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El daño de los síquicos a las investigaciones policiales

23 Oct , 2016  

Carabineros y la PDI niegan trabajar con videntes. Sin embargo, principalmente a través de familias desesperadas, estos intervienen en la búsqueda de personas desaparecidas y, con pistas basadas en percepciones, desvían el foco de los investigadores.

Por Jorge Enríquez Carrera

La síquica de Chimbarongo, Isabel Ávila, dice que tiene un 95% de aciertos en la búsqueda de personas desaparecidas. Su método consiste en dibujar un croquis que le envía a las familias o acudir a la zona donde se produjo el extravío. La mayoría de las veces entrega su percepción a solicitud de los parientes, pero en algunos casos, también asegura que es a pedido de Carabineros. “Lo mío es cooperación. Estoy vinculada más con las familias, porque ellos solicitan la cooperación por presunta desgracia. La Policía de Investigaciones (PDI) es un poco reticente, más que Carabineros, porque ellos funcionan para callado”, dice.

Isabel cuenta que tiene una experiencia de 30 años en esta materia y que es difícil explicar lo que siente cuando recibe la información. “En el momento en que voy a un lugar, no hablo con nadie, ni con muertos. Lo único que sé es que estas personas aparecen”.

Arnaldo Loyola y el uruguayo Marcelo Acquistapace también aseguran ser videntes y tener poderes sobrenaturales. Ambos dicen que con su labor han aliviado el dolor de familias desesperadas.

-Desde los 9 años que tengo este don-, explica Arnaldo Loyola (56), quien es invitado recurrente en los canales Chilevisión y La RED. Su percepción la recibe principalmente a través de un péndulo o por varitas de radiestesia.

Marcelo Acquitapace (42), quien fue protagonista de unos de los programas “Súper Humanos” (ver video) que transmitió History Channel y declara una experiencia de 25 años de cooperación con la policía de su país, dice que a los 17 años se dio cuenta que poseía ese poder gracias a un amigo hipnotizador que lo sumó a la búsqueda de una persona.

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Marcelo Acquistapace, vidente uruguayo.

-Para mí, esto está relacionado con la física cuántica. Toda persona tiene este don pero no lo ha desarrollado. Tiene que ver con energía y con una técnica -agrega Acquitapacce.

El vidente uruguayo expresa que en su país tiene una relación constante con la policía en casos complicados. Asiste al lugar donde se supo la última noticia del desaparecido o se guía a través de una fotografía o ropa.

Arnaldo Loyola explica que “esto no tiene una base científica. Sólo es una forma de ayudar a las personas”.

Los tres síquicos dicen que no cobran por su colaboración. Sin embargo, para Loyola y Acquitapacce sería conveniente que su vinculación a casos policiales se institucionalizara, más allá de un llamado desesperado de parientes o de investigadores que buscan pistas para un caso complejo que no pueden solucionar. 

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Treinta llamadas a la familia y treinta lugares distintos. Así se resume el aporte de videntes al caso de la desaparición de Kurt Martinson (ver reportaje de 24 horas sobre el caso) en San Pedro de Atacama en noviembre de 2014. A casi dos años del hecho, su hermano Paul Martinson, quien además es fiscal de La Florida, asegura que las pistas para la búsqueda, entregadas por chamanes, médiums o síquicos, fueron tan disímiles que todas resultaron desechadas antes de investigarse. La primera en contactarse con el fiscal que indaga el caso, Cristián Aliaga, fue la síquica de Chimbarongo.

Paul Martinson asegura que ella no aportó nada. “Todos estos personajes son falsos. Nunca dan información útil, se aprovechan del dolor ajeno porque para las familias son como una esperanza. Algunos me dijeron que mi hermano estaba entre las piedras. Otros, como la misma síquica de Chimbarongo, que hasta le pasó información a la Fiscalía, dijo que estaba cerca del agua en un lugar donde las piedras se deshacen cuando las toman con la mano. Todos lugares comunes en el desierto”, dice Martinson y agrega: “por ejemplo, si mi hermano aparece cerca de un río, dirán que le achuntaron porque afirmaron que estaba cerca del agua. Y, al final, esa persona se va a llevar el crédito, pero eso será porque de lo general, sacó una profecía fácil de cumplir”.

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Kurt Martinson desapareció en noviembre de 2014.

Para el abogado, el problema de esto es que se gastan recursos en perseguir información que no es cierta. “Si realmente sus percepciones fueran precisas, se resolverían todos los casos complejos, pero, eso no es así. Siempre traté de escucharlos, pero contrastaba su información y me daba cuenta que lo señalado no tenía ninguna utilidad. Era imposible guiarse por algún lado”.

El fiscal señala que formalizar la labor de los videntes con el rol de la policía significa validarlos y eso hasta podría generar desilusión en las familias afectadas. “De ser así, las personas van a ir a consultar primero a estos médiums y las policías van a desviar la atención del trabajo que realmente deben realizar”.

La Fiscalía resolvió en septiembre no perseverar en la búsqueda de Kurt Martinson. Sin embargo, entre la familia y amigos se formaron equipos privados que siguen en la tarea. El objetivo es que si aparece algún dato certero sobre la ubicación de su hermano, las policías activen esa labor.

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María Teresa Johns, madre del  estudiante de Concepción, Jorge Matute (ver reportaje de Canal 13 sobre el caso), que estuvo desparecido por 5 años -entre 1999 y 2004-, también recibió ofrecimientos de ayuda de síquicos para encontrar a su hijo. “Nunca los acepté. Una vez una persona que trabajaba en una radio, que afirmó ser vidente, nos dijo que su cuerpo estaba sumergido en la Laguna de Los Patos de la Universidad de Concepción. Esa laguna es tan poco profunda y me pidió que llevara hasta buzos. Hubiera quedado como mala de la cabeza si hacía eso”.

Por eso, dice que no cree en visiones ocultas de personas. Lo que para ella fue corroborado con otra cooperación de las síquicas conocidas como las hermanas Peña, a quienes, a principios de la década del dos mil, la televisión les pagó para participar en  la búsqueda de su hijo. “Mi marido, que tampoco creía, aceptó reunirse con las videntes en Concepción“.

María Teresa Johns recuerda que  una de ellas se tiró al suelo y comenzó a dar saltos y a gritar.

-¡Soy Coke, soy Coke!-, exclamó la mujer, mientras convulsionaba en el piso.

-¿Qué ha cambiado en mí?-, le preguntó Jorge Matute padre.

-Estás más gordo-, respondió la médium en un supuesto trance.

Pero, lo distinto en el padre de Matute era una operación para mejorar su visión. “No queda más que pensar que era una mentira. Siempre he creído que si ellos o ellas supieran algo se ganarían premios como la Lotería o el Kino. Creo en Dios, soy católica y eso me sirvió mucho más para creer que lo encontraríamos”, dice María Teresa Johns.

Fuente: Soy Chile

María Teresa Johns coloca flores en la tumba de su hijo, Jorge Matute.

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Durante el proceso de búsqueda de los cuerpos de 21 personas fallecidas en el accidente del avión CASA 212 que cayó al mar en las cercanías de la isla de Juan Fernández, en  septiembre de 2011, el ministro de Defensa de la época, Andrés Allamand, reconoció públicamente el apoyo de síquicos para encontrar a las víctimas pérdidas.

De acuerdo a un documento de la Armada, fechado el 4 de octubre de ese año y obtenido a través de Transparencia por la Asociación Escéptica de Chile, la institución reconoció haber salido en operaciones de búsqueda con tres síquicas, usando embarcaciones de goma (tipo zodiac) y un helicóptero. Carmen Díaz, Susana Lagos y Lía Saavedra fueron las videntes que participaron.

La Armada aseguró que no hubo pago de por medio y que no empleó horas hombre para seguir las pistas que entregaron las mujeres, ya que todos los sectores que se indagaron con ellas estaban contemplados como parte del plan definido con anterioridad. Sobre la efectividad de los datos, dijeron que la información aportada por Carmen Díaz el 2 de septiembre de 2011, a pesar de no ser considerada en el proceso, concordó con el hallazgo de cuatro cuerpos. Sobre la ubicación de los restos de la nave, la Armada señaló que también coincidió con la indicación dada por la vidente.

Sin embargo, contradiciendo lo anterior, también oficializaron que “ningún hallazgo puede ser atribuido a la o las videntes, pues la búsqueda se realizó en base a los parámetros, análisis, empleo de los medios tecnológicos y experiencia de las instituciones que conformaron un esfuerzo metódico a partir del área estimada de la caída del avión según el relato de un testigo”.

Luis Cárdenas, presidente de la citada asociación de escépticos, cuestiona dicha respuesta y destaca que Carmen Díaz entregó como pistas varios puntos que rodeaban casi toda la isla. “Así, quién puede equivocarse. Pero, lo que no se entiende es cómo un ministro se somete a una charlatanería”. Añade que “lo único que hacen estos personajes es enredar la labor investigativa con datos falsos”.

En enero de ese año, la misma Asociación Escéptica de Chile, en base a una serie de noticias publicadas en medios nacionales donde se destacó el aporte y la exactitud de datos en varios casos policiales de Isabel Ávila, la síquica de Chimbarongo, pidió una explicación a través de Transparencia a PDI sobre la relación de cooperación que mantenía con la vidente. La institución policial respondió que sus investigaciones se basan en el método científico, cuyos resultados se someten a decisión del sistema judicial. “Como institución no aprobamos, ni validamos el uso de videntes en nuestras investigaciones policiales”, finaliza el documento de respuesta.

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El ex jefe de la PDI de la Región Metropolitana, Víctor Avellaira, concuerda con el documento emitido por su institución y también con la opinión del fiscal Paul Martinson, respecto de la inutilidad de los síquicos en la labor investigativa.

“Le hacen un daño a la investigación. Hay gente que busca protagonismo porque ellos son tarotistas o se hacen llamar médiums, quieren fama y terminan desgastando a las policías. No podemos darle crédito a todo el mundo y no soy partidario de institucionalizar algo que no está científicamente comprobado”, dice.

Avellaira explica que le tocó investigar, cuando también fue jefe regional de la PDI en Arica, un caso de un niño de 13 años perdido en el desierto, en el sector del Lago Chungará. En la zona, había una señora que aseguraba que tenía poderes y le faltaba un ojo porque según le relató ella le había caído un rayo. “En el fondo era una chamán o hechicera popular que decía que se conectaba con los espíritus y dijo saber dónde estaba el niño. Pero nunca apareció su cuerpo”, dice el ex policía.

Fuente: Cuerpo de Jefes Superiores PDI

Víctor Avellaira es socio del Cuerpo de Jefes Superiores de la PDI (en retiro).

Sobre la manera en que actúan los videntes en casos de desapariciones, Avellaira dice que la familia del buscado contrata o es contactada por un síquico que comienza a darle pistas y “lógicamente que la policía, a través de una orden judicial competente, trabaja el tema. Pero, no es que la institución busque vincularse con estas personas. Todas las hipótesis se contrastan pero el tema de los síquicos no tiene ninguna validación legal. Si no, sería miel sobre hojuelas y estarían todos los casos resueltos”.

El Ministerio Público también negó tener una unión formal con videntes en su labor investigativa. Aseguraron que la única guía para resolver un caso son métodos probados científicamente y regulados por ley.

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Carabineros indicó que para sus investigaciones también usan método científico. Sin embargo, reconocen que no pueden obviar ninguna pista, independiente de cómo les llegue. Por eso, si llega información de un síquico, acuden al lugar que se indica en la referencia y descartan o confirman el dato.

La Dirección de Comunicaciones de la institución dice que “para nosotros lo más importante es la investigación del caso y también considerar el dolor de las familias que están involucradas. Aquí debemos ser empáticos y si ellos consiguen una pista que consideran pertinente a pesquisar, en el caso de que no hayamos hecho el rastreo en el lugar, lo hacemos”.

Reafirman que no es que trabajen con síquicos, sino que con eventuales pistas que podrían llevarle a encontrar a una persona extraviada. “En la mayoría de los casos, la información llega a través de las familias y a ellos, que están en una situación de desgracia, hay que darles todas las garantías de que la institución está haciendo todo lo que está a su alcance para encontrar a su ser querido”.

También descartan que existan recursos mal gastados para contrastar dichas pistas porque sólo sirven de guía en el caso de que el lugar que indican no haya sido rastreado antes.

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Alejandro Hurtado, profesor de Derecho de la Universidad Central de Chile y magíster en Derecho Procesal Penal y Comunicación Forense, asegura que los datos aportados por los videntes no son pruebas viables en una investigación. “Desde mi punto de vista, hoy hay contemplados otros medios probatorios que tienen sustento. Podrían ser una ayuda, pero considerarlos medios de pruebas, en ningún caso”, dice.

En base a esa falta de rigurosidad, Hurtado dice que no es partidario de que se institucionalice una relación entre ellos y la policía. “Creo que los medios probatorios están definidos, más allá de la libertad de la prueba o de lo que puedan aportar, es imposible que se consideren porque no tienen sustento científico”, dice.

El Colegio de Criminalística de Chile (Colcrim) también tiene una opinión crítica. Natalia Letelier, directora académica, perito y abogada con un magíster en Derecho Penal, dice que la información que entregan no es fiable.

“Nosotros abogamos por la ciencia. Si dicen que se requiere un médium para solucionar un caso complejo, yo digo que no. Lo que se necesita es personal más calificado para hacer una buena investigación”, señala la perito criminalística.

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