Opinión

“Arrival”: aprendamos a comunicarnos

23 Nov , 2016  

Sebastián González 

El domingo pasado, cuando mis pensamientos esperaban al inevitable lunes, apareció mi hermana para proponer algo “distinto”: ir al cine.

“No hay nada que ver. ‘Dr. Strange’ ya la vi”, le dije con entusiasmo. “Hay una película nueva que se llama ‘Arrival’. Vamos, yo te invito”, me respondió. Bueno, total eso significaba que el domingo no moría después del almuerzo, si no que después del cine, en la noche, como tiene que ser.

Cuando terminó “Arrival” me di cuenta que había visto algo original, algo oportuno, algo realmente saludable. Denis Villeneuve, ese director que refleja inquietud en sus películas (ahí están para constatarlo “Prisioners”y“Sicario”), nos cuenta una historia que no es convencional y sabe aterrizar una película de ciencia ficción, donde en la mayoría de las veces acabamos con sueños o pesadillas apocalípticas.

“Arrival” es una película pedagógica que me ha tenido meditando toda la semana sobre lo valioso que es la comunicación. Es una cinta dotada de clima, en la que se renuncia al abuso de efectos especiales y a los sustos gratuitos, y la que plantea que la lingüística puede servir para saber cosas muy trascendentes sobre los seres humanos.

Lo que hizo “Arrival” fue recrear una conversación con mi hermana de más de una hora al finalizar la película. Se me había olvidado la última vez que conversamos tanto de un tema. Es una cinta que es digna de ser recomendada, porque la película tiene inteligencia lingüística y emocional, que une sus propias piezas como un gran puzzle al que no hay que desatender. Y llega con un poderoso mensaje lingüístico en tiempos donde evitamos mirarnos a la cara, en una época donde Twitter y Facebook cobran más relevancia.

Le agradezco a estos genios del cine la oportunidad de poder aprovechar bien el tiempo. Seamos conscientes de que la tecnología, en un nivel comunicacional, nos invade y no nos damos cuenta. Démonos cuenta de que ésta solo nos deshumaniza y que le quita el sentido a tantas cosas que valen la pena, como mirar una película en el cine, y espero que ese hombre que estuvo sentado al lado mío la pueda ver de nuevo porque me desconcentró tres veces mirando su celular.


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