En Chile hay muchos músicos de un talento innegable y cada género tiene su público. Freddy Alexis* nos devela su experiencia como músico del género metal.


En 1990 los riffs de Exodus, una banda gringa, me volaron la cabeza. Luego Maiden y Venom hicieron lo mismo.

Desde ese momento épico, mi vida ya no fue la misma y comencé a disfrutar y a sufrir lo que todo rockero chileno pasa: los tortuosos caminos de la discriminación y el odio social, que no aceptan a una persona con el pelo largo, aros y bototos. Sin embargo, sí se acepta -y lo digo con pavor- que una niñita de 9 años baile al ritmo de música sexista. ¿Doble discurso? Sí, todo el rato.

Enigma, Vastator y Steel Rage son bandas de larga data que convivieron con este “apartheid” musical que nos mantuvo en la sombra por muchísimos años. También aplastados ideológicamente por pensar distinto. Sí, señor, fuimos engañados por la nueva pillería también.

Pero en Chile todavía hay músicos de un talento innegable, como por ejemplo Manolo Schafler, dueño de la magia en las seis cuerdas, capaz de recrear mundos imaginarios en dos compases. Toda su artillería está dirigida a destruir las barreras de lo impuesto y a levantar los cimientos del heavy metal nacional que renace, después de Juan Alvarez y Panzer, por allá a finales de los ’90. Es una “new wave of chilean heavy metal” llena de poder y de ganas, que paso a paso se enfrentó incluso con la avaricia de los dueños de locales que lo único que querían era aprovechar el momento y sacar las mayores ganancias posibles arriesgando incluso la integridad del público.

En este escenario, la banda Inquisición ha visto como la música pesada nacional ha ido evolucionando, con músicos de calidad, con mejores escenarios, con propuestas originales y aún, a pesar de que la modernidad es atractiva, la banda se ha mantenido fiel a sus preceptos y nunca se ha rendido a lo fascinante de lo nuevo o lo actual. Por eso lleva el estandarte del rock y el metal “a la antigua” en sus ocho discos.

El regreso de los integrantes originales hace que se disfrute este renacer, con los bríos de los ‘90 pero con la madurez de 20 años de carrera.

Qué loco que esta reflexión metalera la tenga que hacer mientras en la tele suena “mami, dame tu cuerpo mami”, con los talentosos del matinal top, haciendo gala de su escasa gracia y con niños pegados a sus “ídolos” con cara de no entender mucho. La música es cultura aunque cueste ver al rock y al metal así. Pero lo es, sobre todo si logramos sacarnos la venda que años atrás se nos puso frente a los ojos ya que todo chascón era el diablo encarnado y un riff de guitarra un llamado a la rebelión. Y si era así, estaba bien hecho…

 

*Freddy Alexis, vocalista de la banda Inquisición y comentarista del programa Mentiras Verdaderas de La Red.