Política

Columna: Homofobia en el fútbol

15 Nov , 2016  

Por Cristóbal Valencia

Complete la oración: “Poropopo poropopo el que no salta es…”. El público futbolero asiduo a los espectáculos deportivos sabe que tiene que saltar, e independiente del gentilicio, corear lo más fuertemente posible el típico descalificativo.

Hoy se juega el sexto partido de local por las Clasificatorias. Por los cinco anteriores, la ANFP ha debido cancelar 130 mil francos suizos en multas, equivalentes a unos 86 millones de pesos, por cantos homofóbicos, además de ser castigada con la pérdida de la localía en el Estadio Nacional.

Hay quienes lo justifican: no entienden el “folklore”, dicen que acá el fútbol se vive de otra manera.

En la ANFP han tomado medidas para combatir la violencia en el fútbol. En conjunto con la Fundación Futbol Más, han desarrollado, entre otras cosas, el círculo de honor al final de los partidos, o la exitosa tarjeta verde como muestra de respeto hacia la entonación de los himnos rivales. Propagandas audiovisuales como “la pelota es tuya” demuestran un interés genuino por erradicar la violencia del lenguaje en las gradas. La FIFA así lo ha entendido, y en el último castigo da cuenta de ello, al rebajar la multa.

Pero el “poropopo” no se ha logrado erradicar. Y, si bien Andrés Fazio, vicepresidente del ente rector del fútbol chileno, dijo estar confiado en un buen comportamiento del público, los futboleros sabemos lo que significa un partido de estas características contra Uruguay, porque el famoso “dedo” de Gonzalo Jara a Edinson Cavani o la patada del “Chiqui” Chavarría a Enzo Francescoli son aún celebradas por algunos como gestas heróicas.

¿De verdad creen que con Uruguay no saldrá el “poropopo”?

El fútbol no es un tema importante de cara a la construcción de un país desarrollado. Pero vaya que en la cancha –sobre todo cuando opera un sentimiento nacionalista- se ven reflejados algunos de los principales problemas culturales del país.

¿No es la violencia de género uno de ellos? El #Niunamenos hace pensar que si lo es.

En un nicho histórico del machismo como es el fútbol, se valora que el organismo rector de la actividad haga esfuerzos por impulsar un cambio cultural. El día que se erradique definitivamente la homofobia -y la violencia de género, raza o clase- en el fútbol, habremos ganado el partido más importante de todos.

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