Tinder y Yo

Tinder y yo

El año pasado había terminado mi relación con mi ex pololo: Juan David. Me encontraba algo aburrida y con una sensación no de despecho, pero necesitaba conocer gente nueva.

Le comenté a una amiga y ella me dijo que bajara Tinder. Yo lo encontraba flaite. Dejamos la conversación hasta ahí.

Después de un tiempo lo bajé e instalé en mi celular, pero lo cerré al momento. Luego lo volví a bajar pero lo borraba de inmediato. Al final me decidí y me cree un perfil. Me dio lo mismo si las personas que me conocían me veían por o no

por la aplicación. Mis intenciones no eran oscuras ni tampoco sucias como suele pasar con varios perfiles, y mientras lo ocupaba entendí como funcionaba: había un rango de edad y un radio de distancia.   Comencé a conocer gente, perfiles, a conversar, pero la gran mayoría de los que me hablaban querían algo solo de una noche: los descarté inmediatamente. No necesitaba eso, quería conversar y conocer a alguien. Después de mucho tiempo, apareció Hernán.

 

Con él hablamos casi todos los días, me parecía simpático. Nunca hablamos nada serio, ni tampoco intercambiamos información sobre lo que hacíamos o si estudiábamos o donde vivíamos, nada de eso fue tema de las tardes interminables de conversación. Un día me pide que conversemos mejor por WhatsApp, dudé un poco, pero al final accedí, ya que si no me gustaba o se colocaba muy psicópata, lo podía bloquear.

 

Pasados unos días me pide que nos conozcamos en persona. Accedí. Le dije que había una condición: que fuera temprano en la mañana y en un lugar público. Nos reunimos el 23 de agosto en la Shell de Libertad con 7 Norte, en Viña. Llegué un poco tarde, porque estaba distraída de los nervios. Cuando llegue al lugar, me di cuenta que me estaba esperando un tiempo ya. Mi primera impresión fue chistosa: ya que generalmente no ves lo que se muestran en las fotos. Sin embargo, este no era el caso: su foto y la persona que veía sentada eran iguales, aunque su estatura fuese un poco más baja de lo que yo me había imaginado.  Nuestra primera salida fue con  unas papas y caminar por la costanera. Terminamos nuestro paseo en la plaza que está entre Libertad y 3 Norte. Se me lanzó cuando nos sentamos, en ese momento no lo dejé: creo que ahí le gusté más. La cita en general fue súper buena, pero  yo pensaba que no lo iba a volver a ver más: era lo más probable después de una cita de Tinder.

 

El domingo 25, estaba sola en mi casa, iba a salir con mi hija de 2 años y me llama. Le dije que iba a salir con mi hija, con el pretexto de espantarlo, para mi sorpresa, no funcionó, quería venir. Salimos por segunda vez. Nos encontramos en la playa las Salinas y pasamos un día muy tranquilo. Mi hija obviamente lo odió desde que lo vio. Cuando caminábamos de regreso hasta el departamento nos despedimos con un beso. Sentí un clic. Desde ese momento, nunca dejamos de conversar ni vernos. Hasta el día de hoy me trae flores todos los días. A finales de octubre me pide pololeo y en febrero de este año me pidió matrimonio. Dije que sí a ambas. Era algo que yo no estaba buscando, pero lo encontré.

 

*Tinder en números