Cultura: La maldición del gato negro


Si las festividades tuviesen una mascota oficial, la de Halloween sería un gato de pelaje negro y oscuro como la noche. Las supersticiones que rondan a estos felinos, han generado un estigma que se conoce como el síndrome del gato negro.

Ricardo Etchegaray A.

El 31 de octubre en la noche, miles de niños saldrán a las calles para entonar la misma pregunta que hicieron el año pasado y la misma que harán el próximo: “¿Duuulce o truuuco?”.

La noche de brujas o Halloween genera entre muchos adultos un amarga crítica. Se señala que es una festividad estadounidense que no tiene relación con nuestra cultura (cuando en realidad esta tendría un origen celta). También se dice que es solo una excusa capitalista en pos del consumo y el retail. Los noticiarios entrevistaran a nutricionistas pontificando sobre los males del azúcar, a dentistas clamando piedad por los dientes y a Carabineros alertando por dónde y con quién se debería transitar en la oscuridad de la noche.

A los niños eso le da lo mismo. Ellos buscan dulces y ocasionalmente realizar algún truco (entiéndase broma). También quieren salir a las calles vestidos de superhéroes como el Hombre Araña, Capitán América o la Mujer Maravilla. Quieren ser princesas como Elsa de Frozen o la Princesa Sofía. Los más retros, sacaran del baúl de los recuerdos a alguno de los monstruos de antaño: vampiros, momias, Frankestein, brujas y gatos. Gatos negros.

Los gatos negros nunca han gozado de buena fama. De acuerdo a Hartz, una empresa estadounidense dedicada a la creación de productos y cuidado de los gatos por casi 100 años, en Francia y España durante la Edad Media, los gatos negros eran considerados portadores de mala suerte y se los vinculaba al demonio. Durante esa época, en lo que hoy es Alemania, se creía que cuando un gato atravesaba tu camino de izquierda a derecha, estos te maldecían.

Representación de un gato sith. Fuente: John D. Batten en "More English Fairy Tales".

Representación de un gato sith. Fuente: John D. Batten en “More English Fairy Tales”.

Algo similar ocurría en el Reino Unido, lugar en el que la noche de brujas tiene su origen. Dentro de la mitología escocesa y celta, existía la leyenda de un rey de los gatos, llamado el Gato Sith. Este era un felino negro con una mancha blanca en el pecho y según se decía, en caso de que pasara frente a un cadáver, antes de que este fuese enterrado, el Gato Sith (en definitiva cualquier gato negro con una mancha blanca en el pecho) te robaba el alma. Según lo consigna la revista Catster, este gato podía ocasionalmente transformarse en una bruja.

Cuando los primeros peregrinos puritanos se asentaron en la colonia de Plymouth (hoy Massachusetts), trajeron consigo sus supersticiones y dentro de estas, la aberración a cualquier cosa que pareciera brujería, entre estas, los gatos negros.

En el Antiguo Egipto los gatos negros eran venerados como dioses. En Japón se consideran buena suerte. Pero en occidente, entre leyendas y supersticiones, los gatos negros siempre han sido asociados en el ideario popular como algo negativo. Esta es una de las razones por la que se habla del síndrome del gato negro.

Esto involucra que en los refugios de animales, los gatos (y también perros) con pelaje negro, son adoptado significativamente menos que los felinos de otros colores. Por lo mismo, en distintas partes del mundo se han lanzado campañas para la adopción de gatos negros.

 

Video: Campaña para adoptar gatos negros.

 

El mensaje es claro: si estás pensando en adoptar una mascota, considera en tu decisión a aquellos de pelaje oscuro.