Reportajes

Juntos pero no revueltos

Tienen dietas completamente distintas; uno come carne y el otro nada que venga de un animal, pero han aprendido a convivir bajo sus propias reglas. Estas son las historias de tres parejas que decidieron estar juntas a pesar de sus diferencias alimenticias y las dificultades de un ritual ya aprendido: mirar siempre las etiquetas de las comidas, buscar un restorán donde los dos puedan comer y dividir la despensa.

Valentina y Benjamín

Cero estrés

8734[2].jpg

Fotografía: Santiago Gamero

Se conocieron hace cinco años mientras cursaban un Magíster de periodismo en la Universidad Católica, y durante ocho meses fueron solamente compañeros. Un día, Benjamin Aguirre (30), periodista, y Valentina Vergara (30), profesora de filosofía, se juntaron con amigos a tomar algo y la relación empezó a cambiar; pasaron de no sentir ningún tipo de atracción por el otro, a ser inseparables.

Ella es vegana hace seis años y aunque Benjamín la conoció así, admite que al principio de la relación no fue tan fácil adaptarse a ese estilo de vida. “Era un tema, porque para ella era súper importante que si mis amigos nos invitaban a un lugar, yo les avisara que ella no comía nada derivado de un animal, y era difícil, porque se me olvidaba o me incomodaba un poco explicarlo”, dice Benjamín. Ahora es él quien se encarga de avisarle a los meseros lo que puede y no puede comer Valentina. “Nos ha pasado mil veces que pedimos algo y le tengo que decir a la Vale que revise si trae queso o algo así, porque a ella no le gusta insistir. A esta altura digo que es alérgica, porque si no, no se lo toman en serio”, cuenta Benjamín.

Cuando salen a comer, para Valentina la clave es adaptarse; pedir una ensalada cuando van a un restorán o llevar sus propias hamburguesas de soya a un asado: “Trato de no ser mucho cacho en realidad, pero es difícil, porque la mayoría no lo entiende”. En su casa, en cambio, es Benjamín el que se tiene que adaptar al menú vegano que ella prepara cada semana. Ahí, la despensa y el refrigerador están cuidadosamente organizados para que no se confundan los yogurt, leches o mayonesas de cada uno. Aún así, los dos coinciden en que ha sido Benjamín el que más ha cambiado sus hábitos alimenticios; come menos carne que antes y le gustaría ser vegetariano en un futuro.

Hoy, los dos están de acuerdo en que tener dietas distintas no les impide hacer lo que hacen otras parejas, como cocinar juntos, invitar amigos a la casa o ir a un restorán. “Que él coma carne y yo sea vegana no es un problema en nuestra relación. Benja no se hace problema y come lo que yo preparo, aunque tenga tofu”, dice Valentina riendo.

Francisco y Josefa

De un día para otro

88022

Fotografía: Santiago Gamero

Ella era su mejor amiga. Había conocido a sus parejas y él las de ella. Se acompañaron después de cada ruptura, hasta que la amistad se fue convirtiendo en pololeo. Ahora llevan más de un año juntos. Josefa Abujatum (24) Y Francisco Hernández (28) -los dos psicólogos-, hoy piensan en irse a vivir juntos, a pesar de las dificultades que han tenido que superar desde que Francisco se hizo vegano hace seis meses. “Lo que más me complica es que cuando la Jo viene a mi casa no tengo nada para ofrecerle, entonces ella tiene que traer su propia comida, y eso es un cacho”, dice Francisco.

Para Josefa, en cambio, lo más complicado de estar con un vegano es cuando les toca salir a comer con la familia o amigos. “Cuando recién nos pusimos a pololear, mis papás nos invitaron a un restorán. Ellos aman la carne porque somos de campo, y no sabía cómo explicarles que solo podíamos ir a ciertos lugares, para que Pancho pudiera comer algo”, dice Josefa. En esos meses de ajustes, optó también por comprarle a Francisco un paquete de maní cada vez que iban a las casas de sus amigos, para asegurarse de que él no pasara hambre.

Además de la carne, la ropa de cuero y la lana, Francisco dejó de tomar vino, ya que solo algunos están completamente libres de producto animal. Cuando quieren tomar uno juntos, ella se encarga de leer cuidadosamente las etiquetas hasta encontrar un vino vegano. “Yo me siento culpable cuando la Jo me trae comida distinta, o cuando solo vamos a lugares en los que yo puedo comer. Es incómodo”, dice Francisco, y le toma la mano a Josefa, quien asiente con la cabeza al escucharlo.

Francisco decidió hacerse vegano después de conversar con un amigo sobre los sistemas de producción de la carne. Pasó de compartir asados con su familia fin de semana por medio, a no comer nada que venga de un animal. “Siempre digo que me siento estafada, porque cuando conocí a Pancho, era un guatón con el que comía pizza y de un día para otro me dijo que se iba a hacer vegano. Pasamos de ir tres veces a la semana a McDonalds, a nada”, dice Josefa riendo.

Aunque Josefa come menos carne que antes desde que está con Francisco, y le gustaría intentar ser vegetariana, no cree que el veganismo sea lo suyo. “A mí no me ha hecho click todavía esa forma de vida. No siento culpa de comer carne, pero admiro mucho a Pancho por la decisión que tomó, y la fuerza de voluntad que ha tenido”, cuenta Josefa.

Daniela y Emilio

“P.D: ¡Hazte vegano!”

fullsizerender-10

Fotografía: Monserrat Miranda

Los dos son intolerantes a la lactosa y comparten la creencia de que los mataderos no deberían existir. Daniela Sagredo (22), estudiante de Ingeniería Agronómica en la Universidad de Santiago y Emilio Galleguillos (25), Ingeniero eléctrico, se conocieron hace dos años. Se gustaron desde el primer día en que se vieron, pero durante más de 12 meses fueron solo amigos. Un día, él la invitó a salir y ella dijo que sí. Su primera cita fue en el local de comida rápida Juan Maestro, conocido por sus hamburguesas. Daniela era vegetariana hace tres años y solo pudo comer papas fritas. A pesar de eso, conversaron toda la noche y ella aceptó salir con él de nuevo.

Ahora Daniela no consume ningún producto derivado de animal, ni siquiera su ropa:

-Me hice vegana hace un mes-, cuenta Daniela.

-Dos, amor, llevas dos meses completos.

-¡Es verdad! A veces creo que Emilio sabe más de mi veganismo que yo.

Antes de conocer a Daniela, Emilio fue vegetariano durante un año, pero tuvo que volver a comer carne después de perder musculatura y nutrientes de la proteína animal que le permitían ejercitar la halterofilia, o levantamiento de pesas. Se sintió débil y su doctor le recomendó volver a su dieta de  antes. “Pero nunca volví a comer como antes”, dice Emilio. Ahora come carne una vez a la semana, a veces dos, y solo cuando no está Daniela.

Cambiar su dieta no es lo único que Emilio ha tenido que ceder en la relación. Aunque la apoya en su decisión de hacerse vegana, admite que buscar un lugar donde los dos puedan comer no ha sido una tarea fácil. “No puedo llegar y elegir un restorán, tengo que informarme antes si ella va a poder comer algo del menú, entonces ese tipo de cosas implican un esfuerzo extra, pero es parte de una relación”, dice Emilio.

Los dos coinciden en que parte de una buena relación es conversar de todo, especialmente sobre el hecho de que uno es vegano y el otro no. Cada vez que lo hacen, terminan riendo o buscando nuevas soluciones para salir a comer. “Nunca hemos discutido por esto, y si lo hiciéramos, creo que no podríamos estar juntos”, dice Daniela. Y aunque no discuten, ella no pierde la esperanza de que algún día Emilio sea vegano. “La respeto mucho por su decisión, pero por ahora no es lo que yo quiero, y no lo haría solo porque ella me lo pide”, dice Emilio. Aún así, Daniela sigue intentando convencerlo. Su estrategia es simple: escribir en letras pequeñas al final de todas las cartas que le ha regalado: P.D: ¡Hazte vegano, te voy a amar más!