El vino y los sommeliers

Por Ricardo Grellet, sommelier

Soy sommelier, eso quiere decir que básicamente me pagan por beber y comer.

Trabajo envidiado por muchos, no es tan simple como parece, ya que además de beber y comer, los sommeliers debemos ser traductores de lo que la industria produce (vinos, aguas, cervezas, destilados, comidas, aceites de oliva, chocolates, café, té….), para entregar un resumen de esos productos a un consumidor que hoy se ve agobiado por mucha información y poca ayuda.

Los sommeliers no somos seres superdotados, por lo que también nos cuesta a veces logar entender las necesidades de ese consumidor que, dicho sea de paso, poco o nada tiene de conocimientos de lo que nosotros hacemos y de los productos que ofrecemos. Es un consumidor cuya su predilección por la piscola mata muchas veces lo que nosotros tratamos de hacer y, por el otro lado, nos impide efectivamente poder ayudarle a probar cosas nuevas. Cosas nuevas como el vino.

Partamos entonces entendiendo qué es el vino.

El vino es el resultado de la fermentación del jugo de uvas sanas de la variedad vitis vinífera y que tiene como mínimo 11º de alcohol.

Básicamente la fruta se cosecha cuando el enólogo determina que está madura, la muele, le agrega levaduras de las mismas que usa nuestra abuela para hacer pan, y lo deje fermentar. Para entenderlo fácil, las levaduras “comen” azúcar y “escupen” alcohol. Terminada la fermentación, se filtra el vino y se embotella o, cuando es más sofisticado, lo traspasa a una barrica de madera para envejecerlo allí por meses.

Así de simple suena el proceso de producción del vino, pero en realidad tiene muchas aristas complejas de explicar, por algo los enólogos estudian siete años para “hacer vino”.

Los sommeliers tomamos el vino una vez terminado, lo probamos y, de acuerdo a nuestra especialización, hacemos la mejor recomendación para obtener lo mejor que se pueda de esa botella.

Somos los que podemos “decir cuándo y cómo” beber esa botella para que, independiente de cuanto pagaste por ella, rentabilices tu inversión de la mejor manera.

Creo, en todo caso, que los sommeliers nos hemos equivocado en los últimos años dándole un entorno de sofisticación al servicio del vino demasiado rebuscado, llevando a los consumidores a pensar que somos profesores. Nuestra tarea, por ahora, es lograr que los consumidores disfruten, no que se mareen con palabras tan complicadas como cuerpo, volumen, taninos, intensidad y  todos esos apelativos que más parecen sacados de ensueño que desde el interior de una botella.

Ayúdanos tú, como consumidor, a que nuestros sommeliers hagan su trabajo. La próxima vez que estés en un restaurante o bar, pregunta si tienen sommelier y pide su consejo. Así nos conoces y ayudas a mejorar el servicio de vinos en Chile.