Venezolanos se enfrentan al reto de emigrar en familia

Por Janina Marcano

Muchos de los venezolanos que llegan al país tienen ascendencia chilena, pues sus padres o abuelos se traslada-ron a Venezuela durante los años 70. Ahora la crisis los trae a Chile en busca de una economía mucho más estable
Muchos de los venezolanos que llegan al país tienen ascendencia chilena, pues sus padres o abuelos se trasladaron a Venezuela durante los años 70. Ahora la crisis los trae a Chile en busca de una economía mucho más estable.

“Estar segura y tranquila vale más que todo el dinero del mundo” dice Reveka Hurtado, emprendedora que lo dejó todo en Venezuela hace 14 meses y actualmente vive con su familia en Santiago.

A los seis meses de haberse instalado, invitó a su padre y madre de 46 y 44 años, respectivamente, a disfrutar de la misma calidad de vida que ella asegura haber encontrado. La decisión familiar fue impulsada por la inseguridad social y la incertidumbre que rodea al escenario de la economía venezolana.

Más historias como esta han empezado a transitar con regularidad por las calles de la capital. Según el coordinador de atención del Departamento de Extranjería y Migración, Francisco Sepúlveda, el perfil de los venezolanos que llega al país ha cambiado de forma contundente el último año. Ahora son familias y personas de la tercera edad quienes tocan la puerta.

“Definitivamente la cifra de venezolanos que solicita visa se ha incrementado, pero lo más interesante es que ya no llega únicamente el soltero profesional. Ahora veo a muchas más familias y ancianos realizando todos los trámites”, asegura.

Desde hace tres años, Sepúlveda ha visto la evolución de los solicitantes de visa, quienes se han transformado de jóvenes con título en mano a familias enteras que se trasladan en búsqueda de oportunidades.

El coordinador atribuye este cambio a la crisis que actualmente atraviesa el país caribeño y al perfil del inmigrante venezolano, ya que muchos de ellos tienen una experiencia laboral destacable o al menos documentos que acreditan haber finalizado una carrera universitaria. Debido a esto, pueden aspirar a ingresos que les permitan plantearse un futuro más estable y traer a sus parientes.

“Nunca he visto a un venezolano que presente un contrato de trabajo por el sueldo mínimo, por ejemplo. Eso es un indicio de que son un grupo preparado, porque en Chile la gran mayoría se desempeña en trabajos de ingresos bajos”, asegura.

Según datos del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior, en el 2013 se otorgaron 1.463 visas de residencia a venezolanos. Este año, un nuevo informe del mismo organismo refleja que la cifra aumentó 192% entre 2014 y 2015, y ubica a esta  comunidad de extranjeros entre las más grandes de las que habitan en el país.

Ante esto, Sepúlveda  pronostica otro aumento en las estadísticas durante los próximos años, pues cree que al menos 80% de los venezolanos que llega al país se queda.

“Creo que son una sociedad ordenada y que tienen objetivos claros. En ese aspecto, creo que los venezolanos no tienen mayores dificultades para adaptarse”.

La ruta hasta Chile

La llegada de más familias también depende de las condiciones económicas de ese país y de una evolución favorable en la crisis que sufre actualmente, pues con los meses, el camino para emigrar es cada vez más complejo.

Según la Gaceta Oficial N° 40.895 publicada el 3 de mayo de este año por el gobierno venezolano, el salario mínimo aumentó 30% y se ubica en US$13 al tipo de cambio paralelo (el de mayor referencia para productos y servicios), cifra que se encuentra por debajo del sueldo de países como Cuba. Pero el incremento de sueldo declarado por el ejecutivo no significa necesariamente una mejora del poder adquisitivo, ya que de acuerdo a datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), la inflación en Venezuela cerró el 2015 en 275%.

Con este panorama, las maniobras para lograr adquirir un boleto de avión son más complicadas. En una economía que actualmente se rige bajo control de cambio, los venezolanos solo tienen opción a dólares a través de un pago al gobierno en moneda local por una cantidad específica que no puede exceder los 2 mil dólares por año. De esta manera, pueden hacer uso de la moneda estadounidense en el exterior.

Riccio Noguera, ingeniero mecánico y padre de dos niños, vive en Santiago desde hace seis meses y explica que le tomó varios años reunir el dinero para poder comprar un ticket de ida y a Chile, aunque asegura que desde ese momento sabía que no regresaría.

“Durante varios años viajé a destinos más cortos, prácticamente no utilicé los dólares que me asignaba el gobierno y regresaba con el dinero de vuelta a mi país. Además tuve que vender mis terrenos. Así ahorré el dinero”, cuenta. Para Noguera, la situación se vuelve en muchas ocasiones desesperante, pues debe luchar con la sensación de haberlo perdido todo sumado a la soledad que le deja la separación familiar.

Actualmente, este ingeniero se encuentra buscando un empleo que le permita traer a sus hijos y esposa. “Esa es mi principal tarea pendiente”, asegura.

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