En cifras

Chile y Uruguay: los países menos religiosos de Sudamérica

26 Oct , 2016  

A partir de la década de 1990 los indicadores de personas en Chile que declaran no profesar alguna religión aumentaron significativamente. Sin embargo, dentro de ese grupo no todos son ateos o agnósticos.  

Por Cristóbal Valencia M.

En 2014, la Corporación Latinobarómetro dio a conocer un estudio con el fin de analizar la evolución del catolicismo en América Latina a un año del ascenso del Papa Francisco (ver estudio). Los resultados fueron contundentes para Chile: nuestro país se ubicó en el segundo lugar en la lista de naciones en proceso de secularización, solo detrás de Uruguay. La encuesta arroja que un 25% de la población declara no profesar ninguna religión.

La cifra es muy superior a la del censo de 2012 (11,58%) y cercana a la del sondeo Bicentenario (ver)realizado por la Universidad Católica (PUC) y Adimark en 2014 (22%). El último sondeo Bicentenario, correspondiente a 2015, no entrega datos sobre el tema.  

Los sociólogos Eduardo Valenzuela, Matías Bargsted y Nicolás Somma, del Centro de Políticas Públicas UC, muestran en su investigación “En qué creen los chilenos? Naturaleza y alcance del cambio religioso en Chile” (ver)cómo el proceso de secularización en Chile avanzó muy poco, en comparación con los países desarrollados, entre 1960 y 1990.  Sin embargo, en el período 1992-2002 la variación intercensal de los que no declaran ninguna religión se eleva súbitamente -pasando de un 5,8 % a un 8,5%- y el fenómeno sigue expandiéndose si consideramos las cifras del censo de 2012 (11,58%). 

Según Matías Bargsted,  los estudios indican que el grueso de este grupo es gente que por diferentes motivos deja de identificarse con una religión, en su mayoría ex católicos. Más allá de prácticas formales como asistir a misa, fueron educados con ciertos conceptos básicos asociados al sistema de creencias católico como la creencia en Jesucristo y en el poder del rezo. Este grupo, advierte, “mantiene prácticas más privadas, creen en dios o en alguna fuerza superior y probablemente rezan, pero no declaran pertenecer a alguna religión, en parte, por una sensación de desafección con las autoridades religiosas a la luz de los últimos escándalos destapados”.

El ateísmo, por lo tanto, correspondería aún a un fenómeno muy reducido, presente en estratos socioeconómicos más altos, en los que se desarrollan posiciones filosóficas más elaboradas y meditadas, influidas por la filosofía. De hecho, en el sondeo Bicentenario 2014, del 22% que declara no profesar ninguna religión, solo un 2% se declara ateo. 

Bargsted agrega un último factor, que se mezcla con la desconfianza hacia las autoridades religiosas, que explica el aumento en el no reconocimiento de ninguna religión: la modernización económica. “Hay autores como Ronald Inglehart o Pippa Norris que, desde la teoría de la modernización sostienen que a medida que las sociedades experimentan un crecimiento económico sostenido, las generaciones más jóvenes nacen y se socializan en un contexto de mayor seguridad existencial, y eso repercute en forma negativa sobre la creencia religiosa en la medida en que se menoscaba un poco el terreno social más fértil para éstas”, concluye.

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