme daño que han sufrido muchos sitios arqueológicos. “Hace unos años hicimos un catastro del borde costero de la Región de Antofagasta en que ubicamos más de mil sitios. Más del 70% estaban ‘huaqueados’, es decir que habían sido saqueados por personas que comercializan con los objetos o que simplemente se los llevan como adornos a sus casas y los ponen en la mesa de centro”, manifiesta.

El antropólogo y académico de la Universidad de Antofagasta sostiene que se puede soñar con convertir El Médano en un punto de interés turístico, donde los visitantes puedan conocer la vida de los pescadores que desafiaban el mar y cazaban cetáceos en botes de piel de lobo, pero “si el lugar está abierto al público, tiene que haber una estrategia para protegerlo”. A lo que se suma otro factor relevante: “Transformarlo en un museo de sitio (como Altamira, en España), sería lo ideal, pero en cosas como ésta siempre topamos con los recursos”.

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