La resistencia cultural chilota en medio de la disputa por el puente

Tras la instalación del casino, el aeropuerto y el mall en Castro, hoy los habitantes del archipiélago se enfrentan a una construcción -única en Sudamérica-, que terminará para siempre con su condición de isla, característica que ha forjado su identidad y moldeado su particular cultura traspasando las fronteras de Chile.

Por María Consuelo Ulloa

La plataforma que llegó desde Corea en junio pasado, es el recordatorio del gran cambio que vivirá la isla y sus habitantes. La estructura puede ser vista por todo el que cruce el canal de Chacao. Foto: Agencia Uno
La plataforma que llegó desde Corea en junio pasado, es el recordatorio del gran cambio que vivirá la isla y sus habitantes. La estructura puede ser vista por todo el que cruce el canal de Chacao. Foto: Agencia Uno.

A 1.109 kilómetros de Santiago la Ruta 5 Sur se corta de golpe. En el sector de Pargua, después de Puerto Montt, el asfalto se transforma abruptamente en rampas que chocan con un agitado oleaje marino. Ese es el canal de Chacao y lo que hay del otro lado es un lugar diferente a todo. Bienvenido a la isla grande de Chiloé, un archipiélago con 43 islas satélites que pronto dejará de lado su principal característica: la insularidad, por medio de un puente colgante de 2 mil 700 metros.

La millonaria obra, que comenzará a operar en septiembre de 2020 –según Carlos Contreras, seremi de Obras Públicas en Los Lagos -, cuenta con una infraestructura única en su tipo, y su extensión solo es comparable con el Gran Puente del Estrecho de Akashi de Japón y el Puente del Gran Belt de Dinamarca.

La desconexión con el continente, sumada a la mezcla entre los pueblos originarios y los españoles a partir del 1500, ha construido una forma de vida particular basada en tradiciones, mitología y una cultura única, pero el siglo XXI arremetió con fuerza en términos modernizadores. Hoy, los efectos del puente serán el mayor desafío para preservar una cultura reconocida a nivel mundial como Patrimonio de la humanidad.

“No te sorprendas si te invitan a beber o incluso a compartir la comida a su casa, especialmente asados al palo. Si aceptas la invitación, llega con una botella de vino chileno”, recomienda la revista National Geographic Travel, al describir a los chilotes en su ranking de “Mejores Viajes para el Invierno 2016”.

Ese perfil acogedor, combinado con una especial cultura y un paisaje envidiable, llama la atención de los turistas a lo largo del mundo. De hecho, según el barómetro de turismo realizado en 2014 por el municipio de Castro, el 23,2% de los visitantes que llegan a la capital provincial son extranjeros -principalmente argentinos, franceses y españoles-, quienes lo hacen motivados por el patrimonio, gastronomía y parques naturales, entre otras razones.

Un cambio irreversible

La reconstrucción tras el terremoto de 1960 y la llegada de la industria salmonera a finales de los 80’ fueron los primeros hitos de una transformación que en los últimos tres años ha sumado grandes edificaciones como el casino, aeropuerto y un mall, íconos de urbanización que hasta hace poco eran parte de la vida cotidiana del resto de los chilenos, pero desconocidos para Chiloé.

Estas instalaciones modernizadoras han causado debate entre los habitantes de la zona. Ahora la discusión alcanza su peak con la primera etapa del puente sobre el Canal de Chacao: una construcción que considera la histórica inversión de 360 mil 134 millones de pesos y que en seis años de ejecución terminará para siempre con el Chiloé isla.

Infografía del puente en Chacao
Las cifras que serán parte del polémico viaducto, dan cuenta de la magnitud de la megaobra.

El puente será único en Sudamérica y el mundo. Así lo ha asegurado el jefe del proyecto del MOP, Horacio Pfeiffer. “No es comparable con otro que se haya hecho hace 10 años, porque el de Chacao tiene aplicada la última tecnología en puentes colgantes, pensada para mejorar la resistencia del viento y los elementos para una buena conservación”, dice.

Pese a la propuesta que formuló a mediados del 60’el diputado por Chiloé, Félix Garay –inspirado en el Golden Gate de Estados Unidos-, no fue hasta el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle cuando se decidió concretar el proyecto. Se licitó en la última parte del periodo de Ricardo Lagos y todo pasó a manos del primer mandato de Michelle Bachelet, que en 2006 canceló el proyecto debido al alto costo que implicaba.

Instado por movimientos ciudadanos, la administración de Sebastián Piñera retomó el plan de la construcción del puente, que actualmente está en su etapa de diseño, la que ya contempló la instalación de una plataforma de 2 mil 818 toneladas que llegó desde Corea en junio pasado. La estructura iniciará la exploración del fondo marino que permitirá la instalación del viaducto.

La construcción, cuya inversión en dólares suma más de 700 millones, contará con 2 mil 750 metros de longitud y tendría una durabilidad de 100 años. Según el Gobierno, permitirá cruzar el canal de Chacao en menos de dos minutos en vehículo. Lejos de la media hora que toma actualmente cruzar en transbordador.

Previendo efectos, el Estado puso sobre la mesa mil 500 millones de pesos como parte de un plan de mitigación cultural para el impacto que provocaría el viaducto. El dinero deberá ser repartido entre las 10 comunas que forman parte de la isla, además de Maullín y Calbuco, durante los cerca de seis años que dura la construcción para los distintos programas y proyectos que cada comuna postule.

“Se debería hacer un estudio y planificación de las consecuencias de esta megaobra, el que nunca se ha hecho”, advierte Paula Bastías, arquitecta e integrante de “Defendamos Chiloé”, agrupación que se ha transformado en el rostro de quienes no quieren la construcción, llegando a plantearle sus inquietudes al mismo ministro de Obras Públicas, Alberto Undurraga.

Del otro lado está Selim Barría, integrante del directorio del Liceo San Francisco de Ancud y presidente del Comité Propuente.

Selim Barria, presidente del "Comité propuente" .
Selim Barria, presidente del “Comité propuente” . Foto: M.Consuelo Ulloa.

“El unir y construir, no debilita ni destruye. Para nosotros esto integrará y permitirá una mayor circulación de proveedores y turistas. Estamos convencidos de que no va a ser negativo para Chiloé”. Añade que si bien cree que existirá una repercusión, esta será completamente positiva para todos los habitantes del archipiélago.

Construyendo realidad

Hyundai ha levantado más de 20 puentes colgantes alrededor del mundo y actualmente trabaja en la estructura que conectará Asia con Europa, por sobre el estrecho del Bósforo en Estambul, Turquía. La firma coreana es parte del consorcio que se adjudicó la obra del viaducto sobre el Chacao.

Parte del debate vinculado al puente se relaciona con las mayores inversiones que los chilotes quieren en educación, salud y conexión entre sus localidades. Para muchos, el puente no responde a los anhelos que tienen hace décadas.

A principios de 2014, el cientista político Eduardo Mondaca fundó el Centro de Estudios Sociales de Chiloé (Cesch), institución que tiene como objetivo visibilizar el pensamiento de los habitantes insulares y reflejar la realidad que allí viven.

“Hay algo que cala hondo en el corazón del habitante de la isla: la postergación, los proyectos inconsultos, la no participación y el no reconocimiento de las voces que aparecen en este archipiélago y son ninguneadas hasta decir basta”, comenta Mondaca, al mismo tiempo que, sentado en un café de Castro, se apresura en buscar los resultados de la primera encuesta que hizo el organismo.

“Chiloé y sus prioridades”, es el título del documento aplicado a 425 personas pertenecientes a las 10 comunas del archipiélago y en la que se consultó a los isleños respecto a la llegada del viaducto y sus necesidades.

“Según su apreciación: La cantidad de recursos destinados a la construcción del puente sobre el canal de Chacao, ¿podría haber sido invertida en necesidades más urgentes?”, fue la primera y principal pregunta a los entrevistados. El 86,12% respondió que sí, frente al 12,47% que dijo que no. Además se consultó si un hospital de alta complejidad con especialistas es la necesidad más urgente a cubrir en Chiloé, a lo que el 98% respondió que sí.

Los chilotes entrevistados expresaron tres prioridades: tener un hospital de alta complejidad, un campus universitario estatal y solucionar la sequía y pérdida de bosque nativo.

El 12 de octubre pasado, la organización "Defendamos Chiloé" convocó a una movilización ciudadana para manifestar su rechazo al puente. A la marcha llegaron cerca de 2 mil personas. Foto: La Estrella de Chiloé.
Cerca de 2 mil personas asistieron el pasado 12 de octubre a la manifestación en rechazo al puente en Chacao. Foto: La Estrella de Chiloé

“Vemos que una gran cantidad de prioridades urgentes son postergadas, no son tomadas en cuenta. Además, se nota una tremenda necesidad de participar sobre las decisiones que afectan y competen a los habitantes de este archipiélago”, afirma Mondaca, quien también es integrante de la organización “Defendamos Chiloé”.

Para Armando Bahamonde, presidente de la “Red de Cultura de Chiloé”, las conclusiones del estudio son una realidad histórica. Asegura que el puente no ayudará a los chilotes. “Este no es un proyecto que haya nacido como inquietud de nosotros, tampoco apunta a nuestros intereses, sino que se orienta hacia el empresariado”, dice de forma tajante.

Bahamonde, quien por su trabajo en la cultura se ha convertido en un referente en la zona, añade: “La creación del puente no goza de nuestra aprobación porque las verdaderas prioridades son un sistema de salud adecuado a la realidad del archipiélago, la creación de una universidad estatal y la conectividad interna de toda la isla”.

Al respecto Nelson Águila, alcalde de Castro, cree que los puentes son un signo de unidad para el país. Para él, el viaducto en Chacao es un tema transversal, no político, ya que tiene que ver con estrategias nacionales de desarrollo.

Águila dice estar consciente de que existirá un impacto en lo cultural, pero considera que es parte del proceso de avance que debe tener Chiloé, para el que ya tienen que prepararse los isleños.

El edil de la capital provincial piensa que las otras necesidades de la isla, que la gente indica como urgentes, no tienen relación directa con la estructura y valora la conectividad que tendría a partir de 2020. “Yo no le veo cosas negativas a la construcción. Para mí no tiene nada que ver que hablen de otras prioridades, porque esas otras prioridades las tienen que asumir los ministerios correspondientes. Obras Públicas no puede hacerse cargo de cosas que no sean la conectividad de Chiloé con el continente”, afirma.

Promesas incumplidas

“Chiloé va a perder su atractivo y además tenemos otras necesidades. No sacamos nada con tener un puente, si cuando se nos enferma alguien no tenemos a médicos especializados acá”. Es la mirada de Adriana Mansilla, una profesora chilota jubilada, arraigada hace 45 años en Chacao, el pueblo de entrada a Chiloé, que será el antejardín del proyecto vial.

Con cerca de 450 habitantes, el pueblo de Chacao, perteneciente a Ancud, es una de las zonas con menor movimiento turístico, y relegada por parte de las autoridades, según los propios lugareños. “Como pueblo no nos vamos a ver beneficiados con el turismo, a no ser que nosotros hagamos algo y trabajemos una idea”, agrega Adriana, detrás del mesón de su minimarket, mientras aguarda la llegada de algún vecino que pase a comprar algo para la once.

Sin embargo, hay chacainos que ponen todas sus esperanzas en la megaobra. “Vamos a tener más productos, van a salir las cosas más baratas y va a ser todo más rápido”, proyecta Rafael Velásquez, nacido y criado en el pueblo en el que, según él mismo afirma, ha visto muchos enfermos agravarse por no poder llegar a tiempo a un servicio de salud con todos los implementos.

Hasta el momento, el empleo entregado por la obra tampoco ha ido en favor de los isleños. De los 5 mil puestos prometidos en un principio, la cifra se redujo a 2 mil, para finalmente ofrecer solo 300 vacantes en el momento de mayor demanda de trabajos.

Pese a que no hay cifras oficiales sobre el número de chilotes empleados actualmente en el proyecto, según estiman agrupaciones vecinales de la zona, el número no superaría las 10 personas.

El seremi de Obras Públicas en los Lagos. Foto: Intendencia Los Lagos.
El seremi de Obras Públicas en los Lagos. Foto: Intendencia Los Lagos.

“Hoy principalmente se están realizando los trabajos de ingeniería en Europa. Sin embargo, en paralelo se está avanzando en los accesos de la construcción del puente, en la instalación de faenas y algunas obras que son necesarias antes de la ejecución. Allí  hay gente de Pargua y Chiloé”, afirma el seremi de Obras Públicas, Carlos Contreras. El secretario regional también hace hincapié en que la compañía ha contratado a otras empresas chilenas para labores que son parte de esta etapa.

Pero los pocos cupos laborales no es lo único que provoca el rechazo de los isleños. Entre quienes aún creen que el proyecto podría cancelarse, la falta de una encuesta transversal en la isla, y el hecho de que la consulta indígena solo se aplicó “en el área de influencia del proyecto” –que para el MOP fue Pargua por el norte y Chacao por el sur-, también han generado controversia.

“No es que nosotros estemos en contra, sino que no queremos las cosas como las está haciendo el Gobierno: sin tomarnos en cuenta, sin preguntar ni informar, porque hay mucha gente que ha dicho sí al puente porque no se les explicó”, asegura el lonkohuilliche Fidel Raín, quien ha participado representando a su comunidad en marchas en oposición al proyecto.

Su queja es “la mala aplicación” del Convenio número 169 de la Organización Internacional del Trabajo, el que vela por los derechos de los pueblos indígenas y tribales, y que defiende una consulta representativa en la materia y que, según Raín, debiera haber considerado a los mapuches de toda la isla.

Desde Obras Públicas en Los Lagos, Carlos Contreras replica escuetamente que “hubo una consulta en la que también se incluyó a las comunidades indígenas”, la que estuvo a cargo de una consultora externa al Gobierno, explica.

Para la diputada socialista por la zona y presidenta de la comisión de Obras Públicas, Transportes y Telecomunicaciones de la Cámara Baja, Jenny Álvarez, el culpable no haber hecho esto es claro: el Gobierno anterior.

“Hay que recordar que esta obra se adjudicó y licitó en el gobierno de Sebastián Piñera. Yo en esa oportunidad planteé lo importante que era la consulta para escuchar a la ciudadanía. Es una obra que va a impactar enormemente en nuestra zona y en ese sentido era fundamental saber qué decían los chilotes”, declara.

Álvarez añade que dado que la obra ya está en marcha, lo importante ahora es velar porque la construcción continúe de la mejor forma. “Creo que obviaron esa parte, pero solo nos queda a nosotros como diputados, en nuestro rol de fiscalizadores, ver que las cosas se hagan correctamente”, precisa.

Del temor a la resistencia

El término de la insularidad inquieta a la gran mayoría de los chilotes, quienes tienen distintas miradas sobre el fenómeno y cómo enfrentar la pérdida de esta condición. Por un lado están los que temen un quiebre de identidad, que impactaría en el turismo y en la forma de vida local, pero también están aquellos que tienen la esperanza de que, independiente de lo que venga, la fortaleza de las raíces chilotas es tan fuerte que permitirá preservar la singularidad local.

“Esta cultura tiene un alto grado de fragilidad, por lo que puede verse afectada. La dimensión de la inversión y los cambios que trae consigo son tan grandes que ni siquiera los imaginamos”, declara el arquitecto Edward Rojas, quien se dedica al rescate cultural y patrimonial del archipiélago.

Con la experiencia que lo respalda, Rojas también asegura que obras de la envergadura del puente “destruyen el paisaje del lugar”, lo que podría hasta alternar la “postal” que los turistas se lleven de la isla.

Advierte que la transformación está por llegar y hay que saber cómo enfrentarlo a través de un camino que hay que hallar.

Otros piensan que las tradiciones, la identidad y la cultura podrán resistirse a lo que significará el viaducto, pero además creen que el ingreso de la tecnología, así como también el de empresas y la construcción de obras como el casino, el aeropuerto y el mall no han logrado modificar la esencia chilota.

“Yo creo que sí van a producirse quiebres y problemas, pero van a ser momentáneos y los afectados van a alzar la voz”, prevé José Bravo, académico e Investigador del Instituto de Historia y Patrimonio de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile.

Para Bravo, quien trabaja constantemente con las comunidades chilotas, la llegada de los afuerinos ha sido positiva en ciertos aspectos, ya que con ella surgió una nueva categoría de visitante; el que está preocupado de conservar lo autóctono del archipiélago.

“Ha sido interesante apreciar cómo aumentó este flujo de personas, de hecho, ahora se habla de un turismo 2.0, que responde a quienes tienen intereses especiales en la zona. Uno ve cómo reparan los palafitos y los transforman en hostales, sin perder esa identidad”, dice. Detalla y agrega: “la cultura chilota ha comenzado a crear sus anticuerpos”.

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El fundador del “Archivo patrimonial de Chiloé”, Renato Cárdenas, es el principal defensor de la resistencia cultural chilota.

La resistencia es la clave para el escritor y fundador del “Archivo patrimonial de Chiloé”, Renato Cárdenas. Según el investigador, los isleños se enfrentarán, sin miedo a perder sus tradiciones, a un puente que ineludiblemente les cambiará la vida, pero no su esencia.

“Durante el periodo colonial, los cambios siempre se dieron, pero de una forma muy cuidadosa. Nunca se perdió la huella aquí en Chiloé, y ese legado es el que creo es fundamental en un proceso de desarrollo”, analiza el estudioso, sentado en el comedor de su casa en Castro, mientras prepara un ollón de mariscos en su cocina a leña.

“Obviamente un puente y las otras construcciones dañan la identidad, pero la cultura popular se ha enfrentado a distintos procesos políticos y sociales, incluso a fenómenos naturales, pero pasa el tiempo y de repente aparece, 30 años después, una pieza de la cultura que parecía se había acabado. Esa es la resistencia que tiene Chiloé”, expone enfático Cárdenas.

La supervivencia

En 1834 y 1835 el célebre científico británico Charles Darwin visitó Chiloé. El naturalista recorrió la zona ,y años después, acuñaría una sentencia que cobra vital sentido para el Chiloé actual, el mismo pueblo que analizó hace casi dos siglos: “Las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

Ahora los chilotes viven un proceso histórico que a la vuelta de algunas décadas se mirará a la distancia, pero que está en pleno desarrollo. “La identidad de la isla se va construyendo. Lo importante es que en ese proceso nunca perdemos ese cordón umbilical que nos conecta con ese pasado que no queremos reproducir, pero que es el camino hacia uno nuevo que va agregando otros componentes”, dice Cárdenas.

No hay respuestas definitivas sobre el futuro de la cultura en la isla,  pero la palabra clave parece ser la resistencia.

“Hoy no tenemos nada, solamente la desesperanza y un futuro incierto para las nuevas generaciones”, afirma radicalmente Armando Bahamonde, con la desconfianza que le inspira este avance acelerado, pero con la secreta convicción de que todo puede buscar un nuevo camino.

“Chiloé está buscando su destino y ahora tiene que pensarlo con la existencia de este puente”, concluye Edward Rojas, citando los continuos ajustes que ha vivido la isla en medio de la modernidad.

Para conocer más sobre el puente y su avance, revisa aquí la información oficial sobre el proyecto.