Valdivia: ¿ciudad cultural?

En 2016 se hará oficial un importante reconocimiento para la ciudad de Valdivia, con el que sin duda los atractivos de la región se visibilizarán. Pero la realidad es que una buena parte del patrimonio se encuentra en riesgo producto de una ley débil que hace que la toma de decisiones por parte de las autoridades esté más sujeta a los intereses del momento que a una conciencia real por proteger la historia del lugar.

“La ciudad universitaria y del conocimiento”. Con esta frase se encuentra el turista apenas desciende el avión en Valdivia. El valor histórico que posee es sin duda el orgullo de la ciudad y es posible apreciarlo aún sin ser un experto en la materia. Basta caminar por sus calles para poder apreciar una serie de pintorescos edificios con variados estilos que van del art déco al art nouveau, del colonial al neogótico. Los alrededores de la calle General Lagos, recorrido obligado para cualquier turista, son cuna de muchos de ellos. Pequeñas placas de mármol, muchas de ellas sucias y graffiteadas, indican brevemente la historia de estas casonas.

Y entonces, se ve el torreón Los Canelos. En General Lagos con Yerbas Buenas se alza este silencioso testigo de la ciudad construido para propósitos defensivos y que data de 1774. Alguna vez majestuoso, hoy ha perdido la imponencia de antaño. Víctima del olvido, las malezas lo han aprisionado y han provocado en él graves daños que parecen invisibles para los paseantes.

El torreón no es lo único que parece ser ignorado en la calle General Lagos. A pasos de él, oculto para el ojo no entrenado, es posible observar parte de un muro de piedra laja tapizado en hiedra. Pocos saben que posiblemente es el último vestigio de un fuerte construido durante una breve ocupación holandesa en el sector, el cual pudo haber sido salvaguardado con las medidas correspondientes.

Esta es la realidad en la que se encuentra el patrimonio de la nueva Capital de la Cultura.

El pasado en abandono

A pesar de la difusión turística que se realiza, el patrimonio se encuentra en condiciones que no reflejan la importancia que se le atribuye, especialmente a pocas semanas de que se celebre un importante reconocimiento. Año nuevo no es lo único que la ciudad de Valdivia estará celebrando en 2016, ya que se hará oficial el título de Capital Americana de la Cultura, designación por la que la municipalidad postuló y que el “Bureau Internacional de Capitales Culturales” otorgó en 2014 mediante un acuerdo en conjunto con Omar Sabat, alcalde de Valdivia.

La obtención de este título, de un año de duración, significará para la ciudad una posibilidad de proyectar sus atractivos culturales y patrimoniales al extranjero, contribuyendo así al desarrollo del turismo en la región. Las autoridades ya han planificado un calendario de actividades, a lo cual se suma la votación para escoger los siete tesoros del patrimonio cultural de Valdivia, iniciativa que proviene de parte de la Municipalidad y el Bureau Internacional. Sin embargo, no es mucho lo que los turistas podrán apreciar si la propia ciudad no defiende su patrimonio.

En el año 2011 comenzaron las obras para emplazar un edificio en calle Yungay, seguido poco después por otro de carácter habitacional junto al mismo. Durante la construcción, Alejandro Wagner investigador histórico de la Universidad San Sebastián informó de este hecho al Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) aludiendo a irregularidades en el proceso y adjuntó pruebas como antecedentes para proteger el fuerte holandés. Dentro de estas pruebas indicaba que una muralla que se estaba interviniendo era parte de la fortificación, de acuerdo a dibujos de un manuscrito original del diario de la expedición holandesa. Además, la piedra laja con la que estaba constituida la muralla es un material que se traía de la costa en la época antigua, lo que reafirmaba la idea de su origen.

Audio: Alejandro Wagner

Los orígenes de Valdivia fueron turbulentos para los primeros habitantes. Piratas y corsarios amenazaban el comercio y las riquezas obtenidas, en tanto que los nativos (mapuches, huilliches, pehuenches y cuncos) luchaban por recuperar el territorio que los vio nacer. Por este motivo, las fortificaciones fueron claves en la Valdivia temprana, ya que era necesario contar con un sistema defensivo eficiente. Sin embargo, los enfrentamientos llegaron a un punto crucial en 1599, momento en el que la ciudad fue destruida por un alzamiento indígena.

Tiempo después, en 1643, arribaron los holandeses. Estos nuevos visitantes quisieron tomar posesión del lugar y comenzaron a construir un fuerte, pero debieron huir a los dos meses por la presión que impusieron los nativos, quienes bloquearon los suministros. Hoy son muchos los que incluso dudan de la existencia de dicho fuerte, catalogándolo como un mito, pero quienes conocen la historia saben que efectivamente existió y que tuvo mucha importancia. Si bien el incidente fue breve, es el único registro que se conoce de influencia holandesa en Valdivia, lo que hace de la fortificación una de las más raras de la ciudad.

La misiva que envió Wagner tenía como objeto exigir la paralización de las obras para investigar en profundidad los restos que ahí se encontraban. La contraloría pidió posteriormente un informe del proyecto y, a pesar de esto, la construcción de los edificios se concretó.

En Chile la Ley 17.288 de Monumentos Nacionales, busca proteger el patrimonio. Fue promulgada el 27 de enero de 1970, durante la presidencia de Eduardo Frei Montalva. Dicha ley encarga la tutela de los monumentos nacionales al CMN, donde “monumentos nacionales” incluye tanto a lugares como objetos que sean de interés histórico, artístico o científico, sean estos de origen humano o natural. Este Consejo es un órgano administrativo de naturaleza colegiada dependiente del Ministerio de Educación e integrante de la Administración Pública de Chile y para cumplir su labor es a la vez asistido por Municipalidades, Intendentes, Gobernadores, Fuerzas Armadas y Carabineros.

El 1 de abril de 1991 a través de Decreto 89 la calle General Lagos fue declarada monumento nacional en categoría “zona típica”. Esto comprende el área entre las calles San Carlos y Miraflores, por lo que se incluye la prolongación de General Lagos conocida como calle Yungay. La declaración de zona típica implica que cualquier intervención a los edificios ubicados en ambas veredas de la calle y su prolongación debe ser autorizada por el CMN. Además, porque la zona típica comprende un área, cualquier construcción nueva luego de haber realizado el sondeo normado debe seguir la estética del lugar mediante el uso de los mismos materiales y técnicas de construcción del resto de los edificios.

Las cartas que informaban a la contraloría fueron enviadas por Emilio de la Cerda, quien en ese momento ejercía el cargo de secretario ejecutivo del CMN. En ellas no se hizo mención alguna al hecho de que el proyecto no iba acorde a las reglas estilísticas de la zona típica en el que se emplazaba. A esto se suma que la municipalidad de Valdivia, en calidad de administrador de una zona típica, tampoco impidió que se realizara el proyecto. Quien sí se opuso fue el actual senador Alfonso de Urresti, en ese entonces diputado por Los Ríos. En 2012 supo del caso e instó a que se realizara la investigación correspondiente, atendiendo, además, a la situación general de la calle. En efecto, las irregularidades no solo existían respecto del fuerte holandés, sino en gran parte de la zona típica, donde el torreón Los Canelos es uno de los ejemplos más evidentes del descuido del patrimonio. Sus daños estructurales fueron provocados por falta de mantención, ya que no se controló el crecimiento de árboles y malezas. Estos finalmente provocaron una ruptura horizontal que no solo amenaza la totalidad de la estructura, sino también la seguridad de los transeúntes.

Muchos otros inmuebles no cumplen con las normas arquitectónicas, incluyendo un edificio de la Contraloría que se estaba construyendo en esa época. El propio De Urresti realizó la denuncia, pero tampoco logró los resultados esperados. A pesar de que no se pudo prohibir su construcción, se logró llegar al compromiso de crear un Centro de Interpretación en las dependencias de la Contraloría, donde próximamente se exhibirá hallazgos rescatados pertenecientes al período comprendido entre los siglos XVI y XX. Cabe destacar que la fachada no fue replanteada, por lo que de todas formas se cometió una infracción.

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Urbanizar sin dañar

Roberto Paredes, presidente de la Unión Comunal de Juntas de Vecinos de Valdivia, destacó que el gran problema en la ciudad es que no hay una visión clara respecto a cómo se quiere avanzar. Como todas las ciudades, el crecimiento poblacional hace necesario un plan de urbanización, pero el presidente de la Unión comentó que en la comunidad, tanto vecinos como autoridades, no han podido ponerse de acuerdo para articular esta idea con la protección del patrimonio: “Se presentan muchas contradicciones. Por ejemplo, algunos defienden la idea de hacer otro puente, porque el que da acceso a Isla Teja está colapsado, pero otros no están de acuerdo porque se pondrían en riesgo muchas zonas que están protegidas por ley, y para intervenir se requieren permisos”. Estos trámites pueden demorar muchos meses porque debido a que Valdivia es muy rica en tesoros arqueológicos, todo proceso de construcción que siga la ley resulta extremadamente lento. “Además nos encontramos con que durante un gobierno se planifica una cosa, llega otro gobierno con otras ideas y al final perdemos años en criticar”, agregó Paredes.

No solo para la población es imperioso urbanizar, sino también si se quiere consolidar Valdivia como atractivo turístico. “Aquí el camino de acceso es muy malo. El turista debe tener muchas ganas de conocer Valdivia, porque si no, solo pasa de largo”, dijo Paredes, quien además hizo énfasis en el riesgo que supone recorrer las vías existentes durante el invierno, ya que la escarcha y la niebla las hacen muy peligrosas.

Otro problema para los vecinos es lo difícil que es para ellos establecer un plan de acción en torno a los inmuebles. La misma ley asigna también responsabilidad al propietario del inmueble mediante la imposición de deberes y restricciones a los privados. Esto se explicita en el artículo 12, en el que se estipula con respecto al inmueble declarado monumento histórico que el propietario “no podrá destruirlo, transformarlo o repararlo, ni hacer en sus alrededores construcción alguna, sin haber obtenido previamente autorización del Consejo de Monumentos Nacionales”. La sanción por transgredir esta norma corresponde a una multa de 5 a 200 unidades tributarias mensuales, la que no discrimina entre persona natural y empresa. Este aspecto requiere urgente atención de acuerdo con el propio CMN. Según Pamela Silva Oñate, coordinadora del área jurídica de la institución, esta parte de la ley representa una desventaja para la persona natural, porque su capacidad financiera no es comparable con la de una empresa. “Han habido iniciativas para hacer cambios en este sentido, concretamente para entregar beneficios a los propietarios que se comprometan con el cuidado de un inmueble, porque actualmente hay exceso de responsabilidades y nada de recompensas que funcionen como incentivo”, explicó.

De este modo, para una persona natural ser propietario de un inmueble protegido es muy caro y significa un gran sacrificio. Los mayores problemas son que los costos de mantención corren por cuenta del propietario y la lentitud del trámite para conseguir los permisos para intervenir del lugar hacen imposible una restauración rápida., Es por esto que muchos quedan en el olvido y son demolidos ante la imposibilidad de rescatarlos. En suma, un inmueble declarado monumento histórico pierde valor económico para el propietario, porque reduce significativamente su potencial de construcción.

En la comunidad, una de las soluciones encontradas para salvaguardar algunos edificios privados es mediante su venta. Aunque parece obvio, es la manera más segura de evitar el deterioro de un inmueble que está en manos de alguien que no está dispuesto a realizar la inversión correspondiente, porque, de acuerdo con la ley, el Estado no puede tomar posesión absoluta al enfrentarse con un caso crítico. Hacerlo equivaldría a realizar una expropiación, lo cual va en directa transgresión del derecho de propiedad.

Un ejemplo es la casa Prochelle, actual sede de la Corporación Cultural Municipal de Valdivia. El inmueble, que data de comienzos del siglo XX, fue vendido a privados en 1994 y estuvo cerca de veinte años abandonado. La propia municipalidad decidió adquirirla en 2008 con el objeto de convertirla en un centro para fomentar el desarrollo del arte y el cuidado del patrimonio. Se hizo efectiva la compra con ayuda de un aporte de 390 millones de pesos realizado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, con lo cual se pudo trabajar en la restauración.

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A pesar de esta acción positiva por parte de las autoridades, la Corporación Cultural tiene un problema similar al que tienen los vecinos de Valdivia, ya que, de acuerdo con su gerente, Erwin Vidal, no existe comunicación entre ellos y el CMN, lo que sería valioso para proteger el patrimonio. “La oficina técnica del Consejo de Monumentos en la región maneja el tema patrimonial de la zona. Ésta informa al Consejo en Santiago de los problemas que surgen en torno al tema, pero nosotros no tenemos ninguna responsabilidad ni vinculación”, comentó. A esto agregó que Monumentos y la Dirección de Obras revisan directamente las posibles modificaciones a un lugar protegido, asunto que, según precisó, “se hace en Santiago y no hay ninguna incidencia regional (…), por eso se ha perdido tanto patrimonio, porque la tramitación en la capital dura meses y al final la gente prefiere deshacerse de sus inmuebles en vez de enfrentar el proceso”, concluyó.

Audio: Erwin Vidal

“Yo veo que la gente de acá se encuentra inerte, como que les da lo mismo todo y eso permite que las autoridades nos mientan”, criticó Roberto Paredes. El presidente de la Unión se mostró preocupado por los incidentes en relación al patrimonio, los cuales, según comentó, no son extraños. “Nosotros tenemos regularmente reuniones con las autoridades locales, pero aquí pasa que si hay alguien que propone algo distinto simplemente no lo invitan a la discusión”, agregó. Fue precisamente la experiencia que vivió el investigador histórico Alejandro Wagner, cuando, en calidad de vicepresidente de la Junta de Vecinos de Isla Mancera, hizo denuncias por no protección del patrimonio y fue marginado de las reuniones.

El potencial investigativo

Si bien hay aspectos cuestionables respecto al manejo del patrimonio en Valdivia, han sido muchos los trabajos arqueológicos en la región. De acuerdo con Simón Urbina arqueólogo de la Universidad Austral, por normativas del CMN se ha logrado resguardar numerosos objetos que han sido recuperados de sitios arqueológicos. El mismo CMN escogió para la región el museo de dicha casa de estudios para custodiar de forma permanente el patrimonio recolectado. De esta forma, funciona como depósito general de los hallazgos, lo que facilita el trabajo investigativo. Fue lo que ocurrió cuando se intervino en la Plaza de la República.

Existe actualmente un proyecto por parte de Concesiones Valdivia para construir un complejo de estacionamientos subterráneos, por lo que se hizo un estudio previo de impacto ambiental que arrojó numerosos hallazgos. Según información de Patricio Galarce, arqueólogo de la consultora Archeos que participó en terreno, lo encontrado refleja la riqueza cultural que oculta Valdivia, porque pertenece a muchas épocas históricas. Del total hay tres grupos distintivos: una parte está constituida por osamentas coloniales y otras más antiguas de indígenas; otra parte, de material constructivo, tanto colonial como prehispánico, dentro del cual uno de los más interesantes para Galarce es la cerámica mayólica, técnica proveniente de Europa, utilizada largamente en América antes de que la loza y la porcelana se popularizaran; y finalmente, una tercera parte se compone de material de época republicana, aunque este grupo es mucho más escaso. “Algunos de los hallazgos estaban relativamente cerca de la superficie”, comentó el arqueólogo. “A veces excavabas cincuenta o treinta centímetros y encontrabas osamentas. Por eso muchos están en mal estado de conservación, porque fueron afectados directamente por las condiciones externas ambientales”.

Cráneo hallado en la Plaza de la República. Foto: Río en línea.
Ejemplo de técnica mayólica. Esta pieza fue hallada en Italia.

Durante las excavaciones preliminares, que empezaron en abril del 2014, se rescató parte de los objetos encontrados. “Nosotros no participamos directamente de ese caso en terreno, pero sí podemos colaborar en análisis de los materiales”, aclaró Urbina. “Nosotros vivimos en la zona y somos especialistas, lo que es una ayuda, porque estamos familiarizados con las tipologías de materiales. Por otro lado, eso no quita que lo extraído haya sido analizado por gente de otros lados, porque somos muy pocos los arqueólogos en el país y aún menos los especializados en las distintas ramas de la disciplina”. Urbina especificó que en Valdivia se estudió la cerámica, vajilla indígena y europea, además de materiales constructivos como tejas, ladrillos y baldosas. Expertos externos debieron encargarse del estudio lítico (referente a las rocas), de metales y vidrios, aunque el investigador aclaró que esa colección regresará al museo.

“Esto ocurre por la forma en la que está orientada la Ley”, dijo Pamela Silva del CMN respecto al trabajo de los arqueólogos. “Esta se pensó para facilitar la investigación científica, pero pasaron los años y se quedó atrás en otras problemáticas que estamos trabajando en solucionar”.

Sin embargo, para Alejandro Wagner el aspecto investigativo aún tiene mucho que avanzar. De acuerdo a su criterio, los recintos no tienen las condiciones necesarias para funcionar como depósitos y el del museo de la Universidad Austral no es la excepción. “Al menos el que existe acá no tiene algo tan básico como control de temperatura, lo que es fundamental para reguardar objetos que han estado sometidos por años a condiciones estables”, explicó. “Además, no se puede guardar en un mismo espacio lo que se recolectó de ecosistemas distintos y acá se encuentra todo mezclado”. Una visita al lugar dejó claras las falencias a las que se refiere el investigador. Se ven cajas apiladas en una reducida habitación, sin orden aparente. Los objetos más grandes simplemente quedan en el suelo.

En efecto, la falta de infraestructura impide el ideal desarrollo de la arqueología, pero también este se ve amenazado principalmente por dificultades en el proceso de fiscalización. Urbina también hace alusión a estas irregularidades y agregó que el museo habitualmente recibe denuncias. “Si bien por ley están los sitios protegidos, eso no quita que las constructoras, inmobiliarias o a veces el Estado, a través de sus distintas direcciones, cuando aparecen sitios arqueológicos en sus obras prefieren omitir o simplemente sacar con retroexcavadora todo y no dar aviso, porque entienden que va a retrasar las obras”, aseguró. Al respecto, el arqueólogo de la Universidad Austral hizo alusión al caso del edificio de la Contraloría, denunciado por De Urresti: “Ese es un ejemplo de cómo al construir se quisieron saltar un paso al no querer hacer los sondeos, para que el proceso saliera rápido y más barato, pero no les resultó. Es irónico que la Contraloría, la que se supone que debe velar el cumplimiento de la ley, caiga también en estas infracciones”.

El arqueólogo de la Universidad de Chile César Méndez comentó que es una situación con la que los investigadores deben lidiar y la tensión existe aún si se siguen los pasos correspondientes: “No es raro que las empresas contraten a sus propios arqueólogos, porque les conviene trabajar con quien conoce el rubro y así pueden sacar el trabajo en menos tiempo, pero cada empresa va evaluando si lo hace o no”. A esto agregó que el conflicto existe porque la empresa está constantemente negociando el trazado y las medidas para que el área de rescate sea un poco menos. “Uno como arqueólogo no destruiría nada y quisiera preservar todo, pero uno tampoco puede limitarse a la voluntad de otros o al progreso del país”, concluyó.

Valdivia sin duda está viviendo un momento de desarrollo intenso. El año pasado fue, junto con la comuna de Corral, el segundo destino turístico más solicitado a nivel nacional y, además, aumentó la visita de extranjeros en la región, por lo que es de esperar que en 2016 la cifra se mantenga positiva debido al nuevo reconocimiento como Capital de la Cultura. Sin embargo, el tiempo no se detiene y la historia de la ciudad pareciera enterrarse cada vez más en el pasado.


Mapa con algunas fortificaciones documentadas: