Cultura

André Brugiroux: “Sin pagar un peso en transporte, viajé 400 mil kilómetros”

21 Nov , 2016  

Javier De Iruarrizaga

El pasado miércoles llegó desde París André Brugiroux, el viajero más influyente del siglo XX, para participar el sábado en la segunda versión de “Ciclos de relatos viajeros”, encuentro en el que estará junto a otros cuatro expositores para contar diversas aventuras por el mundo, en los jardines de CorpArtes. Él es el plato fuerte.

Viste una polera roja donde se lee el nombre del libro que escribió hace cuarenta años cuando dio la vuelta al mundo sin gastar un solo peso en transporte. El pelo muy blanco, la espalda encorvada y la sordera en su oído derecho dan cuenta del cansancio natural tras medio siglo de aventuras: “Tengo 79 años, ya no tengo la fuerza que se necesita para seguir viajando”, dice.

¿Qué espacio ha ocupado Chile en su mapa?

“Chile ha sido un país generoso conmigo, un país del que tengo buenos recuerdos. Especialmente porque la última vez que lo visité, en 1968, tuve que venir a Santiago para una operación de urgencia. Sucedió que haciendo “autostop” me senté sobre una caja de botellas de cerveza, y se rompieron. Tuve una ruptura de ano, tremendamente doloroso. Y un doctor santiaguino, que había visto mi historia –pues había sido contada en El Mercurio- me operó gratis. Tenía 30 años y llevaba más de 13 años viajando”.

¿Desde cuando el anhelo de viajar?

“Yo nací con el sueño de visitar todos los países del mundo, desde niño, pese a que vivía en la post guerra y nadie pensaba en eso. Mi historia se divide en dos partes: La primera va de1955 hasta 1973. Fueron 18 años desde que salí de París para trabajar a Escocia y aprender inglés, nunca pensé que me iba a demorar tanto en volver. Y si lo hice fue porque tenía disentería, con los dedos podía rodearme la cintura. Estaba muy flaquito. La segunda etapa empieza con ese retorno y me quedé 30 años en París, viajando entre 6 y 8 meses al año para visitar los otros países que me faltaban”.

¿Cómo fue esa primera etapa tras dejar Francia?

“Las cosas se me dieron de cierta forma porque en el mundo hay un problema práctico: todos tienen diferentes idiomas. Por lo mismo me propuse aprender muchos de ellos y partí a Escocia con ese fin. Estuve ahí por un año, también en Italia, dos en Alemania y dos en España. Luego estaba obligado a hacer el servicio militar francés, y lo aproveché para viajar más. Me fui al Congo, que era colonia francesa. Esos ocho años en total fueron mi formación, e intenté ir a la URSS a aprender ruso, pero no me dejaron entrar”.

¿Cómo lo hacía para solventar económicamente sus viajes?

“Como había hecho cursos de hotelería en Francia, me ofrecía en hoteles de todos lados para subsistir. Eso me ayudó para comer, vivir y aprender idiomas. Trabajaba de cocinero, de camarero, recepcionista, telefonista y todo lo que pudiera. Luego de esa etapa, tras fracasar en mi ingreso a Rusia partí a Canadá, y me di cuenta de una cosa que no sabía: Pagan más en América del Norte que en Europa. Por primera vez podía ahorrar, y como tenía el sueño de ver el mundo, esta era una oportunidad única. Así trabajé tres años como traductor en Toronto, lo que me permitió hacer un fondo suficiente para viajar los siguientes seis años por el mundo. Fue en esos años que di la vuelta al mundo, gastando los ahorros de Canadá gota a gota, de a un dólar por día”.

¿Cómo se logra viajar y subsistir por seis años con un dólar diario?

“Un dólar era el precio de dos hamburguesas y una Coca Cola en esos días. No pagué nunca para viajar, todo lo hice en “autostop”. 400 mil kilómetros fueron, que es la distancia que existe entre la Tierra y la Luna. Tuve que hacer también “barcostop”, “velerostop”, y hasta “aviónstop”, lo más complicado. La otra forma para ahorrar fue nunca pagar hoteles, dormía a la intemperie. Tampoco pagaba restaurantes. Comía en ferias, en la calle”.

Muy famosa es una imagen suya haciendo “autostop” en Alaska, con -45° de temperatura. ¿Cómo fue ese momento?

“Esa fue una fotografía montada por un periodista, pero en la realidad nunca me quedé fuera con 45° bajo cero para esperar todo el día. Yo esperaba a alguien en un café, donde había comida y calor, pues pasaban dos o tres coches al día. Lo otro era entregarse a morir. La foto salió grande en un periódico canadiense y se esparció el rumor de que yo hacía esa locura”.

¿Y las detenciones que ha sufrido?

“Eso sí que es verdadero, me detuvieron siete veces en distintos lugares. Y estuve muchas otras en la cárcel porque lo pedía yo. Todo techo es un refugio. En Ushuaia dormí en la cárcel y el periódico al día siguiente titulaba “Primeros hippies detenidos en la Patagonia”. Nunca hice nada para irme detenido, pero por el pelo largo, la cámara de fotos, y la mochila muchas veces me acusaron de espía, guerrillero y revolucionario. En Colombia pensaron que yo era un pirata del aire y que quería secuestrar un avión hacia Cuba en tiempos del Ché Guevara. En Afganistán puse mi saco de dormir en un lugar equivocado y desperté con una bayoneta en la cara. En Venezuela me pusieron seis metralletas Kalashnikov en las costillas porque me estaba lavando el pelo en la cisterna de agua potable de la ciudad. La semana antes unos castristas habían matado a unos policías y me confundieron con uno. No sé cómo salí vivo”.

“En Costa Rica estuve una semana preso por pelearme con un funcionario de aduana y terminé deportado. Me deportaron muchas veces, pero a mi degusta la deportación, porque son viajes gratis”.

¿Cómo se hace para llegar a la gente de las distintas partes del mundo?

“Hay gente maravillosa y amable en todas partes. Pero parte de uno mismo, de tu disposición, de tu humildad en el trato. Hay que considerar que el otro es un hermano, yo no elegí dónde nacer, no por haber nacido en Francia soy superior -aunque hayamos creado el camembert-. Es en el tercer mundo donde se aprende más. Hay más ayuda entre ellos, dan lección de vida y humildad a los europeos”.

¿Algo pendiente?

“Hay muchas cosas que quisiera conocer, podría hacerte un libro. Pero no voy a viajar más, ya basta. Tengo 79 años y para hacer lo que hice en mi vida son necesarias dos cosas: Tener ganas de hacerlo y tener más fuerza. No tengo ya ninguna de las dos. Pero sí hay un proyecto pendiente que pretendo hacer: El archipiélago los Chagos, en la mitad del Océano Indico. Ya me conseguí el yate que me va a llevar, ahora sólo tengo que concretarlo.”



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