Editorial

Adiós Imaginario

28 Nov , 2016  

23 días y 15 ediciones han pasado desde que comenzamos a hacer El Imaginario como un diario completo y en serio (a pesar del nombre). Para fortuna o desgracia –no hay consenso sobre el punto– las semanas en que lo hicimos fueron particularmente noticiosas.

Tuvimos las elecciones de Estados Unidos y el inesperado triunfo de Donald Trump. El Gobierno y la Nueva Mayoría vivieron días críticos marcados por la discusión del reajuste a los sueldos del sector público; esa misma crisis estuvo de la mano de un paro nacional que se extendió por tres semanas.

Y las noticias no pararon allí, los incendios forestales afectaron como nunca a la Región Metropolitana y sobrepasaron la superficie quemada en años anteriores por casi un 600%. El ingeniero comercial Rafael Garay, acusado de estafa, finalmente fue encontrado en Rumania. Y la carrera presidencial se desató poco a poco, con viejos conocidos y otros no tanto como protagonistas.

El fútbol también fue fuente constante de noticias. La FIFA sancionó a Bolivia y le dio dos puntos adicionales a Chile. Más tarde Chile jugó la última fecha de clasificatorias de este año contra Uruguay. Basta decir que ese día trabajamos más rápido y nos fuimos más temprano que cualquier otro. Valió la pena. Triunfo rotundo por 3 a 1.

Pero sin duda la política fue el tema que dominó nuestras portadas. Cuando partimos no nos planteamos seguir esa línea en particular. “Nos dejaremos llevar por la ola”, dijimos. Y hasta aquí hemos llegado, casi ahogados.

Apostamos y a veces gustó, como cuando estuvimos “EnTrumpados”. En otras ocasiones quizás fuimos víctimas de la ola de calor, o de algún fenómeno de raíz similar, y no nos “afirmamos”. Como sea, apostamos. Tal como cuando elegimos llamarnos El Imaginario.

Quisimos hacer un diario que, sin evadir la contingencia, también fuese una declaración de cómo miramos la realidad y el país en que vivimos. Diverso, multicultural, inclusivo, honesto y sin prejuicios. Así es el lugar en el que nos gustaría vivir y que creemos está desplegándose frente a nosotros.

Quizás el hecho de que la política y sus consecuencias tuviesen un rol protagónico en cada edición, más que una declaración de principios, es un testimonio de cómo estos hechos son transversales y nos afectan e importan a todos. Es muestra de que un grupo compuesto principalmente por gente joven –salvo excepciones– puede preocuparse de temas que socialmente no se asocian con la juventud.

En este último número esperamos recordar todas esas ideas y también despedirnos con el mismo entusiasmo del inicio.

Sí, nos despedimos del sufrimiento matutino por la falta de buenas pautas, del estrés de cada cierre; de la angustia de definir una nueva portada. Pero también despedimos nuestra convivencia como compañeros y compañeras.

Cuando comenzamos esto dijimos que un mes de diario probablemente se sentiría como un siglo. Los profesores y las generaciones anteriores nos advertían del agotamiento extremo que significaría, de que al final no querríamos vernos entre nosotros por la cantidad de tiempo que estábamos obligados a pasar juntos.

Sin duda ha sido agotador, y sí, la persona que más hemos visto durante casi un mes es nuestro compañero o compañera de escritorio, pero cada jornada de trabajo –con todo y sufrimiento asociado– ha sido enriquecedora, porque tuvimos la posibilidad única de pasar por los temas que nos gustan y por aquellos que desconocemos, porque cada diario era más que un conjunto de artículos periodísticos: era una colaboración pensada entre los 14 integrantes de este curso diverso.

Nos despedimos con un adiós como corresponde, un adiós imaginario. Y ahora, a beber, pero no imaginariamente…

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