Instinto maternal: Buscando respuestas

Bebé tomando la mano de su madre.

Bebé tomando la mano de su madre. Pixcove.

Existe la concepción que ser madre para una mujer es naturalmente una de las mejores noticias que podría recibir. Sin embargo, ¿qué hay detrás del instinto materno? ¿Es algo que todas las mujeres comparten? ¿Es un sentimiento intrínseco? A continuación expertos de las ciencias y las humanidades dan a conocer su visión sobre el instinto materno.

 

Por Estephanie Peñaloza y Paloma Valencia

Jocelyn (29) cuando vio el signo positivo en el test de embarazo no podía creerlo. “Fui súper irresponsable, pero soy grande y hay que hacerse cargo de lo que uno hace. A veces las cosas pasan por algo”. De ahí en adelante, dice, todas las decisiones que fue tomando con respecto a su embarazo fueron racionales. Lo primero que hizo fue dejar de fumar. Luego, cambió su alimentación por una más sana. Pero siempre en función de ella misma y no del hijo que venía en camino: “Si yo como mal, al bebé no le va a pasar nada. Soy yo la que va a quedar desnutrida”.

En un momento se cuestionó esa carencia de empatía con el hijo que estaba creciendo en su vientre. Qué algo le faltaba. “Me empecé a preguntar por qué no tenía ese instinto maternal, de ese que hablan las mujeres cuando están esperando un hijo. Nunca se me ocurrió preguntarle, en ese momento, a mi propia mamá que era lo que me pasaba”.

Sin embargo, después de un tiempo decidió conversarlo con su madre y le preguntó qué fue lo que sintió cuando ella estuvo embarazada. Ella le respondió que la embargó la emoción, la felicidad y que ella, la hija mayor, era su tesoro. “Mi mamá me tuvo súper chica, a los 18 años. La diferencia de edad me impresionaba, ella era más joven que yo cuando me tuvo y sentía una conexión emocional súper fuerte. No lograba entender por qué yo no lo tenía”.

De una de las muchas conversaciones que tuvieron, su madre le dijo algo que cambió su perspectiva radicalmente: “Ella me dijo que no me había criado para ser mamá”.

Antonieta Sepúlveda, psicóloga y máster en estudio de género y cultura de la Universidad de Chile, cree que el instinto maternal es un constructo social. “La verdad es que las mujeres que no tienen un instinto materno no son menos mujeres. No van a tratar mal a sus hijos; ellas también los quieren”. Para la psicóloga ellas no tienen ese discurso internalizado ya que mantienen una política de honestidad con ellas mismas al determinar que simplemente no lo sienten de esa manera.

“Una mujer no debería ser condenada el decir abiertamente que si volvieran el tiempo atrás quizás no hubiesen tomado la decisión de ser madre. Chile es un país bastante conservador y, a veces, siento que el constructo materno es una fórmula que está insertada en la consciencia de las mujeres. Es sólo materno”, dice Sepúlveda.

Para la psicóloga “el deber ser madre” es un concepto arraigado en lo que se considera normal. Por ende, existen mujeres que observan como anormal a sus pares que no desean hijos. No obstante, en la sociedad actual no podemos determinar que es normal o no frente a la experiencia del embarazo.

Sepúlveda explica que existe una concepción equívoca y cerrada que estima que el tener hijos es de una mujer “sana”, mientras que el no tener es algo ajeno a lo común. “Muchas madres se cuestionan en silencio, de que deben tener algo enfermo o que algo les sucedió en su historia porque no tienen ese sentimiento”.

Sin cuestionamientos

Esa duda jamás existió en el caso de Bárbara (25). Para ella el embarazo tampoco fue planeado, pero la noticia fue sólo felicidad. Su hija además nació prematura, por lo que para ella el instinto se relaciona directamente al querer saber, desde que te enteras de la noticia, todo lo que gire alrededor de ese bebé.  “El instinto es estar pendiente de cómo respira, de cómo se mueve, todo. Y también el instinto, para mi, tiene que ver con el tacto, con tocarla, olerla”.

Bárbara se enteró de su embarazo días antes de que lo confirmara con un test. Sintió que su cuerpo había cambiado, sin embargo describe que la sensación en sí era emocionante porque sabía que su propia vida se había ofrecido a otra criatura. Al mismo tiempo, sintió nerviosismo porque todo su futuro se había hecho incierto.

El instinto es estar pendiente de cómo respira, de cómo se mueve, todo. Y también el instinto, para mi, tiene que ver con el tacto, con tocarla, olerla”

“A medida que avanzaba mi embarazo me confié en que iba a saber qué hacer y cómo actuar en el momento adecuado. Yo creo que el instinto es confiar en sí misma respecto al cuidado de tu hijo”. Bárbara dice que lo primero que pensó fue en ser una mamá ideal, aunque sabía que tal cosa no existía, no obstante hoy busca seguir con el modelo que le entregó su propia madre.

La psicóloga Paula Larraín cree que el instinto consiste de dos extensiones. Por un lado  está lo fisiológico y por otro el constructo social. Cuando una mujer está embarazada hay hormonas que ayudan a que la madre pueda amamantar y a dar protección a su cría, pero que esto no se apoya sólo en el instinto.

“No es algo tan claro. Tiene que ver con algo individual. Cuando una mujer tiene un hijo y cree que todo está bajo su cargo, esta acción puede estar interferida por traumas o vivencias traumáticas que ella vivió”. Para Larraín hay muchos factores que pueden intervenir en favorecer o entorpecer el contacto con tu bebé y eso es algo más social que biológico.

La biología es clara, según Paula, pero esta es sólo una guía. El instinto maternal debe ser cuestionado porque también influye, en este proceso, el bebé. “Una madre no es la misma madre con todos sus hijos pues está mediado por cuán irritable puede ser su guagua o cuán difícil de calmar sea. Estos factores pueden entorpecer el vínculo y esto no tiene que ver con ella”. Es por eso que Paula cree que el instinto es algo mucho más dinámico y que tiene que ver con el nivel socioeconómico y con el ambiente.

Para Patricia Iglesias, socióloga de la Universidad Católica, existe una carga social en el ser mujer/madre y se les exige mucho más para cumplir ese rol. “El ser mujer se puede constituir desde diferentes pilares y la maternidad es uno de ellos pero uno de varios más. Existe gente que dice que sólo se sabe de amor cuando se es más y eso si es un discurso aprendido”, recalca Iglesias.

Con respecto al papel reproductivo que cumple la mujer frente al hombre, en ellas se da mucho más fuerte porque cargan el feto en su vientre por nueve meses y les da un sentido de pertenencia mucho mayor en relación a sus hijos que los padres. “Creo que la sociedad tiene una visión mucho más tradicional de la mujer que es madre. Se acepta que trabaje y que se realice pero no puede descuidar su rol en la crianza de sus hijos”, señala Iglesias.

La socióloga piensa que el instinto materno existe, que hay un correlato biológico entre el rol materno que protege a sus crías pero que es más parecido a “la idea de amor perpetrada por Disney, las películas o la cultura popular”.

Instinto en un embarazo planificado

Luis Ebensperger, biólogo y académico de la Universidad Católica, dice que los humanos tienen como característica principal ser indefensos al momento de nacer comparados con otros organismos. Por lo que un concepto de instinto se relaciona más con la protección de la cría, con proporcionar alimento y el abrigo.

La mujer, para Luis, es  quien tiene una condición biológica en la que está predispuesta a proporcionar el cuidado parental. Pero también cree que hoy en día esto puede haber cambiado, “ahora hay acuerdos sociales entre hombres y mujeres en donde el cuidado parental debe ser un poco más alternado o participativo entre ambas partes”. Esto quiere decir, que el rol que alguna vez proporcionó sólo la madre, en la actualidad puede ser compartido entre ambas partes sin necesidad de diferenciar entre géneros.

Para Ebensperger el instinto materno se refiere a un rasgo o a una conducta que se expresa sin enseñanza de por medio. El cuidado parental se produce casi instantáneamente, no obstante el aprendizaje debe estar presente de todas maneras. “Se reconoce cuando una mujer tiene un hijo por primera vez porque son menos eficientes en algunas situaciones y eso mismo ocurre en otras especies animales”. Al final todas las conductas tienen algo de instintivo y algo de aprendido, dice.

El cuidado parental está envuelto en lo instintivo dice Luis, porque un adulto al tener una cría indefensa éste tiende a protegerlo, a reaccionar apropiadamente. La evolución y la selección natural han sido las que propician esta conducta. Si un animal adulto no tiene la reacción de proteger a su cría, puede venir un depredador o un competidor y llevársela.

Yo lo asimilo cuando estoy con otros bebés y no quiero relacionarme con ellos, ni siquiera acercarme. No me dan ganas de tomarlos en mis brazos”.

A diferencia de Jocelyn y Bárbara, Katherine (35) planeó su embarazo y tiene 8 meses de gestación. “Quise quedar embarazada porque encontré que ese era el momento indicado y no lo había experimentado antes. Fue un punto de mi vida que sentí que estaba dispuesta a ser mamá, pero en esto no se me va la vida. No es un sentimiento tan profundo”.

Con su esposo habían intentado ser padres durante más de un año a través de distintos tratamientos. Y cuando el doctor les dijo que ella estaba embarazada sin ningún método, la alegría fue mayor. La emoción que sintieron estaba más relacionada a lo difícil que fue el proceso, más que al hecho de tener un bebé.

Pese a su reacción inicial, Katherine piensa que aún así no tiene instinto maternal.“Yo lo asimilo cuando estoy con otros bebés y no quiero relacionarme con ellos, ni siquiera acercarme. No me dan ganas de tomarlos en mis brazos”. Ella no siente la conexión que ve en otras mujeres. “Cuando hay una guagua y todas las mujeres se acercan, yo pienso “ah, es una guagua”, pero la verdad es que me da lo mismo y ahí yo me pregunto en dónde está mi instinto maternal”.

Cree que esta desconexión con los bebés se debe a su personalidad. “A mi me cuesta relacionarme con otras personas, soy más fría. Yo creo que tiene que ver porque no soy de piel, ni de abrazar”. Ahora sólo le queda esperar, porque lo que siente en la actualidad es solo ansiedad, susto. “Piensas permanentemente que puede pasar algo, entonces no estaré tranquila hasta cuando nazca, aunque tampoco creo que esté tranquila después”.

Al igual que Katherine, Daniela (36) planificó su embarazo de los mellizos Martín y Rodrigo, pero su experiencia ha sido distinta. “Para mi ha sido lo máximo ser mamá. Es lo mejor del mundo y lo más importante de mi vida”. Ella planificó tener sus hijos. Se ponía muy feliz al ver sus ecografías todos los meses y le encantaba sentirlos patear. “No me ponía a llorar pero sentía que los amé desde el primer momento”.

Si bien siempre buscó ser madre, el nerviosismo siempre estuvo presente en el momento de representar este nuevo rol que asumió. “Son miles de sentimientos encontrados, es una mezcla de hormonas y el temor a lo nuevo. Es una experiencia fuerte”. También durante el parto, experimentó cosas que nunca había sentido antes, como el temor a que les pasará algo o el no poder protegerlos.

Daniela reconoce que ser madre es una experiencia compleja, que los primeros años son los más difíciles y que la libertad como mujer se ve muy reducida a lo que era antes de estar a cargo de dos niños. “El tiempo libre se reduce a nada porque dependen ciento por ciento de ti. Es súper importante darse cuenta que al final si uno se toma una hora para ir a tomarse un café sola, ese tiempo es súper valioso”.

Eduardo Fermandois, filósofo y académico del Instituto de Filosofía de la Universidad Católica, reconoce que el amor parental, especialmente el materno, tiene una nota distinta con respecto a otros tipos de amores: la incondicionalidad. “Cuando se ama a un hijo, no se hace porque uno encuentra algo bueno en él, un objeto amado sino que es porque yo lo amo que se transforma en algo valioso”, asegura.

Los padres y las madres, dice, están al pie del cañón incluso cuando sus hijos no resultan ser lo que ellos esperan, “al final el amor y el valor moral de la persona amada no cuenta y la persona se vuelve amada solo porque existe ese sentimiento de por medio y no por otra cosa. No es que se descubra un valor intrínseco en el acto de amar a alguien”.

Cuando el embarazo es esperado, dice, muchas veces se empieza a querer al hijo sin siquiera verlo, “nadie sabe si va a salir bueno para la guitarra o para las matemáticas. Si va a ser simpático o antisocial. Uno lo quiere sin cuestionarlo”.

Para Fermandois, la respuesta a por qué se quiere un hijo es compleja porque está escondida detrás de una no respuesta como él define. “Yo quiero a mi hijo, porque es mi hijo y eso no es una respuesta. La pregunta es que no cabe cuestionarse por qué uno quiere a los hijos. Uno los quiere, punto”.

*Definición de Instinto:

Instinto

La natalidad en cifras:

En América Latina hay distintas realidades. esto se puede demostrar en la tasa de natalidad que hay en los distintos países de la región.

Chile en los últimos años ha variado su tasa de natalidad.

 

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