Jazztick: Videojuegos llevados al Jazz

En entrevista con Jazztick, Revista Escena se adentró en las inspiraciones, anécdotas y experiencias de una banda que ha destacado en las calles de Santiago por llevar al género del jazz y fusión las bandas sonoras de videojuegos clásicos. Super Mario Bros, Donkey Kong, Street Fighter y Zelda, son algunos de los juegos que ocupan un lugar en los tres discos del grupo.


¿Cómo y cuándo nace la banda?

Max: La banda nace como hace tres años, más o menos. Dividimos nuestra historia en dos procesos. Un proceso en que nos dedicamos netamente a ensayar, donde esto nació como un proyecto de cabros jóvenes que querían tocar simplemente, no teníamos la intención actual de querer ganarnos la vida. En un principio éramos yo en teclado, el Seba, quien es el bajista y arreglador de los temas, Milton en el saxofón e Israel, quien en ese entonces era el baterista.
Está la anécdota de que Milton llegó a la banda el día en que comenzamos a ensayar, ya que él encontró al Seba tocando en la calle, conversaron y al día siguiente llegó al primer ensayo de la banda y en ese momento se convirtió en un miembro fundador.
El propósito de la banda en ese entonces era llegar a tocar en el bar InsertCoin que estaba en Irarrázaval, donde finalmente pudimos presentarnos.
Luego, Fernando Rojo reemplazó a Israel en la batería. Él nos ayudó a salir a la calle y con el Seba consiguieron un permiso municipal a fines de 2015.
Desde ese momento la banda comenzó a crecer, a ver los primeros pagos y reconocimiento de la gente. Por motivos personales el Feña se salió y llegó Milton para reemplazarlo en la batería.

¿De dónde nace este interés de mezclar el jazz con los videojuegos?

Max: Se podría decir que somos todos bien fanáticos de los videojuegos, o por lo menos en algún momento de nuestra juventud lo fuimos. Don Milton hace poco descubrió que le gusta el Tetris (risas). Yo tuve un GameBoy, Sebastián juega harto Nintendo también. Estamos más relacionados con Nintendo, yo creo.

Principalmente son videojuegos clásicos…

Max: Claro, está el Donkey Kong, los Donkey Kong Country, los primeros Street Fighter los temas de Super Mario.
En sí, el propósito de la banda implica transportarnos a la emoción de jugar, de cuando estábamos descubriendo los juegos. Queremos proyectar esa emoción y creo que la gente nos termina viendo porque piensan ¿cómo es que estos cabros disfrutan tocando esta cuestión? Y nosotros decimos “bueno, nosotros vivimos y crecimos jugando estos videojuegos, así que ya son parte de nosotros”.

¿Cómo deciden las canciones de los videojuegos al momento de los arreglos?

Max: Esa es una cuestión de gusto personal de Sebastián, que es el arreglador. Él funciona en base a sentimientos, entonces, si un tema le encanta, se le mete en la cabeza y se pone a arreglar y a experimentar. Así nacen los temas.

Peluches y cajas temáticas acompañan a la banda en sus presentaciones.
La elección de los temas se basa en la nostalgia que los juegos provocan en el bajista de la banda, Sebastián.

 

 

 

 

 

 

 

¿Elegirían otros juegos? Para salir de lo clásico…

Sebastián: Sí, los arreglos en general son ideas mías acerca de lo que siento con los juegos que jugué, pero últimamente la gente pide temas.
Primero me familiarizo con el juego, incluso a veces llego a jugarlo para saber en qué me estoy metiendo, y después con los arreglos no hay mucho problema.
El hecho de que lo pida el público me hace sentir igual de inspirado. Siento el mismo placer de hacerlo por la gente que nos apoya que hacerlo con los juegos que a mí me gustan, es una nostalgia compartida.

¿Qué videojuegos elegirían?

Max: Es bueno darse cuenta de que la música de videojuegos tiene una repercusión importante, hay compositores y expositores increíbles, arreglistas muy buenos dedicados a los videojuegos. Eso es muy bueno. Nosotros nos quedamos en una etapa de los videojuegos, pero de repente empiezas a escuchar juegos nuevos, como por ejemplo el Undertale, que no lo hemos jugado, pero que tiene una música increíble.
Empiezan a salir ramas y juegos, como el Zelda Breath of the Wild que el Seba sí ha jugado. Esos son juegos nuevos, podríamos decir. Es un proceso, nosotros nos sentimos contentos con los arreglos antiguos y también acogemos lo que nos dice la gente, que es hacer temas un poquito más nuevos.

Además del jazz, ¿exploran otros géneros?

Max: Claro, también está el latin jazz, que es una cuestión más bailable, más parecida a la salsa, tenemos harto funk, en un momento pensamos en llamarnos Funkstick, pero por alguna razón ganó Jazztick, no más. Tocamos también bossanova. Todos son subgéneros del jazz. El jazz es como la placa madre de esta cuestión. Esos son los estilos fuertes que manejamos.

Un buen propósito para esta banda es estar dispuesto a tocar donde sea y saber enfrentar cada escenario”.

¿Qué artistas o agrupaciones tienen en común?

Max: Hay una banda que con Sebastián admiramos mucho, que se llama The Consouls, ellos son australianos, es una banda de jazz más clásico y hacen más o menos lo mismo que nosotros desde hace un tiempo. Por lo menos para mí, el pianista es una gran influencia en mi estilo musical. Sé que Sebastián se siente inspirado por el contrabajista de esa banda.  Acá en Chile tenemos a Patricio Thielemann, alias Pokérus, que tiene su propio proyecto donde versiona música de juegos en rock/metal.

¿Un escenario que recuerden con cariño?

Max: La sala SCD, creo que las dos presentaciones que hemos tenido ahí han sido memorables. Una presentación fue el 19 de enero de este año, fue una experiencia magistral. Fue mucha gente, había mucha energía, la gente gritaba, cantaba, se emocionaba.
Uno al ver eso se da cuenta de que a diferencia de la calle, te estaban retribuyendo. Entonces en ese escenario uno no toca para llamar la atención, sino que toca para retribuir toda la energía que te proyectan.
Hace poco, el 9 de septiembre fue más o menos lo mismo. Ahí estábamos un poco más pauteados porque el DVD que grabamos es un suceso que no hacemos siempre. Hay que respetar ciertos patrones no musicales para respetar una pauta. Nosotros teníamos claro quién iba a hablar, por ejemplo.
La SCD han sido dos momentos de euforia, de un éxtasis constante donde se tocan dos horas y después puedes salir a carretear de tanta energía que tuviste.
Esas han sido las presentaciones más largas que hemos tenido, de dos horas y cuarto cada una.

¿Cómo se manifiesta la gente que los ve en la calle?

Max: Hay mucho dinamismo, de repente hay gente que se queda pegada y que nos han gritado: “¡Son sublimes!” Y nosotros ahí, felices, pero hay gente que también nos ha dicho “¿cuándo van a parar de tocar esta hueá?” o que no deberíamos estar tocando, que estamos perdiendo el tiempo, etc. Hay de todo, hay que ser resiliente cuando se toca en la calle porque en las artes en general, uno tiene que estar conectado con su estado emocional y lo que dice el público inevitablemente te llega, desde los buenos hasta los malos comentarios. Hay que tener temple y nosotros lo hemos desarrollado harto. Los comentarios negativos los rechazamos, sobre todo cuando no son constructivos.

Cuando hay comentarios constructivos es de gente que por lo general se toma el tiempo de redactarnos un texto donde nos hacen sugerencias y proponen cosas. Ahí es cuando uno aprende a tomar en cuenta comentarios.

Jazztick en vivo a las afueras del Costanera Center

Actualmente, ¿cuál es su circuito de presentación en las calles?

Max: Sí o sí tocamos los jueves en el odeón de la Plaza de Armas de 1 a 3 de la tarde, aunque llueva o alguno se enferme. A veces los fines de semana, pero esos son días excepcionales, así que lo avisamos por las redes sociales. Miércoles y viernes vamos variando entre San Diego con Alameda o con Providencia. Así que no puedo asegurar si este viernes vamos a tocar allá o acá. Eso varía semana a semana. Hacemos eso porque tocar solo en un lado satura a la gente. La idea es captar público nuevo.

¿Algún objetivo en particular como banda?

Max: Funcionar hasta donde podamos, no más (risas), la calle es un escenario distinto, los escenarios más establecidos tienen otra cosa especial. Este es nuestro trabajo y gran parte de nuestras vidas. Nosotros apuntamos a funcionar bien y llegar hasta donde podamos. Sentimos que limitarnos es un factor en contra.
Todo esto partió como un sueño y ver la cantidad de gente que nos sigue, las reacciones y la cantidad de veces que hemos tocado es algo que nos nutre. No nos queremos limitar. Un buen propósito para esta banda es estar dispuesto a tocar donde sea y saber enfrentar cada escenario.

¿Cuáles son sus planes para el futuro?

Max: Nosotros funcionamos con metas a corto plazo. Hicimos un concierto el 9 de septiembre en la sala SCD de Vespucio, donde grabamos un DVD que vamos a estrenar a fines de noviembre. Estamos con mucha atención sobre eso y obviamente en renovar un poco nuestro repertorio para nutrir el espectro musical que tenemos, por así decirlo.

Además de los discos que venden en sus presentaciones, ¿dónde se puede encontrar el trabajo de Jazztick?

En nuestra página www.jazztick.com, también tenemos FacebookInstagram, Twitter y canal de Youtube.

 

Revista Escena los invita a escuchar el trabajo de Jazztick con los siguientes videos: