Entrevistas

Jorge ‘Peineta’ Garcés: “Si hubiera sido argentino, me habrían clonado”

9 Ago , 2016  

Pese a ser descartado hace algunas semanas, el ‘Peineta’ ha logrado ser renovado en San Antonio Unido, un equipo de segunda división con precarias ambiciones. Aunque se jacta de ser uno de los técnicos con más bagaje en el fútbol local, vuelve a dirigir en un medio donde, según él, se le pone a la par con entrenadores anónimos y principiantes. “A mí solo me faltó ser extranjero. Me hubieran hecho un monumento en cualquier parte”, dice.

Por Javier de Iruarrizaga

Jorge Luis Garcés Rojas (62) baja de un avión proveniente de Puerto Montt. En el aeropuerto de Santiago la mayoría lo reconoce, le piden autógrafos y algunas fotos. Su camisa parcialmente desabotonada, jeans ceñidos, anteojos de marca y bigote pulcro completan una imagen que harían pensar a un extranjero que se trata de un emblema del jet set criollo.

Y no le falta currículum: diez clubes como jugador de fútbol profesional, tres de ellos en equipos europeos; 18 clubes como entrenador incluyendo a la selección nacional adulta. Pero no. El ‘Peineta’, como es conocido, ha escapado a duras penas de la  cesantía al lograr la renovación en un elenco de segunda división, sin presupuesto para fichajes, sin canchas para entrenar ni recursos que lo hagan pensar más que intentar evitar el descenso al amateurismo. Hoy, más que nunca, los trajes de marca de Garcés y su mediática figura contrastan con los potreros donde intenta dirigir, alejado miles de años de esa época en la que sonaba para reemplazar al histórico Carlos Bianchi en Boca Juniors y era pretendido desde España para dirigir el Rayo Vallecano. 

Tras nuestro primer encuentro en el aeropuerto, quedamos de juntarnos en Viña del Mar. ¿El lugar? Una bencinera aledaña que parecía ser una extensión de su propia casa. Apenas estaciona su impecable BMW, bomberos bromean con él como si ‘el profe’ fuera uno de ellos; al mismo tiempo, él reparte besos entre las vendedoras con el cariño de un padre a sus hijas.

“A mí, una de las cosas que me sostienen es el reconocimiento de la gente y su respeto. Me quieren mucho acá, la verdad es que a todos lugares donde voy, hay un saludo cordial, una foto, un autógrafo. Menos de los dirigentes…”.

Por todo esto es que Garcés agradeció la oportunidad de San Antonio Unido, club de Segunda División que lo contrató en marzo del presente año para intentar el ascenso. Venía de un período de cesantía de más de un año y necesitaba llenar nuevamente de fútbol sus días. No logró el objetivo pero quedó en buenos términos con la institución y logró la renovación de su contrato para intentar otra vez la hazaña. Sin embargo, se ve a un Garcés impotente, usando un traje que le queda demasiado chico a sus pretensiones. El club tiene un estadio que debe ser sometido a reconstrucción, no hay presupuesto para fichajes ni canchas de entrenamiento permanentes. Sus partidos tampoco son televisados, Jorge tiene poca tribuna. El cambio de escenario es decidor: de ser candidato a dirigir en la ‘Bombonera’ y capitales europeas hace poco más de una década ha pasado a sobrevivir en el fútbol con los escuálidos recursos que los potreros del ascenso criollo pueden agenciarle. Pero no se echa a morir. El fútbol sigue moviéndolo y espera todavía encontrar la posibilidad que lo posiciones donde el considera merece estar.

“Con el caso de San Antonio da para cuestionarse: ¿Cómo yo voy a estar allá? Merezco más. Pero una vez que estoy en la cancha, sigo trabajando como lo hago siempre hasta el más mínimo detalle y lo hago feliz”.

Criado en el campo, este talquino viene de una familia que siempre le pudo dar todo lo que necesitó, pero que no fue suficiente para llenar una personalidad hambrienta por escribir su propia historia. De su cómoda vida en la VII Región partió a Valparaíso con la intención de estudiar algo. Arquitectura fue su primera excusa. Pero se esfumaría rápido ese primer interés al cruzarse una oportunidad en el fútbol. Coincidentemente, cuando estaba haciendo las pruebas de acceso a la universidad, se encontró con una prueba masiva de jugadores en Wanderers, de la cual saldría escogido y gestaría su primer contrato profesional. Esto lo conjugaría con su carrera de educación física, pues tener un título profesional fue siempre primordial en su familia. De todas maneras, desde ese momento en que firma su primer contrato, no dejaría nunca más el fútbol, escribiendo varias páginas doradas y otras muchas oscuras en el deporte rey.

El 'Peineta' admite que su histrionismo aflora siempre al borde de la cancha, sin importar que sea un potrero de segunda división.

El ‘Peineta’ admite que su histrionismo aflora siempre al borde de la cancha, sin importar que sea un potrero de segunda división.

Muestra de lo último sería la fractura de tibia y peroné que sufrió a los 18 años cuando se afianzaba en el club ‘caturro’. Esa lesión lo marginó más de cinco meses y le significó la salida del club. Gracias a un entrenador de la infancia fue recibido por el precario equipo que tenía San Luis en Quillota en ese entonces.

“Curiosamente Wanderers, que es el equipo que yo quiero de verdad, es el que peor me ha pagado en mi vida. En ese tiempo me dejaron tirado por mi lesión. Fui a San Luis por un técnico conocido que me llevó. A los tres meses allí me fracturé de nuevo con una patada en un partido. Yo tengo una historia triste, yo la pasé duro. Mi vida ha sido además de difícil, sola. La pasé solo.

Mis papás estaban en Talca, mediáticamente no existía lo de hoy, no había redes sociales, con suerte había teléfono en casa. Era diferente el tema. Yo, que estudiaba, además, era mal mirado en el grupo. Los jugadores te miraban diferente por tener esa oportunidad. Por otro lado, me gustó siempre la ropa. Me discriminaban también por ahí un poco”.

Está claro que la ropa es su marca personal; instaló el glamour en un entorno donde hay que pelear por que se paguen los sueldos. Eso mismo pudo empezar a generar parte de los anticuerpos que cree se han generalizado en la opinión futbolera en su contra. Pero aclara: “No es que yo haya vuelto de Europa con traje, yo me fui de traje, porque siempre me gustó la ropa desde pequeño”. Esa última es una de las piezas más vistosas que van completando el puzzle de un galán por antonomasia que ha dejado una estela de entrañables amoríos y turbulentas relaciones. Pues el peineta es un cortejador enchapado a la antigua. Bien portado, sano -según dice- que nunca fumó ni bebió, pese a que en un club lo tildaron de alcohólico.

“Antes era más difícil, pero el hecho de estar en la universidad te daba acceso a tener más amigas. Era distinto. Si bien no frecuentaba las discotecas, -yo tampoco fui amigo de los lugares nocturnos-, yo era un tipo educado y eso cae bien. Pero era muy diferente. Para tomar la mano era necesario un mes, un par de besitos era todo. No era como hoy, que pololean y a los meses están de vacaciones juntos. Antes te mandaban al cine con la hermana. Me encantaba, era muy romántico. Tenía un proceso para llegar a conquistar a la chica, era muy bonito, muy bonito. Había más respeto por la mujer, más respeto por la relación”.

Así es como tras muchos amoríos y quiebres, ‘el profe’ tuvo cinco hijos. Y no exento de polémicas. A fines del año 2012 pasó una noche tras las rejas y acabó formalizado por violencia intrafamiliar tras ser denunciado por su pareja de entonces, María Eugenia Riveros, luego de discutir ásperamente en su departamento de Viña. Los hechos serían desmentidos por la supuesta víctima, pero son muestra de la atribulada agenda sentimental del ‘Peineta’. Ya que como se evidenció posteriormente, el motivo que gatilló la pelea sí fue real: los celos de su pareja de nueve años fueron reacción a la infidelidad de Garcés quien, sosteniendo una relación paralela, dio vida al último de sus hijos.

El amor de su vida, sin embargo, no sería ninguna de sus parejas, asegura. Fue su madre. “Mujer fuera de serie. Conoció todo el mundo conmigo. Imagínate, yo jugué y dirigí desde Iquique, pasando por Calama, siguiendo a Valparaíso, Santiago, Rancagua, Concepción, Puerto Montt, Temuco, Osorno. Y ella recorrió conmigo todo. Fue a Venezuela, a México, a Europa dos veces. Conoció más que yo”.

Jorge Garcés se distingue de entre la mayoría de los técnicos nacionales por haber dado pasos en Europa como futbolista y entrenador. Tras pasos poco bullados por clubes naciones estuvo dos años en el fútbol hondureño y volvió a Chile a las rústicas instalaciones de Lota Schwager. Pero no por mucho, pues apareció una propuesta desde el fútbol español que cambiaría su vida. Un empresario chileno lo llevó a Madrid con una falsa propuesta de jugar en Rayo Vallecano. No pasó nada y quedó abandonado en el viejo continente. Estuvo a punto de volverse a Chile y acabar con todo, pero no se rindió.

-“Pensaba en mí, en mi futuro. En que yo quería algo, quería realizarme como persona, no ser Alexis Sánchez ni Iván Zamorano o Elías Figueroa, pero quería realizarme. Probarme a mi mismo”.

Así fue como, casi de la nada, apareció la chance de jugar en Bélgica, y no lo pensó dos veces.

-“Quería aprender. Cuando me hablan de Bélgica, yo me llené de ilusión porque me dije que iba a aprender un nuevo idioma. Conocer otro país. Y yo cuando me sacaba una foto en un monumento preguntaba quién era ese weón. Hay mucha gente que se para al lado y no tiene idea de quién es. Siempre fui curioso en ese aspecto”.

En ese país se formaría y construiría gran parte de lo que es ahora. Allí se radicó para sacar su título de entrenador y dar sus primeros pasos como técnico: ascendió en su segunda temporada al último equipo que lo vio vestir de jugador. Después de ese éxito, su objetivo estaría en Chile.

Chile, una trayectoria ingrata 

Garcés exhala frustración y disconformidad. Él dice que tiene “el mejor currículum del fútbol chileno actual”, pero sufrió la cesantía y a duras penas logró la renovación en un equipo de segunda división. “El ser chileno y tener estudios en Europa, hablar idiomas, hablar de corrido, ser una persona relativamente culta… Eso genera anticuerpos, resentimiento, envidia. Genero eso y me lo ha dicho mucha gente”.

Si hay algo de verdad en toda la publicidad que este personaje hace de sí mismo es la vasta trayectoria que tiene entrenando en el fútbol. Dirigió en todo Chile, de norte a sur. Hoy, cree él, todo eso está olvidado y  genera en este cultivado personaje un ácido resquemor. Habla francés e italiano, tiene un título profesional en Chile, además del de entrenador obtenido en Bélgica.

Este amplio historial de vida, según su propia versión, va acompañado de éxitos. Llega Chile el 92’ y saca a Osorno campeón faltando cinco fechas en lo que sería la mejor campaña histórica de ascenso en el país. Y lanza: “Hubiera sido argentino me habrían clonado. Me hubieran hecho un monumento en cualquier parte”.

Recalca también su éxito más sonoro en el fútbol nacional, el campeonato obtenido con Wanderers en 2001. “En los últimos 48 años, los subí y los saqué campeón. Tuve que demandar a Wanderers en su momento para que me pagaran cinco meses de sueldo el 2010 (segunda etapa a cargo del club) cuando me echaron. No me querían pagar ninguno. Y el sueldo mío era la mitad de lo que cobraba Zuccarelli, que se había ido antes”.

El sueño de Garcés es dirigir a un equipo grande de Santiago. "Nunca me tocó manejar un Mercedes Benz en Chile, nunca".

El sueño de Garcés es dirigir a un equipo grande de Santiago. “Nunca me tocó manejar un Mercedes Benz en Chile, nunca”.

Ahonda en su impotencia, exhibiendo logros de memoria que seguramente ha enumerado cientos de veces: “Yo, vaya que he ganado cosas. Salvar un equipo del descenso, que he salvado como cinco, es casi ganar un campeonato. Subí equipos, dos, tres con el de Bélgica, fui campeón en primera, llegué a la selección, dirigí en el extranjero… ¡Debo ser muy pesado! (risas). Debo ser un gallo muy desagradable, de verdad”.

Continúa su enaltecimiento profesional contrastando con los obstáculos que le impidieron saltar a las grandes ligas del fútbol mundial: “No, olvídate, ése es el pago de estos tipos. ¡Y el pago de Chile! Voy a la selección después de sacar a Wanderers campeón y Reinaldo Sánchez deja a su hijo de presidente del Club cuando se va a presidir la ANFP. En ese momento me llama Boca Juniors. Me cita el presidente actual argentino, Mauricio Macri, a su casa en Buenos Aires, porque era presidente de Boca entonces. De 45 minutos era la entrevista y duró 2 horas ‘45. Estaba listo para ser el técnico de Boca. Declaró el vicepresidente del club, señor Pompilio: ‘Garcés: grandes chances para dirigir Boca’. Quedaba (Oscar Washington) Tabárez y Garcés para reemplazar a (Carlos) Bianchi. El hijo de Sánchez, que estaba de presidente en Wanderers, me mandó a la mierda por que yo le había faltado el respeto. Y me echó. ¡A finales del 2001 compadre! Siendo campeón, me echó de Wanderers y de la selección. ¡De las dos! Vieras tú las veces que se me ha quemado el pan en la puerta del horno”.

Desde esa época, Garcés no ha cosechado triunfos significativos. El palmarés de logros que exhibe en su propio sitio –  www.jorgegarces.cl – se reduce únicamente a “permanencias”; es decir, cataloga como triunfos todas aquellas veces en que evitó que un equipo descendiera de categoría. Pero no hay campeonatos, no hay copas ni gloria. Él lo atribuye a que nunca le tocó dirigir un equipo de calidad, que siempre tuvo que ingeniárselas con poco.

“Nunca me tocó manejar un Mercedes Benz en Chile, nunca. Acá hay varios colegas que les pasan Mercedes y los han chocado en la esquina. Hay uno en la ‘U’ ahora mismo (Sebastián Beccacece) que lo chocó hace poco. Sin saber manejar se lo entregaron y ahora le trajeron un mecánico y profesor de manejo (Bonini), que según algunos sabe algo. Hablan de (Alfredo) Arias en Wanderers. Nueve partidos sin ganar, cuatro sin hacer un gol y se fue. Yo hubiera estado cinco partidos sin ganar en Wanderers y aunque haya sido el último técnico campeón, ídolo de la institución, me pegan una patada en orto y me echan cagando. Yo hubiera sido técnico de la ‘U’ y no Beccacece; cinco fechas y me echan cagando. Ganan millones y no campeonatos, y yo luchando para permanecer en San Antonio”.

Remata su descarga remarcando que pese a todos los años en la actividad, no ha ganado ni un peso del fútbol chileno.  “Si hay un bobo en el fútbol chileno que ha firmado pésimos contratos, que le han pagado mal y que ha tenido que pelear para que le paguen, he sido yo. Yo no sirvo para pelear las platas y los contratos. Aquí en Wanderers he sido el mejor técnico en 48 años y el que menos plata he ganado. Lejos. Hoy día si me llaman lo que me ofrecerían sería una miseria. De los 14 millones que ganaba (Alfredo) Arias ahora, ¿tu crees que a mí me ofrecerían la mitad? Ni eso”.

– ¿Qué es lo que le ha faltado  a usted para triunfar en el fútbol chileno? 

-“Ser extranjero. Sin duda. De partida me hubieran puesto otro sobrenombre. ¿Cómo le dicen a Pizzi? El Macanudo? ¿Por qué? Por la pinta. ¿A mi cómo me pusieron?…Peineta poh’ weon, Peineta…Chileno poh’. Me lo decía un amigo el otro día: ‘Tu tení más pinta que ese weón, pero estay cagao, erí chileno’ “.

Su mirada a corto plazo está atenta a lo que pase en el puerto con su club, pero su verdadera intención es abandonar este país que no le ha pagado como a él le gustaría. Ya no tiene fe en lo chileno y su ambiente ‘chaquetero’.  -“Hay que irse como Manuel (Pellegrini) para triunfar, a él lo reventaban cuando dirigía en Chile. Yo quiero eso. En mi mente está irme fuera del país y tengo un par de amigos empresarios que están manejando algunas cosas, a la expectativa, donde sea. Estuve cerca de ir a Perú, Bolivia –donde fui rechazado por ser chileno rápidamente-, Egipto en su momento…vamos a ver”.

Pese a que tiene a su pequeño hijo de cinco años en Chile y que le han propuesto algunos partidos políticos dedicarse al servicio público, Garcés considera que su momento en el fútbol todavía no ha pasado. Mientras tenga el ánimo, la motivación y la fuerza física se mantendrá en la actividad, aunque sea al borde de una cancha irregular, sin estadio, sin refuerzos ni la certidumbre de recibir el sueldo a fin de mes.

, , , , , ,



Comments are closed.